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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El increíble equipo menguante



El centro del campo del Athletic naufragó en Girona

A falta de ideas, ocurrencias. Si la convocatoria ya levantaba sospechas, la alineación inicial confirmó todos los temores. Cinco defensas y tres medios centros para enfrentarse al Girona. Toda una declaración de intenciones. Un cambio radical en el sistema habitual para adaptarlo a las características del rival, del Girona, un equipo que por muy bien que lo esté haciendo, no deja de ser un debutante en la categoría.

Ziganda quedó retratado en Montilivi. El Athletic fue despedido con pitos en su última comparecencia en San Mamés. Después de lo de Girona, la próxima cita en la catedral adquiere tintes de final. Viene la Unión Deportiva Las Palmas. Cualquier resultado que no sea una victoria, abrirá la caja de los truenos. La afición lleva demasiado tiempo aguantando a un equipo que transmite menos que un mejillón. A duras penas, y gracias a una racha de diez partidos sin perder, se ha mantenido la ficción de que estaba a punto de dar salto hacia arriba. No hace falta tener el colmillo demasiado retorcido para darle la vuelta al argumento y afirmar con la misma propiedad, que el Athletic lleva ahora cuatro partidos sin ganar. Quedan muy lejos sus solventes victorias ante el Alavés y el Betis, aquellos tiempos en los que creímos de buena fe que el equipo de Ziganda sería capaz de levantar el vuelo. Craso error. Desde entonces, el grupo ha estado cayendo en picado hasta acabar estrellado en el campo de un recién llegado.

En estos tiempos en los que cualquier nimiedad se convierte en un hito histórico, lo de Girona debería tener un sitio en los libros del Athletic, incluso un pequeño apartado en el museo. Fue el partido del debut como rojiblanco de Iñigo Martínez; también fue el del estreno como león de otro cachorro, Andoni López, y sobre todo, fue el partido de la reaparición de Yeray Alvarez ocho meses y medio después de la recaída de su grave enfermedad. Pero fue también el día en el que Montilivi  acabó celebrando entre olés, el primer triunfo de su equipo sobre un histórico como el Athletic.

El desastre se desencadenó a los cinco minutos de partido. El árbitro vio penalti en un agarrón ingenuo del debutante Andoni López a Pablo Maffeo y Stuani se encargó de batir por bajo a Herrerín. El día que sales con cinco defensas, tres centrocampistas y el chófer del autobús atento por si tiene que aparcar en el área, te meten un gol nada más empezar. Tienes todo el partido por delante para rectificar, pero prefieres ser contumaz en el error y continuar cavando el hoyo en el que acabarás enterrado.

No hay memoria de algún partido en el que el Athletic haya funcionado con Iturraspe y Beñat jugando juntos. Está más que demostrado que mezclan mal, que son dos jugadores que, por sus características y estilo, necesitan desenvolverse por la misma zona del campo y asumir en solitario la responsabilidad de la creación. Ziganda les condenó al fracaso en Girona. Iturraspe completó uno de esos partidos en los que es capaz de acabar con la paciencia del santo Job; Beñat anduvo como alma en pena hasta que fue sustituido mediada la segunda parte. Con los dos teóricos creadores autoanulados, Rico volvió a dejarse la piel en el campo y el balón a los pies de algún rival.

El medio campo no era capaz de crear nada, pero es que el problema venía de más atrás, de la defensa, donde Unai Núñez, en el eje de la línea, era el encargado de sacar jugada la pelota, con Iñigo Martínez muy escorado a la izquierda y Yeray, que acusaba la inactividad, por la derecha.

Un disparo lejano y alto de Williams y un remate acrobático de Iñigo Martínez al larguero, fueron las únicas señales de vida que dio el ataque del Athletic ante un rival que, salvo un trallazo de Maffeo a la cruceta, se limitó a esperar replegado al rival, aceptando sus regalos en forma de pases fallados, errores no forzados y su obtusa visión del juego.

El espectáculo que dio el Athletic durante el primer tiempo hubiera sido motivo más que suficiente para aprovechar el descanso y mover lo que hiciera falta para arreglar lo que a ojos vista no estaba funcionando. Pero del vestuario regresaron los mismos, en los mismos puestos y con el mismo despiste. Ziganda necesitó un cuarto de hora más para dar entrada a Susaeta y Aduriz por Unai Núñez y Beñat. No era Unai el que peor lo estaba haciendo en el desastre general, y las propias palabras del técnico durante la semana afirmando que Yeray está para jugar sesenta minutos, hacían pensar en que sería el elegido para dejar el campo.

Cuatro minutos después de los cambios, un balón perdido por Yeray en campo propio dio origen a la jugada del segundo gol. Portu ganó la línea de fondo y su centró se lo comieron Herrerín y el propio Yeray, para que Stuani cabeceara a placer en el segundo palo marcado por la atenta mirada de Lekue.

El desastre se había consumado con media hora todavía por delante. Hacía falta más artillería para tratar de buscar el milagro, pero en el banquillo quedaban Kepa, San José, Saborit, Etxeita y Vesga, así que perdiendo por dos goles, Ziganda se ahorró un tercer cambio. Esclarecedor.

Cuando se suma, aunque sea de uno en uno, el aficionado está más receptivo, es capaz de dar por buenas las explicaciones más peregrinas y hasta cree de buena fe en los propósitos de enmienda. Cuando el fútbol plano, la ausencia de ideas y el catálogo de fallos acaba en una derrota, las preguntas se multiplican y la confianza mengua en la misma medida que se empequeñece este Athletic increíblemente menguante.

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Un comentario

  1. Tantas cosas como esclarecedor….
    – Cuando sale el mister diciendo tras el Eibar que el cambio de Vesga lo tenia 1ue haber hecho mucho antes con 1-0.
    – Cuando los cambios perdiendo se han en el min88… o no se hacen.
    – Cuando se hace una convocatoria como la de hoy.
    – Cuando se cambia el sistema en función de un Girona…
    – Cuando meter a Itu y Beñat juntos…
    – Una defensa con un cachorro y un recien llegado que ha entrenado dos dias…
    Cuando ocurre todo eso…. quizás haya que pensar que ese Mister anda pérdido, y por tanto, quizás haya que ir pensando en otro director de orqueta.