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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Inútiles victorias morales



El Bilbao Basket no pudo nunca con un Lokomotiv superior

El Bilbao Basket no pudo nunca con un Lokomotiv superior

Tiene que ser un orgullo coger cualquier tipo de transporte para recorrer 1.200 kilómetros y seguir a tu equipo en su primera final europea con la ilusión desbordada por levantar el título. Tiene que ser frustrante que, después de un esfuerzo de 16 horas de viaje para quienes lo hicieron en autobús, ver que esos jugadores que han merecido ese esfuerzo están perdiendo por 20 puntos a cinco minutos del final del partido. En esa franja se movieron los casi 2.500 aficionados que siguieron al Bilbao Basket hasta Charleroi y regresaron desconcertados por el pobre rendimiento de los hombres de negro, que no es la primera vez que ocurre en citas de este tipo. Diríase que desde la Final Eight de Turín en 2009 solo en las semifinales de Liga ante el Real Madrid el conjunto bilbaino rindió por encima de sus posibilidades en aquellos momentos en que se ponen en juego los títulos. El Lokomotiv Kuban es el nuevo campeón de la Eurocup porque jugó cerca de su mejor nivel mientras que los hombres claves del conjunto bilbaino se vieron superados por el acontecimiento de forma inesperada. Cuando juegas uno de tus peores partidos del torneo en la final y contra el mejor rival que has tenido enfrente, lo normal es perder por mucha casta que le eches.

El Bilbao Basket no perdió porque no quiso, sino porque no supo cómo meterle mano al conjunto ruso, muy cómodo en su estilo de juego habitual, y no pudo hacer pasar por el aro unas cuantas ocasiones de canastas sencillas, de esas que a estos niveles no se pueden fallar. Cerca de una decena de tiros fallados a menos de un metro del aro y unos cuantos tiros libres desperdiciados condenaron a los hombres de negro a la derrota. El Lokomotiv Kuban defendió al nivel imprescindible en una final y del resto se encargó Nick Calathes. El MVP de la Eurocup dominó el partido sin problemas y alimentó a sus pívots que se erigieron en los protagonistas del duelo. De hecho, Richard Hendrik fue elegido el mejor jugador del partido.

Solo en el final del primer cuarto y el inicio del segundo fluyó el juego ofensivo del Bilbao Basket, pero duró poco. El Lokomotiv insistió en su idea del pick and roll que tan bien ejecuta y comió la moral a los vizcainos, cada vez más nerviosos por sus propios errores. El público asistió a la superioridad de los rusos con estoicismo a ratos y con la ilusión de presenciar otra remontada. Pero todos los días no son fiesta y cuando Vasileaidis se dejó sin anotar dos tiros libres que pudieron poner a su equipo a cinco puntos al final del tercer cuarto se comprobó que no era el día.

La fiesta se pasó al bando de los seguidores llegados desde Krasnodar, apenas un centenar que acabaron por silenciar a la afición del Bilbao Basket, unánimente alabada por todo el mundo que acudió al Spiroudome. El problema es que celebrar los éxitos con anticipación, como viene haciendo el seguidor bilbaino últimamente, tiene el riesgo de que la derrota acaba siendo más difícil de digerir. Ser el mejor en la grada no da trofeos ni tampoco hacer de cada manifestación deportiva una exaltación etílica. El Bilbao Basket perdió la final de la Eurocup porque fue peor que su rival. Todo lo demás pertenece al terreno de las inútiles victorias morales, de la que el deporte vizcaino va sobrado.

La final ya queda atrás, la oportunidad perdida no va a volver por más vueltas que se le dé. Pero lo que importa ahora es que vengan otras. Por eso, ahora el equipo y la afición tienen que demostrar que verdaderamente quieren ser grandes y reaccionar como corresponde. Quizás los jugadores acusaron el peso que suponía pensar que de este partido dependía el futuro del club. En estos momentos, los responsables del asunto económico tendrán que dar respuesta a ese activo que supone la marea negra que conquistó Bélgica y los jugadores no pueden dejarse ir en lo que queda de temporada porque eso sí que sería imperdonable y una traición al espíritu que ha presidido el fin de semana de Charleroi. Perder entra en lo posible dentro del deporte, pero rendirse no cabe en las opciones a contemplar. Aunque Gorka Arrinda diga que la Eurocup se le queda pequeña al Bilbao Basket, ese es el objetivo mínimo a cumplir hasta junio. Pensar en otra cosa es engañarse y querer modificar una realidad que el Bilbao Basket no logró cambiar en el Spiroudome, cuando sí dependía de él.

Otra cosa es que los dirigentes de la Euroliga, con Jordi Bertomeu como primer responsable, tengan que revisar las conpeticiones para dar cabida a quienes quieran disfrutar de ellas. Que en el Spiroudome hubiera 2.500 espectadores de Bilbao, unos 100 de Rusia y muy pocos belgas, hasta completar apenas la mitad del aforo, supone un fracaso organizativo que ni siquiera la capacidad de persuasión del dirigente catalán puede ocultar. Charleroi no es ciudad que merezca pasar allí ni dos días y la Eurocup pasó totalmente desapercibida para el aficionado local. Solo la presencia de gente vestida de negro permitía intuir que allí ocurría algo diferente a lo habitual. Son las cosas de una competición cuya final no se puede ver en el país del campeón y que, en el caso del Bilbao Basket, destruyó muchas ilusiones y abrió un periodo de muchas incertidumbres que deben resolverse a no tardar.

Pero como no solo del Bilbao Basket vive el baloncesto vizcaino, como ya quedó dicho en este espacio, el fin de semana concluyó con dos noticias a cual más destacable. En Cáceres, el GDKO Ibaizabal logró el ascenso a la Liga Femenina y se convirtió en el primer equipo de chicas de Bizkaia que alcanza la máxima categoría desde 1987. Las de Iñigo Sáinz de Trapaga tuvieron la oportunidad de hacer historia y no la desaprovecharon después de jugar cuatro partidos consecutivos, los dos últimos con prórroga. Ahora, todos los que hablan de vascos y vascas o vizcainos y vizcainas tendrán que retratarse y tomar partido en la decisión de impulsar el que el modesto club galdakoztarra pueda cumplir con lo que se ha ganado en la cancha. La otra noticia es que el Unamuno logró la clasificación para el Campeonato de España cadete masculino, algo que tampoco ha sido habitual en los últimos años. El Bilbao Basket es la punta del iceberg, pero hay más baloncesto en Bizkaia que permite que Charleroi pueda caer rápidamente en el olvido.  La final de la Eurocup no puede ser un punto final, sino un punto y seguido.

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