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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La derrota más cruel



Berchiche fue expulsado tras acabar el partido. La frustración le pudo. Foto AC

Hay años en los que es mejor no levantarse de la cama. Este es uno de ellos. Después de lo ocurrido en el Metropolitano queda claro que al Athletic se le ha puesto una cara de sufridor que no puede con ella. Suele ocurrir en el fútbol. De pronto te empieza a salir todo; rematas con la oreja y el balón va a la red, todos los rebotes te caen a los  pies como si tuvieras un imán; juegas mal y ganas, juegas bien y ganas. Pero también de pronto, todo puede empezar a salir mal, o peor. Los rebotes se escapan, te resbalas en el momento más inoportuno, no metes un gol ni atando al portero al poste…

En esas está el Athletic; lo suelen estar los equipos que navegan por el fondo de la clasificación. Los de Berizzo jugaron uno de sus mejores partidos del año en uno de los escenarios más difíciles y acabaron perdiendo en el tiempo de descuento después de adelantarse dos veces en el marcador. Las estadísticas oficiales adjudican tres remates a puerta al Atlético y cinco al Athletic. Como para comer cerillas.

El fútbol es un estado de ánimo y un cúmulo de circunstancias añadidas. Se suponía que el Athletic estaba sumido en una profunda depresión y hasta sus más optimistas seguidores daban por amortizado el partido del Metropolitano. Sin embargo el equipo respondió con garra y orgullo, dando la cara, demostrando que sabe jugar mucho mejor de lo que ha venido haciendo en demasiados partidos. Hubo organización, entrega incondicional, juego coral y hasta brillantes destellos individuales. Pero no sirvió para nada más que para acumular más frustración. El equipo mereció ganar, pareció que el partido moriría en un empate injusto y acabó en una derrota cruel con un gol que nació de una falta inexistente en un salto entre Núñez y Godín.

Berizzo volvió a su apuesta por ese doble lateral que ya ensayó con éxito en el Villamarín y en el Camp Nou, con Yuri (que acabó expulsado después del final del partido) por delante de Balenziaga en la izquierda y Susaeta haciendo de escudo de De Marcos en la derecha. Por dentro San José y Beñat volvieron a mezclar muy bien, casi como en sus mejores tiempos con Valverde en el banquillo. De hecho Beñat, que se retiró agotado, fue el mejor de su equipo y el hombre del partido, con San José muy cerca en prestaciones. Arriba quedó Williams, que anotó dos goles y un Muniain que alternó acciones brillantes con errores recurrentes que tuvieron consecuencias en forma de dos goles, uno a favor y otro en contra.

A Iker le sigue sobrando conducción en determinados momentos. Después de salir con clase del acoso de tres rivales en el centro del campo, se empeñó en continuar la jugada personal en lugar de dar un pase fácil. Le robaron la pelota y con ese robo inició el Atlético la jugada que acabó en el gol de Thomas, que significaba el primer empate. Es verdad que la defensa dio demasiadas facilidades al artillero colchonero, pero ese balón nunca debió de llegar allí.

Pero Iker también fue el futbolista que tres minutos después tuvo la visión, la clase y la precisión para dar un pase extraordinario sobre la carrera de Williams, que acabó en el segundo gol de Iñaki, perfecto de ejecución. El día que Muniain sea más el de ese pase rápido y vertical y menos el del regate de sobra y la conducción a ninguna parte, el Athletic tendrá el líder que necesita. Por cierto, Muniain fue también el que se fundió en un abrazo con el entrenador para celebrar el segundo gol, un gesto que hay que valorar en su medida por el mensaje de unidad que envía en unos momentos tan delicados.

