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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Javi Martínez, un emprendedor de sobresaliente



Javi Martínez jugará la final de la Champions en su primer año en el Bayern

Javi Martínez jugará la final de la Champions en su primer año en el Bayern

La final de la Champions espera a Javi Martínez. El todoterreno de Aiegi (2 de septiembre de 1988) lleva camino de convertirse en el ex jugador del Athletic que más brillo ha sacado a su primera temporada lejos de Lezama. Vistiendo la rojiblanca alcanzó subcampeonatos de Europa League y Copa y disfrutó con la selección española de los títulos de campeón del Mundo y de Europa, pero es ahora, solo siete meses después de haber jugado su último partido como león, cuando se ha doctorado. El chico puede presumir de haber ganado la Bundesliga y de tener en el horizonte repetir celebración en la Copa y la Liga de Campeones con el poderoso Bayern de Munich.

Javi Martínez nació para tocarse con el estrellato. Desgarbado y siempre con una sonrisa en la boca, el pequeño de los Martínez-Aginaga apuntó desde el comienzo buenas maneras como futbolista. Primero en el colegio, luego con los mejores del pueblo y más tarde con Osasuna, donde siendo todavía un niño se subió al carril del filial. De allí le fichó el Athletic, con apenas 17 años y muy pegado al calor del salón familiar. Su madre no le quería en Bilbao -las negociaciones con el Athletic le hicieron recordar las lágrimas que derramó cuando su otro hijo varón, Álvaro, fue cortado en Lezama después de pertenecer al Bilbao Athletic- y la operación estuvo a punto de truncarse. Pero Javi insistió en el cambio. Lleva la mejora pegada en su DNI y sabía que estaba ante un paso trascendente.

Su historia en Bilbao le describe como un futbolista especial. Soñó con vivir del centro del campo hacia delante, pero primero Caparrós y más tarde Bielsa terminaron por convencerle sin mejor receta que exponer el rendimiento que ofrecía de que su futuro en el fútbol de élite estaba en la contención. “No hay mejor central que él en la Liga”, destaca uno de los contemporáneos del de Aiegi en el vestuario del Athletic. La polivalencia hizo que entrase a machete en los ojos de los aficionados, siempre ávidos de nuevos referentes, aunque su marcha al Bayern provocó que muchos de esos que le adoraban quisieran arrancarse los ojos que le habían mirado con acaramelamiento. Incluso hubo peñas con su nombre que se dieron de baja en el registro rojiblanco.

Dejó el Athletic de noche y sin testigos, afeando el amor eterno que le había jurado una legión de aficionados. Buena parte de la grada rojiblanca le tildó de insensible, de mercenario, de niñato… Y eso que se fue de Bilbao de la misma forma que el Athletic le reclutó años atrás de Osasuna: pagando la cláusula de rescisión de su contrato. 40 millones de euros abonaron los alemanes.

Munich le sorprendió desde el inicio. Uno de los clubes más grandes de Europa le abría sus puertas como el gran fichaje de la historia. Y con toda la carga de profundidad que eso acarrea: si no responde a las expectativas, la etiqueta de los 40 kilos la llevaría pegada hasta en la panadería en la que habitualmente compra los brezel que acompañan las cervezas teutonas en los días de fiesta.

A la vista está que el Bayern no le ha engullido y que pronto se ha puesto a la altura de lo que requería su contratación. Martínez, que en Bilbao estuvo siempre muy cerca de su hermano Álvaro, también cuenta con parentela en la ciudad alemana, aunque la vorágine competitiva del Bayern le hace tener más distancia de la que querría. Acogido de buen tono en el vestuario, donde en los comienzos disfrutó de la varita protectora de Schweinsteiger, el centrocampista ha fortalecido carácter y disciplina al amparo de Jupp Heynckes, sinónimo de garantía.

El ex entrenador del Athletic ha pulido sus pecados de juventud y ha sabido exprimir la grandiosa capacidad competitiva que demuestra en cada partido. Con el tiempo, Martínez podrá decir que él también sabe por qué a Heynckes los jugadores del Moenchengladbach le apodaban Osram (marca comercial de una bombilla de color): se lo pusieron en los primeros años 80, cuando era su técnico, por la facilidad que tenía (y tiene) para enrojecer en las conversaciones de tono elevado con uno de sus discípulos.

Y así, afrontando retos cada vez de mayor envergadura, apostando en el fondo por cuestiones más poderosas que el dinero o el éxito (el contrato en el Athletic también solucionaba su vida económica), Javi Martínez está en el trampolín de la excelencia y con el objetivo de igualar la marca del Barcelona, cuando al mando de Pep Guardiola, que será su próximo técnico, barrió en todas las competiciones. Allí, en esa autopista hacia un nuevo formato de maravilla futbolística que es el Bayern, Javi Martínez continúa mirando a sus amigos de Bilbao, sabiendo de resultados y de calendarios en la Liga. Y detrás de todo eso, su vida sigue en Aiegi, por donde vuelve en cuanto tiene ocasión para juntarse con sus colegas de siempre en uno de las mesas del Durban, el restaurante que lleva su hermana mayor y con el que recuerda su primer gran triunfo con la selección española en el Mundial de Sudáfrica.

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