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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

José Luis Garay, el padre olvidado del Athletic juvenil



José Luis Garay es el entrenador más laureado del Athletic juvenil; ganó seis de las nueve Copas de los cachorros

José Luis Garay es el entrenador más laureado del Athletic juvenil; ganó seis de las nueve Copas de los cachorros

Cinco escuetas líneas en la web del Athletic daban cuenta el 17 de julio de 2003 del fallecimiento de José Luis Garay. El club se unía “al dolor de la familia y amigos del extécnico y exempleado”, anunciaba el oficio funeral para el día siguiente y reseñaba que el finado había ganado seis titulos de Copa al frente del equipo juvenil. En aquella fecha, julio de 2003, el Athletic solo había sumado dos Copas más a las que había conseguido Garay, las de la 83-84, con Niko Estéfano en el banquillo, y la de la 91-92 con Amorrortu como entrenador y Guerrero en el campo.

José Luis Garay es uno de los grandes olvidados del Athletic y un perfecto desconocido para las nuevas generaciones. No son pocos los que confunden su figura con la del Garay por antonomasia en el Athletic, Jesús Garay, el central adelantado a su tiempo que protagonizó un histórico y rentable traspaso al Barcelona.

José Luis Garay no fue futbolista profesional. Fue un entrenador a la vieja usanza que empezo a ganarse su fama dirigiendo al modesto Juventus de Galdakao, un equipo nacido en la órbita de la organización eclesial Acción Católica. En la década de los cincuenta el deporte, sobre todo en su versión juvenil o amateur, estaba directamente tutelado por el Frente de Juventudes o por la Iglesia.

Garay era ante todo un deportista practicante, de esos que siguen al pie de la letra la divisa mens sana in corpore sano. Le gustaba la montaña, había practicado las artes marciales, compitió en la selección de Bizkaia de judo, y antes de dedicarse al fútbol había entrenado a algunos boxeadores bilbainos como Mariano Echevarria y José Mari Madrazo.

Del Juventus le captó el Athletic que presidía Javier Pardo en 1961 para que se hiciera cargo de la dirección del equipo juvenil que acababa de formar. Garay llegó con siete futbolistas de su equipo de origen y dio forma a la entonces prácticamente inexistente estructura de base del club. El Athletic contaba con el Bilbao Athletic como equipo de cantera y las promesas del fútbol vizcaino se incorporaban directamente sin pasar por ningún escalón inferior. No existía Lezama. El primer equipo se entrenaba a diario en San Mamés o en la cercana Feria de Muestras si la climatología era especialmente adversa, y el Bilbao Athletic utilizaba el campo de San Ignacio para sus prácticas.

José Luis Garay se hizo fuerte en el campo de Etxebarri. Allí pulió a decenas de cachorros que ahora, viejos leones jubilados, todavía recuerdan con una sonrisa los métodos cuasimilitares de su entrenador, su obsesión por la disciplina y por el control férreo de la vida de sus futbolistas. “Los entrenamientos eran bastante parecidos a la instrucción que luego hacíamos en la mili”, recuerda alguno. En la década de los sesenta, en medio del incipiente movimiento hippie y los primeros y todavía discretos cabellos largos al estilo Beatles, Garay envió a su casa a un juvenil del Athletic:”Vuelva cuando tenga aspecto de futbolista y no de cantante de rock”, le espetó. Las medias subidas hasta la rodilla, la camiseta dentro del pantalón y las mangas dobladas a la altura del codo. Nada de tacos, ni palabras malsonantes y mucho menos protestas al árbitro. “La gente paga por verles a ustedes; qué menos que presentarse con un aspecto decoroso”, aconsejaba a sus chicos.

