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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Horror en Butarque



El espectáculo que ofreció el Athletic ante el Leganés osciló entre lo penoso y lo lamentable. Durante noventa minutos que se le hicieron eternos hasta a Valverde, según confesión propia en la sala de prensa, el equipo rojiblanco perpetró una actuación deleznable, patética, impropia de un grupo profesional con un mínimo nivel. Lo de los rojiblancos en Butarque fue una tragicomedia con Lekue en el papel de protagonista secundado por todos sus compañeros, estelares interpretando un completísimo repertorio de estupideces con y sin balón. Dijo Bóveda después del partido que el Athletic sabe jugar mejor al fútbol. Más que decir, balbució la disculpa visiblemente abochornado todavía por lo que había ocurrido minutos antes.

Que el Athletic sumara un punto solo obedece a la extraordinaria falta de puntería de los hombres de Garitano. El Leganés dispuso de ocho ocasiones nítidas para marcar. Unas veces por Iraizoz, otra por el palo, pero, sobre todo, por la increíble torpeza de los delanteros pepineros, liderados por Machís, el balón no acabó entrando en la portería del Athletic. La veleidad del fútbol quiso que el único gol de la mañana lo marcara Raúl García a los seis minutos, pero el árbitro, tan penoso como los rojiblancos ayer, lo anuló por una falta que no existió. El tal Latre evidenció una especial habilidad para ver lo invisible. Por esa rara cualidad mostró tarjetas amarillas a Aduriz y a Beñat; al delantero por una disputa absolutamente limpia con un defensa, en la que no hubo ni falta,  y al centrocampista tras una falta sufrida por él mismo aunque el árbitro la pitara al revés. Que perdonara la segunda amarilla a Víctor Díaz solo puede aumentar la sospecha de que Latre debe de ser otro de esos sicarios que envía Villar a los campos a hacer favores al Athletic.

En cualquier caso, el árbitro no fue en absoluto responsable de la bochornosa imagen que ofrecieron los rojiblancos en el campo de un recién ascendido al que le tocará sufrir hasta el final por su escasez de recursos. El Leganés regaló dos puntos que probablemente le harán mucha falta cuando llegue la primavera. Difícilmente les visitará a los de Asier Garitano otro rival tan flete.

El Athletic de Butarque solo se pareció al Athletic que tan dignamente compitió en el Camp Nou en los colores de las camisetas. Como suelen decir en algunas películas, cualquier parecido de este equipo con el Athletic de verdad es pura casualidad. Se vio claro desde el primer minuto. El equipo compareció sin tensión, despistado, con esa cara que suele poner el Athletic cuando va a protagonizar un petardazo. Para cuando Raúl marcó su gol anulado, Iraizoz ya se había quedado pálido en dos ocasiones viendo plantarse solo ante sus narices a Machís. El venezolano, a quien Lekue quiso hacer famoso, no debe de ser precisamente un killer del área. Hasta cinco veces llegó al mano a mano con el portero y en todas su remate salió desviado.

Ni la condición de reaparecido tras una lesión debe ser un atenuante que palíe el catastrófico primer tiempo de Lekue. Se sabía que no es un gran defensor y que sus principales virtudes están en el juego de ataque, pero no ser un gran defensor no implica necesariamente desconocer las normas más elementales a la hora de impedir el juego del rival. El lateral fue contumaz en el error marcando por delante a su par para dejarse ganar la espalda en cada balón largo que enviaron los centrocampistas del Leganés, comodísimos ante dos caballeros de la triste figura como Iturraspe y San José. Tampoco puede decirse que Bóveda le ayudara mucho, más bien todo lo contrario, por lo que el boquete que se abrió en el costado derecho de la defensa rojiblanca adquirió unas dimensiones capaces de albergar la línea 4 del metro.

Llegar al descanso con el empate inicial fue un milagro para el Athletic. Valverde trató de corregir metiendo a Beñat en el sitio de San José y la cosa mejoró un tanto, aunque solo fuera porque, tras la entrada de Szymanowski,  Machís se cambió de banda y se encontró con un Balenziaga que sí sabe lo que es jugar como lateral. Iraizoz pudo respirar más tranquilo durante un rato porque el fútbol se enredó en el centro del campo gracias a que entre Beñat, Iturraspe y Raúl García, consiguieron, aunque fuera a base de pases horizontales y parones, frenar el ímpetu del rival.

Al Leganés le costó más llegar al área del Athletic y los delanteros del Athletic volvieron a dar un recital de inoperancia. Bielsa solía hablar de impericia; los que no dominan tantos registros lingüísticos como los argentinos le suelen llaman nulidad, que suena más rudo pero se entiende mejor. Una nulidad fueron Williams, Muniain y hasta el mismísimo Aduriz desasistido y aburrido de no recibir un solo balón en condiciones.

Al Leganés le costó más llegar pero así y todo lo hizo en tres ocasiones. Un cabezazo a bocajarro de Víctor Díaz se fue a centímetros de la escuadra, Laporte estrelló el balón en el palo de Irazoz en un despeje muy forzado y, sobre todo, un último remate en el último minuto de la prolongación, que el portero del Athletic repelió como pudo, volvieron a poner en evidencia a un equipo que se fue del campo con la certeza de que ni siquiera el punto cosechado atenúa el ridículo.

Lo mejor de la mañana fue la reaparición de De Marcos en los últimos instantes. En su ausencia el equipo de ha ido descabalando porque Valverde no ha conseguido suplirle con garantías en ninguna de las combinaciones que ha probado. Pero aunque ese hueco se acabe cerrando, Valverde tendrá que pensar, y mucho, si quiere solucionar los problemas de su equipo fuera de casa. Haría bien en empezar preguntándose por qué el Athletic no ha hecho más allá de media docena de ocasiones de gol en los dos últimos meses.

 

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