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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La afición reconoce a su Athletic de siempre



El fallo de Aduriz en el penalti pareció pasarle factura en el resto del partido. Foto AC

Pues tampoco parece que fuera tan difícil. Me refiero a jugar como le gusta al personal que juegue su equipo, al menos cuando lo hace en casa. Con atrevimiento, con valentía, con ambición, entrando al choque sin arrugarse, anticipándose en las disputas, fallando pases sencillos, claro, y corriendo muchos metros en balde por su mala cabeza, también, pero jugando como siempre ha jugado el Athletic, en definitiva, con ese estilo tan personal que le hace tan reconocible a propios y extraños. El Valencia impuso su librillo a ratos, y la gente de Marcelino tuvo destellos de calidad, pero durante muchos minutos le tocó sufrir y correr hacia atrás, como han sufrido y corrido hacia atrás todos los equipos que han visitado San Mamés a lo largo de la historia.

Tampoco es tan difícil salir al campo con la cabeza arriba y mirando a los ojos al rival aunque a veces te saque un palmo de altura. Y no es difícil, nunca lo ha sido para el Athletic, ganarse el apoyo de un público fiel y siempre predispuesto a respaldar a los suyos, aunque los suyos, a veces, no le den más que disgustos o le traigan toda la temporada por la calle de la amargura. Hace tres días San Mamés perdió la paciencia y estalló contra el equipo y el entrenador. Anoche, San Mamés se encendió para dar calor a un equipo que lo estaba dando todo sobre el césped, con más o menos acierto, pero con una garra y una casta que son innegociables.

No vamos a decir que el Athletic lo bordó, porque no lo hizo, ni tampoco que fue muy superior al Valencia; ni siquiera se podría afirmar con mucha rotundidad que los leones hicieran más méritos que el rival para llevarse el partido. El recuento de ocasiones y remates se decanta esta vez del lado rojiblanco, pero durante muchos minutos el Valencia llevó la iniciativa y dominó pelota y territorio. No remató tanto sobre la portería de Kepa, pero los Zaza, Parejo o Vietto dieron siempre sensación de peligro moviendo el balón en la frontal del área rojiblanca.

De hecho, el Valencia remató una sola vez a puerta en todo el primer tiempo, y el balón acabó en la red de Kepa. El gol, a los 23 minutos, culminó la peor fase del partido del Athletic. Una indecisión entre De Marcos y San José, que no acertaron a despejar con contundencia, le dio al Valencia la oportunidad de una segunda jugada de ataque, que Kondogbia cerró con un remate de mucha calidad desde la frontal a la base del poste derecho, donde Kepa no lo podía alcanzar nunca.

El gol cerraba una fase en la que el Athletic lo intentaba pero parecía tener demasiado presente lo que había ocurrido tres días antes. Los rojiblancos jugaban agarrotados y no podían con la movilidad de un Valencia muy seguro de sí mismo entonces.

Pero el Athletic de ayer era un equipo con otro talante. Poco a poco Beñat fue haciéndose con el mando, la movilidad de Susaeta permitía una salida razonable del balón y Córdoba se entendía muy bien con Saborit en el costado izquierdo, mientras De Marcos percutía por el otro lado. San José también colaboraba rebañando balones y manteniendo el equilibrio en el círculo central, pero, sobre todo, la defensa mostraba la suficiente seguridad como para que el equipo se impulsara con más confianza. Iñígo Martínez parece que lleva toda la vida en el Athletic y Unai Núñez se mostraba pletórico.

El partido estaba áspero y le faltaba continuidad porque en las disputas saltaban chispas y alguno de los contendientes quedaba siempre maltrecho sobre el césped. Susaeta forzó un penalti tonto de Murillo, que el defensor apenas protestó. Pero Aduriz, casi infalible desde los once metros, no pudo con un Neto que desvió el balón prácticamente en el mismo sitio en que lo hizo Kepa ante el Málaga. Faltaba muy poco para el descanso, y el error de Aduriz podía pasar una factura muy cara a un equipo con una moral tan frágil como el rojiblanco, que veía que todo su esfuerzo no había servido para nada.

Ocurrió, sin embargo, que el Athletic regresó del vestuario dispuesto a morir matando. De Marcos empató a los cuatro minutos cazando al vuelo un despeje al borde del área, pero es que esos cuatro primeros minutos de la segunda parte se habían jugado íntegros a veinte metros de la portería de Neto. La fe y el genio de los leones encontraron el premio que hacía justicia a lo que había sucedido hasta entonces sobre el césped y a partir de ahí el guión del partido cambió radicalmente. El Athletic se hizo con el mando y aunque el Valencia siguiera tocando con precisión y sentido, las acometidas de los rojiblancos le desequilibraban constantemente.

Marcelino fue refrescando la estructura de su ataque, con Rodrigo y Guedes primero y Carlos Soler a falta de diez minutos. Ziganda, por su parte, se dejó esta vez en casa sus habituales prevenciones y apostó a todo o nada. Williams ocupó primero el sitio de Susaeta, buscando piernas frescas y velocidad y unos minutos más tarde, el agotado Raúl García dejó su sitio a Lekue, para que éste ocupara el extremo derecho y Williams se situara en el eje del ataque. Fueron cambios valientes que, sin embargo, no tuvieron el resultado buscado, fundamentalmente porque Williams no aportó nada nuevo. Fue una lástima, como lo fue que Raúl García y Aduriz tampoco tuvieran su día más afortunado. El primero se pasó el tiempo que estuvo en el campo hablando con el árbitro, y el segundo pareció acusar el fallo en el penalti. Una volea que estrelló el delantero en el lateral de la red y un disparo con la izquierda en postura forzada de Raúl García,  fueron sus únicos remates en un partido en el que el balón estuvo con mucha frecuencia en el área rival.

Fue una pena que al Athletic le fallaran sus killers justo el día en el que todos los demás mejoraron notablemente su nivel. Beñat volvió a ser un gran director, aunque en los últimos minutos cometió los típicos errores del futbolista al que ya le está faltando oxígeno. Córdoba también acabó derrengado, pero volvió a sacar a relucir detalles que le presentan como un jugador muy a tener en cuenta. Tiene un instinto natural para la anticipación y para adivinar el pase del rival y algunas de sus interceptaciones crearon más de un problema a la defensa del Valencia. De Marcos, además de goleador, volvió a ser el jugador incansable que barre su banda una y otra vez y hasta Saborit estuvo más decidido e implicado tanto en defensa como en ataque.

La ovación con la que el público despidió al equipo tras un nuevo empate y el apoyo que le brindó durante todo el partido, contrastan con las protestas y la pitada posterior a su último triunfo. ¿Hacen faltas más pistas?

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