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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Intensidad y espíritu de sacrificio



Iñaki Williams se vació en el esfuerzo de presionar la salida del balón del Málaga

Iñaki Williams se vació en el esfuerzo de presionar la salida del balón del Málaga

El Athletic y el Málaga jugaron en La Rosaleda un magnífico partido para aficionarse al badminton. Será por la tensión propia de un partidos de cuartos de final, será por la impericia aquella de la que hablaba Bielsa, será porque hacía frío en la Costa del Sol y era noche cerrada, pero lo cierto es que ni unos ni otros le dieron una oportunidad al balón a lo largo de noventa largos y tediosos minutos. Puestos a hacer balance, el Athletic salió con superávit. Un empate, aunque sea sin goles, en el partido de ida, no es un mal resultado, ni mucho menos. Toca decidir en San Mamés, al calor de la afición, y basta una victoria mínima. Claro que para conseguir una victoria, por mínima que sea, hace falta marcar al menos un gol, y ese es otro cantar para este Athletic que sigue mirando a la portería contraria con prismáticos. Porque no es que falle ocasiones, que tal y como están las cosas sería peccata minuta; es que no se ve la manera de que fabrique una jugada con visos de acabar en el área rival con ciertas garantías de éxito.

En La Rosaleda Valverde apostó por Williams se salida. Da la impresión de que después de muchos ensayos, lesiones e incidencias, el chaval ha cogido la cabeza en la carrera por ser alternativa de Aduriz. Sola está haciendo las maletas, Viguera sigue sin convencer, y Guillermo no ha levantado cabeza desde aquella coz que le propinó Giménez, el último matarife de la factoría colchonera. Así que Williams ya lleva unos cuantos partidos corriendo tras su oportunidad. Porque el chaval, lo que se dice correr, corre. Su velocidad es un arma desconocida en los últimos tiempos para el Athletic. Porque ves correr a Muniain y a Ibai Gómez y… en fin.

Lástima que Williams tuviera que emplear su mejor virtud en llegar a tiempo a la presión. Se supone que el plan en la pizarra consistía en enviar balones largos sobre su carrera, pero sobre el césped todo se redujo a un delantero centro cuya misión prioritaria era tapar la salida de los centrales rivales y cortocircuitar los pases hacia el medio campo. El mundo al revés o el fútbol moderno, que tanto se parecen a veces.

Hay que decir que el chaval cumplió la tarea con encomiable entusiasmo. El Málaga no tuvo salida durante los noventa minutos. Y su propia torpeza le condenó a jugar más tiempo en su propio campo que en terreno rival, porque el Athletic anduvo listo para aprovechar el efecto de su tremenda presión. Porque Williams no estuvo solo, ni mucho menos, en la tarea de cegar los caminos de los andaluces. Rico es un especialista en eso y en La Rosaleda encontró la ayuda de un Iturraspe más entero que en sus últimos partidos y un Unai López que sigue apuntando muy buenas maneras y una personalidad más acusada de lo que nos tienen acostumbrados los tiernos cachorrillos de Lezama cuando dan el salto al primer equipo.

El Athletic hizo su trabajo de destrucción a conciencia y eso siempre es de agradecer. Es verdad que la posibilidad de marcar un gol roza la utopía para este equipo, pero al igual que ocurrió en la derrota de Villarreal, los leones volvieron a emitir mensajes esperanzadores. También hay que reconocer que para captarlos hace falta un oído muy fino y un descodificador que interprete las claves, pero prestando atención y con buena voluntad, uno puede deducir que este equipo está muy lejos de la desesperanza y la depresión; que sigue teniendo orgullo, cree en sus posibilidades y, lo mejor de todo, que esas posibilidades existen y son tangibles.

El Athletic compite y esa es una premisa fundamental. En Málaga fue un grupo organizado y cohesionado, con las ideas claras y un horizonte definido. Recurrió a lo más elemental, pero a veces ahí suele radicar el éxito. Hagamos pocas cosas pero hagámoslas bien, fue la consigna. Eso le ha bastado al Eibar para hacerse famoso, sin ir más lejos.

Los de Valverde se aplicaron a una presión brutal que se iniciaba en su delantero centro y acababa cuarenta metros más atrás en una línea defensiva muy adelantada, atenta a jugar siempre con anticipación. El Málaga nunca pudo dar tres pases seguidos porque el balón les llegaba a sus jugadores con el regalo añadido de una camiseta rojiblanca. Pocas veces se ven en un partido tantas emboscadas en las que un futbolista se ve rodeado de tres y hasta cuatro rivales. En La Rosaleda fue una situación muy frecuente. Claro que pocas veces se suele ver un partido en el que solo se registra un tiro entre los tres palos durante los noventa minutos.

El partido fue feo, horroroso para el espectador neutral, para el aficionado que se dispone a pasar un rato viendo el espectáculo. Porque espectáculo no hubo. Durante muchas fases, el choque se pareció más a esos pleitos que se suelen ver en los campos de regional, con veintidós tipos y un árbitro discutiendo por el balón, que a un partido de la máxima categoría, donde abundan las sutilezas y los detalles técnicos. Pero es que este Athletic no está para sutilezas y hablamos de un partido de ida de una eliminatoria de Copa, donde el fin de la clasificación, justifica los medios para obtenerla, siempre que entren dentro del Reglamento.

Otro síntoma para la esperanza fue la intensidad con la que se aplicaron los rojiblancos durante todo el partido. Los problemas de este grupo no vienen por su capacidad física, desde luego. La cosa está más en el terreno de lo mental y es muy positivo que estos jugadores vuelvan a entender que no son nada si no se aplican al cien por cien, y algo más. Intensidad es la palabra, o garra si preferimos recurrir a los clásicos. Y eso, que le ha faltado en bastantes ocasiones al Athletic esta temporada, es el mínimo exigible a este equipo. En Málaga la tuvo para disputar cada metro de terreno, para acelerar el partido hasta ponerlo imposible para un rival que prefiere la pausa.

Fue feo y aburrido hasta decir basta, pero muy eficaz. Tanto, que el partido de ida se consumió como si no hubiera ocurrido nada, como si nunca se hubiera jugado. El Athletic se jugará la eliminatoria en San Mamés, en casa, al calor de su público. Y eso no es poco.

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