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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La Copa, al fondo



El Bilbao Basket sumó en Valladolid su cuarta victoria consecutiva.

El Bilbao Basket sumó en Valladolid su cuarta victoria consecutiva. Foto ACBmedia

Un sólido Bilbao Basket prolongó en Valladolid su excelente inicio liguero y abrió el camino hacia la cita de febrero en Gasteiz

El Bilbao Basket sigue presumiendo del mejor inicio de su historia en la Liga Endesa. Los hombres de negro regresaron de Valladolid con su cuarta victoria de la temporada en cinco jornadas, una cota nunca antes alcanzada. La derrota en Las Palmas de Gran Canaria fue el borrón inicial de una trayectoria perfectamente enderezada desde entonces. Y es así porque el equipo bilbaino ha encontrado un modus operandi en el que se encuentra muy cómodo. Sus seguidores agradecerían algo más de tranquilidad en las victorias, pero incluso ellos se han acostumbrado a disfrutar de esos minutos de tensión inesperada.

Vaya por delante que el triunfo del Bilbao Basket en Pucela, por ajustado que parezca, fue indiscutible y merecido  por su buena puesta en escena. Los de Fotis Katsikaris eran superiores al Blancos de Rueda Valladolid, el equipo milagro de lo que se lleva de competición, y lo demostraron en el Polideportivo Pisuerga. El equipo bilbaino estuvo en ventaja desde la primera posesión del partido, convertida por Zisis, y siempre tuvo a los pucelanos a su espalda, al menos a dos canastas de distancia.

Durante la primera parte, Álex Mumbrú fue el eje del ataque del Bilbao Basket desde el poste bajo. Nadie podía frenarle entre las filas moradas y el capitán se puso las botas. Cada balón que le llegaba suponía un suplicio para la defensa del Blancos de Rueda y el conjunto bilbaino no tuvo problemas para construir sus ataque y con ellos una ventaja sólida en el marcador, doce puntos al descanso, gracias a que Raúl López apareció con acciones de lujo para contener las débiles acometidas del Blancos de Rueda. El público llegado de Bilbao, unas 200 personas, se divertía y el pucelano se resignaba en esos momentos a la inferioridad de los suyos, apenas sostenidos por la indiscutible calidad de Uros Tripkovic y los rebotes que rapiñaba el limitado, pero esforzado, Ian O’Leary.

Nada indicaba que el partido fuera a cambiar de color, pero Katsikaris ya dijo tras el mismo que “esto es baloncesto”. Como ya le ocurrió en Donostia, el Bilbao Basket regresó a la cancha como confiado en su ventaja y con el deseo de administrarla ahorrando esfuerzos. El Blancos de Rueda se anotó un parcial de 8-0 para hacer soñar de nuevo a su sufrida afición y colocarse a cuatro puntos. Pero ya se sabe que si algo tiene este Bilbao Basket es toneladas de oficio y sangre fría para manejarse en aguas agitadas. Raúl López volvió a aparecer para templar los ánimos y Kostas Vasileaidis anotó un triple que volvió a consolidar la ventaja en la decena de puntos, aunque el Valladolid ya había decidido que no iba a dar su brazo a torcer fácilmente.

Una defensa en zona provocó el atasco del Bilbao Basket, empeñado en romperla desde el tiro exterior. El conjunto vallisoletano se puso otra vez a cuatro puntos, pero no pasó de ahí porque los vizcainos no perdieron la seriedad defensiva y lograron sortear esos minutos de atasco hasta que un triple lejanísimo de Vasileiadis, brillante en lo suyo y en otros trabajos menos habituales, remató el partido. De tanto dormirlo, el Bilbao Basket se olvidó de buscar una renta más amplia, aunque no por ello el resultado dejó de reflejar su clara superioridad. Si el Blancos de Rueda anduvo cerca fue porque los de Katsikaris prefieren ser sólidos a brillantes y arriesgar lo mínimo hasta que todos los jugadores encuentren su sitio y los automatismos salgan solos. Hasta ahora, son los veteranos los que están llevando el peso.

Porque la victoria deja varias conclusiones positivas como alguna incertidumbre, relacionada con el rendimiento reciente de alguno de los nuevos. Fran Pilepic no termina de gozar de la completa confianza de Fotis Katsikaris y eso parece tenerle algo frustrado y Adrien Moerman y Milovan Rakovic han perdido peso en la rotación, lastrados por algunas interrupciones en su concentración que les llevan a cometer errores evitables. Hervelle y Hamilton, mucho más fiables, están asumiendo la responsabilidad en el juego interior con virtudes complementarias y, sobre todo, más dureza y mejor uso del cuerpo en la batalla en la pintura.

Evidentemente, los cuatro triunfos consecutivos tienen otra consecuencia inmediata y es que las cuentas para la Copa salen: si el Bilbao Basket es capaz de ganar los siete partidos que le quedan en la primera vuelta en el Bilbao Arena estará en febrero en Gasteiz. Incluso, si pierde uno podría lograr su primer objetivo de la temporada. Diez victorias es la barrera y los hombres de negro parecen decididos a marcar las diferencias con esos conjuntos llamados a ocupar la mitad baja de la clasificación. Es lo que procede ya que, salvo el Unicaja que visitará este próximo domingo el recinto de Miribilla, los otros seis equipos a los que recibirá en la primera vuelta el Bilbao Basket (Joventut, Manresa, Cajasol, Murcia, Blusens Monbus y Canarias) son asequibles si no abandona el patrón de seriedad de las cinco primeras jornadas. Será el compromiso ante los malagueños una buena piedra de toque para confirmar lo que ya se vio ante el Barcelona: que también existe un Bilbao Basket capaz de ponerse a la altura de los poderosos.

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