Después de unos diez minutos iniciales como para echarse a temblar, el Athletic le cogió el pulso al Atlético, le arrebató el balón y se defendió con comodidad y sin pasar ningún por ningún agobio. Después del bandazo de Berizzo en los dos últimos partidos, el regreso a una idea razonable y ya testada con éxito, fue un alivio, un mensaje de esperanza, de vuelta al sentido común. No es que el Athletic lo bordara en el primer tiempo, pero fue capaz de frenar el asalto inicial del Atlético, equilibrar la contienda y hasta de adelantarse en el marcador con una jugada muy bien trenzada entre De Marcos y Susaeta, un clásico de la producción de la banda derecha rojiblanca, que acabó con un trallazo de San José, remachado por Williams debajo del larguero.

El segundo tiempo del Athletic fue mejor, aunque se produjera la paradoja de que fuera cuando se consumó su derrota. Lejos de encerrarse para defender el resultado, los de Berizzo propusieron un fútbol valiente, mirando siempre a la portería de Oblak y obligando a Simeone a asumir muchos más riesgos de los que le gustan. Ni el empate de Thomas hizo mella en los leones; tardaron tres minutos en volverse a poner en ventaja.

Para entonces, Núñez, que ya había obligado a Simeone a retirar a un Costa que no pudo tocar un solo balón, ya se había erigido en el líder de la defensa y cuestionaba en cada acción el ostracismo al que ha estado condenado hasta ahora. Incluso se permitió una galopada hasta el área contraria que culminó con un taconazo que Williams desperdició con un mal remate.

Todo parecía bajo control y no se veía la forma en la que el Atlético podía asaltar la portería de Herrerín. O sí. Los colchoneros tienen una variedad de recursos más que notable y el balón parado no es de los menos importantes. Un corner y una falta inventada por al árbitro dieron origen el segundo empate y  a la remontada definitiva, ya en el tiempo de descuento. Rodrigo se elevó por encima de todos para empatar y Godin que, lesionado, llevaba un rato como delantero centro, marcó el gol del cojo.

El Athletic perdió con los cambios en el tramo final. Perdió control en el centro del campo con la retirada de Beñat y la entrada de Nolaskoain, y perdió amenaza arriba, donde Raúl García fue intrascendente ocupando el sitio de un Williams que acabó fundido.

Cuando todo se sale mal, suelen pasar estas cosas. El VAR desmintió al auxiliar que había señalado fuera de juego y el tercer gol subió al marcador. El mismo VAR que no pudo desmentir al árbitro cuando castigó como falta un salto en el que Núñez ganó limpiamente a Godín. El mismo VAR que no intervino para denunciar una patada de Griezzman a Balenziaga sin balón de por medio, ni un manotazo de Filipe Luis a la cara de Muniain o un codazo alevoso de Kalinic a Iñigo.

El Athletic necesita puntos con urgencia y la derrota es una pésima noticia. Pero su partido en el Metropolitano merece una lectura más allá de la de los puntos. Derrotas como ésta pueden dejar una huella profunda en el ánimo del colectivo, pero también pueden servir de acicate y para recuperar la autoestima. Cada uno es muy libre para flagelarse con la derrota o para quedarse con los muchos detalles positivos que dejó el partido. Cada uno sabrá qué actitud es mejor tomar para salir de esta situación.

 

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Un comentario

  1. creo que es una crónica excelente como siempre, pero el cuerpo me pide caña. creo que es imperdonable, una vez más, la falta de ‘fútbol’ de este equipo. el equipo rival llevaba desde el minuto 70 o antes incluso con un jugador menos, cojo, de delantero centro. sin defensas centrales. y no pudimos o no supimos aprovechar nada de eso.
    también desde el banquillo. aduriz no tenía que haber sido convocado. a no ser que berizzo esperase que el partido fuera mal y recurrir al zorro como arma de recurso. pero no teníamos cambios para el plan de partido que se formó y nos autodestruimos con los cambios.
    ni jugando bien, ni jugando mal. siempre nos pasa algo. y siempre hay una excusa. pero lo del sábado, dejar escapar ese partido, creo que es imperdonable. tanto desde el banquillo como desde dentro del campo.