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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Iker Muniain, una buena noticia




La renovación de Iker Muniain se presta a varias lecturas. Para empezar cabe decir que estamos ante una muy buena noticia en el contexto actual. La salida de Herrera había vuelto a sacar a la luz viejos fantasmas no del todo enterrados y lo que se anunciaba como un verano plácido, de hacer caso a las palabras del representante del actual jugador jugador del Manchester hace apenas una semana, llevaba camino de convertirse en un nuevo culebrón con Muniain como estrella. Era preciso cerrar el asunto Muniain mejor pronto que tarde y la solución ha llegado a cuatro días del comienzo de la pretemporada.
Siendo como es una buena noticia, la renovación de Muniain ha dejado al personal algo dubitativo. Prolongar el contrato por dos años no parece, desde luego, una promesa de amor eterno, que es por lo que suspiran los más románticos de una masa social siempre dispuesta a llevar su cariño al club hasta las últimas consecuencias. Una renovación por dos temporadas suena más a cálculo infinitesimal por las dos partes, pero sobre todo por el lado del jugador; el club ha conseguido como contrapartida un razonable incremento de la cláusula de rescisión a cambio de dejar abiertas todas la posibilidades futuras, lo que no tiene por qué ser intrínsecamente malo.
Dentro de tres temporadas, cuando Muniain cumpla éste y los dos nuevos cursos que ha firmado, el de la Txantrea habrá cumplido los 25 años de edad y llevará prácticamente una década en la élite. En pura teoría estará en el mejor momento de su carrera deportiva, en plena madurez, en una sólida posición para negociar un contrato definitivo. Da la impresión de que eso es lo que busca el jugador firmando esta renovación, lo que quiere decir que está convencido de sus posibilidades y de su capacidad de crecimiento, a pesar de que la experiencia acumulada hasta ahora no apunte precisamente en esa dirección.
A lo largo de estos próximos tres años, Iker tendrá la ocasión de ratificar lo que apuntaba cuando llegó a Lezama o cuando dio el salto al primer equipo. Estábamos ante una figura en ciernes, un crack capaz de debutar y marcar goles en Primera División cuando sus compañeros de promoción apenas estaban dando sus primeros pasos como juveniles. La mínima biografía de Muniain se parecía entonces a la de algunas estrellas de dimensión mundial. Su fútbol chisporroteante y sorprendente, muy poco habitual en estos pagos hacía concebir la ilusión de que el Athletic tenía, por fin, ese proyecto de megaestrella que Lezama nunca ha producido.
Ahora que su biografía es algo más extensa, se puede afirmar que la progresión de Muniain no ha cumplido las expectativas. Iker sigue siendo un muy buen futbolista que atesora notables cualidades técnicas además de otras virtudes que San Mamés siempre sabe premiar. No es un jugador que se esconda, al contrario, siempre da la cara y no duda en asumir responsabilidades en el campo que a veces le sobrepasan. Pero está muy lejos de ser el crack que apuntaba a los 16 años.
Tiempo tiene de seguir madurando y mejorando, porque cualidades no le faltan, como tampoco le falta confianza en sus propias fuerzas ni ambición para llegar a la cumbre. En el Athletic tiene el hábitat ideal para seguir desarrollándose. Estará arropado, tendrá un sitio en el equipo y el cariño de la gente. A lo largo de estos tres años tendrá ocasión de madurar como futbolista y como persona. Lo que vaya a ocurrir cuando llegue el momento de volver a sentarse a hablar no lo puede saber nadie. El tiempo y el balón dirán.
Pero la renovación de Muniain también nos ha deparado la oportunidad de volver a comprobar la forma de gestionar el club de Josu Urrutia y su equipo. El presidente está empeñado en mantener un tono de normalidad en todo lo que hace, insólito en un mundo en el que se fabrica una noticia de primera plana con la nimiedad más absurda.
Urrutia empleó los seis primeros minutos de su rueda de prensa en hacer un relato de las últimas horas de Herrera como rojiblanco y en explicar la marcha de las obras de San Mamés y en Lezama. La renovación de Muniain, fue la cuarta y última noticia que dio a los medios. Y no puede entenderse como una casualidad o una gestión equivocada de la comunicación. Al contrario, parafraseando a McLuhan, el orden es el mensaje, y el mensaje es: que un jugador del Athletic renueve su contrato es lo normal, incluso si se llama Muniain. Ocurre que en el mundo del fútbol, la normalidad es cada vez más difícil de entender.

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