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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La factura del Barcelona



El partido contra el Alavés hubiera sido un magnífico examen para confirmar la recuperación del juego que evidenció el Athletic ante el Barcelona. Lo hubiera sido en condiciones normales, es decir, con un lapso de tiempo razonable para la recuperación y una alineación más parecida a la que todo el mundo tiene en mente. La presencia de Elustondo en el lateral derecho es un dato lo suficientemente significativo para demostrar que el equipo rojiblanco encaró el choque contra el Alavés bastante en precario.

El Athletic pagó el primer plazo de la factura del partido contra el Barcelona. El segundo lo terminará de abonar el próximo miércoles en el Camp Nou, aunque ya ha tenido que hacer frente a algunos adelantos publicados en la prensa culé, siempre fiel a la causa y a su cuenta de resultados. Para los más veteranos, leer algunas cosas que se han escrito después del partido del jueves ha tenido un efecto rejuvenecedor. De pronto, todos tenemos 3o años menos y volvemos a aquellas lecturas en azul y grana que tanto marcaron nuestra inocente juventud. A lo mejor las nuevas generaciones se han visto sorprendidas por la artillería impresa en Barcelona. Para su tranquilidad, deben saber que siempre ha sido así y lo seguirá siendo por los siglos de los siglos. El victimismo es un buen negocio en el Camp Nou y alrededores.

Da pereza volver a lo del jueves entre otras cosas porque el asunto seguirá vivo, en el mejor de los casos, hasta el próximo miércoles. No será la primera encerrona que sufrirá el Athletic en aquel campo. Se trata de que los jóvenes leones tengan el mismo temple que demostraron quienes les precedieron hace unas décadas, para plantar cara y minimizar daños que no haya que seguir pagando en los siguientes compromisos. Y hay que esperar, claro, que el árbitro Gil Manzano tenga más presencia de ánimo que el que tuvo su colega Fernández Borbalán en San Mamés y sepa hace oídos sordos a las numerosas sugerencias que recibirá ( ya lo está haciendo) por escrito y a viva voz, desde el entorno culé.

El partido contra el Alavés hubiera sido un excelente test para comprobar que el Athletic ha empezado el año con más fútbol que el que tuvo cuando arrancó la última hoja del calendario. No pudo ser porque 61 horas son un intervalo insuficiente para recuperarse de un esfuerzo como el que tuvieron que hacer los rojiblancos en la Copa y para encarar con garantías un choque tan exigente como el que planteó un Alavés muy bien armado.

No solo el cansancio privó al Athletic de la chispa imprescindible para alcanzar un buen nivel. Algunas decisiones  de Valverde nos dejaron también con las ganas de seguir la evolución de futbolistas como Iturraspe, el mejor el jueves, que volvió a quedar inédito pese a tener las piernas más frescas que algunos de sus compañeros. Para colmo, la lesión de Kepa en el primer tiempo privó al entrenador de un cambio que seguramente tendría programado y limitó más todavía su margen de maniobra.

No es cuestión de reprochar nada a un técnico obligado a gestionar una plantilla limitada por las lesiones para mantener el nivel en tres competiciones. El míster optó por cambiar a la pareja Iturraspe-San José, que tan bien lo hizo contra el Barcelona, por la formada por Beñat y Rico, que no alcanzó, ni de lejos, el nivel que dieron sus compañeros tres días antes. Elustondo fue un lateral derecho improvisado que bastante tuvo con cumplir en un puesto que le es extraño y con tan pocos minutos de actividad. Cumplió, pero no quiso buscarse problemas subiendo al ataque por lo que el equipo se quedó sin banda derecha; demasiada concesión ante un Alavés que se cerró siempre a las mil maravillas.

Como Muniain volvió a perderse en conducciones sin mucho sentido y Susaeta sigue muy bajo en la creación, el fútbol del Athletic fue siempre demasiado plano y premioso como para sorprender a un rival bien plantado, que fue ganando en confianza a medida que comprobaba lo exitoso de su plan.

La mejor noticia en el bando rojiblanco fue la confirmación, ésta sí, del buen nivel que ya evidenció Laporte contra el Barcelona. Frente al Alavés el central volvió a recordar al defensa contundente y pleno de clase del que tanto se habló hace algunos meses.

El resultado de tantos problemas en el bando rojiblanco y la buena organización del blanquiazul, fue un partido espeso, falto de ritmo y muy escaso de calidad. Pellegrino y los suyos supieron muy bien lo que tenían que hacer y lo desarrollaron con convicción y cierta bula arbitral ante la reiteración de faltas y faltitas que, sin ser violentas, ni mucho menos, acabaron por arruinar el ritmo del partido y anularon a jugadores clave en el Athletic como Beñat o el propio Aduriz, que no vieron nunca la forma de deshacerse de la vigilancia a la que fueron sometidos.

El Athletic perdió la ocasión de acercarse a sus predecesores en la tabla aunque, dadas las circunstancias, tendrá que admitir que el empate fue un resultado si no bueno, si justo por lo que se vio en el campo y porque, seamos sinceros, las mejores ocasiones, palo incluido, fueron  visitantes.

 

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