Era uno de esos duros de buen corazón, que inquiría al encargado de la cantina de la estación del tren de Etxebarri por lo que tomaban sus muchachos después del entrenamiento, pero que no dudaba en llevarlos a casa en su propio coche. Ganó cinco Copas consecutivas entre las temporadas 1962-63 y 1966-67 y convirtió al equipo juvenil en un tesoro a ojos de los aficionados rojiblancos, que disfrutaban con los éxitos de los cachorros en una época en la que el primer equipo flojeaba más de la cuenta. Por sus manos pasaron infinidad de jugadores que posteriormente triunfarían en el primer equipo. Todavía ganaría una Copa más, la de la temporada 69-70. En total disputó diez finales de juveniles en diez temporadas, ocho con el Athletic y dos con la selección de Bizkaia, que prácticamente era el Athletic vestido con otra camiseta.

Su éxito fue tan grande que su nombre sonó incluso para el banquillo del primer equipo en los tiempos más tormentosos de Ronnie Allen. Pero una vez inauguradas las instalaciones de Lezama, se le puede considerar como el primer coordinador de la cantera, aunque el cargo no existiese oficialmente. Era el máximo responsable del Bilbao Athletic, del San Mamés (un equipo amateur de vida efímera) y del equipo juvenil, mientras que Piru Gainza se encargaba de la captación y de los primeros equipos infantiles del Athletic.

Al mando del fútbol base instituyó unas peculiares concentraciones de verano que tenían un efecto tan deportivo como social. En los primeros años setenta la posibilidad de salir de vacaciones no estaba al alcance de cualquiera y Garay conseguía que algunos juveniles del Athletic abandonaran al menos durante unos días sus lugares de origen. Su destino era la localidad riojana de Santo Domingo de la Calzada, donde el técnico conocía una pensión de confianza para alojar a los cachorros bajo la estricta vigilancia del dueño del establecimiento. El propio Garay acudía periódicamente a supervisar la vida y entrenamientos de sus pupilos desde la vecina localidad de Anguciana, donde veraneaba con su familia.

Paradójicamente, la carrera del entrenador más laureado de la cantera, comenzó su declive cuando el Athletic dispuso de los mejores medios para trabajar con la base. Todo lo que había conseguido en el modesto campo de Etxebarri no tuvo continuidad en las rutilantes instalaciones de Lezama. Los tiempos cambiaban, sus métodos de trabajo y de entrenamiento no casaban con los nuevos modos y su hoja de servicios, por muy brillante que luciera, palidecía ante los galones de algunas viejas glorias que empezaban a asumir responsabilidades en la estructura técnica. Poco a poco, José Luis Garay fue perdiendo atribuciones hasta desaparecer del cuadro de entrenadores del club. Hasta su jubilación ejerció como jefe de taquillas de San Mamés y sus éxitos pasados fueron cayendo en el olvido hasta convertirse en un perfecto desconocido para las nuevas generaciones.

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3 Comentarios

  1. Gran artículo sobre JL Garay. Solo una pequeña errata. El presidente que le trajo no fue Javier Pardo, sino Prado.
    Saludos

  2. Muy buen artículo sobre José Luis Garay; menos mal que hay todavía periodista que sitúan a cada cual en su sitio, independentemente de las modas o de los temas de actualidad efímera.Una curiosidad: en ese pequeño pueblo riojano, Anguciana, se juntaban en verano grandes valores del futbol vasco: junto a Jose Luis Garay,entrenador, estaban Jose Mari Igartua, jugador del Athletic y Juanito Gardeazabal, el mejor árbitro que ha dado este pais.

  3. Entonces..dónde está el error ? entre la calidad que conseguía J.L.Garay y la debilidad de las promociones de los juveniles de ahora ? .
    La potencia , el salto de cabeza de Fidel Uriarte , su despliegue físico , su dura zurda , su Pichichi conseguido ….pongo este ejemplo porque era el prototipo de jugadores de 17-18 años que tenian muchos más recursos futbolisticos que los del Barça o Real Madrid de la misma época . Hoy Lezama , es la suma de canteras que han hecho un trabajo duro y sacrificado . Prefiero más gestores deportivos que uno sólo que monopolice loe errores con tanto chaval ilusionado .