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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La Copa vuelve a ser víctima de las ocurrencias federativas



El sorteo único priva a la Copa de uno de sus alicientes

El sorteo único priva a la Copa de uno de sus alicientes. Foto FEF

 

No puede decirse que el Athletic haya tenido suerte en el novedoso sorteo con el que la Federación ha organizado la Copa de la presente temporada. De acuerdo con este peculiar formato en el que quedan determinados todos los cruces hasta la semifinal, y si las cosas rodaran dentro de un orden lógico, el equipo de Bielsa se encontraría en el camino hasta la final con el Eibar, el Málaga, el Barcelona y el Real Madrid, siempre que admitamos que ese orden lógico incluyera la eliminación del equipo blaugrana a manos del Athletic, lo que ya es mucho admitir.

El Athletic  se estrenará en su competición más querida a las doce del mediodía del jueves 1 de noviembre en Ipurua.

Aunque suene un tanto exagerado podemos decir que en el país en el que no se sabe ni el día ni la hora en el que se jugarán los partidos de la siguiente jornada de Liga, podemos calcular la composición aproximada de las semifinales de la Copa, cuando la competición apenas ha comenzado. Estupendo.

Alguna vez alguien en la Federación tendrá que explicar la razón última de este empeño en destrozar la competición más antigua de nuestro fútbol. La Copa precede en casi dos décadas a la Liga y fue siempre una competición que levantaba pasiones. Su formato no permite corregir errores como en la Liga; si te equivocas estás eliminado. La incertidumbre de los emparejamientos añade morbo a una competición eléctrica. Puedes llegar a la final eliminando a equipos inferiores o puedes verte obligado a subir el Everest por su cara norte. Es la Copa, la vieja competición del KO.

Todas esas características que hicieron grande la Copa se han ido diluyendo a medida que la Federación ha ido utilizando esta competición como una fórmula para que los equipos más modestos puedan acceder a una taquilla decente con un poco de suerte. El de la Copa es el modelo más acabado de cómo destrozar una cosa que funcionaba estupendamente hasta dejarla prácticamente inservible.

El modelo que funcionó durante décadas era tan simple que sonroja tener que recordarlo como ejemplo de buen hacer. La Copa empezaba cuando acababa la Liga. Los de Segunda ya se habían eliminado previamente y solo un grupo selecto entraba en el sorteo con los de Primera. Las eliminatorias se disputaban en domingos consecutivos y la final se jugaba la última semana de junio, siempre, salvo contadas excepciones, en Madrid, aunque también hubo algunas finales en Barcelona. La Copa centraba así todo el interés del aficionado durante los dos últimos meses de la temporada, y hasta los sorteos generaban una expectación inusitada.

La proliferación de competiciones internacionales de clubes y de selecciones, el incremento del número de equipos en Primera División, que acarrea la prolongación de la Liga y una tupida e inextricable red de intereses, favores y compromisos entre los dirigentes federativos y los clubes, formaron un conglomerado que ha acabado transformando la Copa de competición reina a molestia en el calendario.

A partir de descartar un modelo que funcionaba a la perfección, se han ido ensayando diversas modalidades que han acabado con la paciencia y el interés del aficionado. Equipos exentos de las primeras rondas por estar jugando competición internacional; modestos obligados a jugar eliminatorias previas en agosto, eliminatorias a partido único, cabezas de serie, sorteos dirigidos, eliminatorias encastradas a martillazos en el calendario…se ha ensayado de todo menos volver al viejo modelo que funcionaba.

Este año se ha estrenado la modalidad del sorteo único para toda la competición, privando a la Copa de uno sus elementos diferenciadores: la incertidumbre sobre el futuro inmediato. Los equipos saben a qué atenerse y los entrenadores pueden hacer sus propios cálculos en función de su perspectiva, mientras que afición y periodismo ya especulan con el posible desenlace. Por supuesto que la competición provocará sus propias sorpresas y que más de un cálculo prematuro quedará invalidado, pero a estas alturas no hace falta ser muy observador para descubrir más de un gesto de contrariedad entre los que ya se temen que la final no va a ser la estación término de su recorrido, porque tiene toda la pinta de que ese recorrido muere en un apeadero muy próximo a la salida.

A veces uno se pregunta cómo se pueden hacer tan mal las cosas con lo fácil que resulta hacerlas bien.

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Un comentario

  1. Despues de la txufla del año pasado mentar simplemente el termino suerte es tener escaso respeto por la fisica cuantica JUANCAR.