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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La marcha de Herrera confirma el sino de los tiempos



Cuatro de los cinco jugadores que aparecen en la imagen ya no están en el Athletic. El quinto sigue negociando su continuidad.

Cuatro de los cinco jugadores que aparecen en la imagen ya no están en el Athletic. El quinto sigue negociando su continuidad.

“Los jugadores solo piensan en ellos, yo pienso en todos”. Lo ha dicho Vicente Del Bosque, un tipo sensato que entiende el fútbol como se entendía en otra época, cuando los locutores de televisión no empezaban su trabajo comentando el nuevo corte de pelo de la figura de turno. Ander Herrera ha pensado en él mismo y ha decidido que su sitio está en el Mancherster United. Debía de tener muchas ganas de ir; tantas como para olvidar el feo que le hicieron hace unos meses, cuando le dejaron compuesto y sin novia al pie del altar. Herrera llegó al Athletic hace tres años a cambio de 11 millones de euros. Se va al United por el importe íntegro de su cláusula, 36 millones de euros y después de jugar un total de 128 partidos oficiales entre Liga, Copa y Europa League, en los que ha marcado 11 goles. No son unas cifras abrumadoras. En ningún caso justifican semejante desembolso. Un internacional contrastado como Cesc, sin ir más lejos, ha dejado el Barcelona para ir al Chelsea a cambio de 33 millones más los variables tan de moda últimamente.

Si se mira solo el aspecto económico, la operación es altamente rentable para el Athletic. Pero sería un error refugiarse únicamente en el dinero a la hora de analizar este asunto. Ander Herrera es el cuarto jugador importante que abandona el Athletic en menos de dos años. Javi Martínez se fue al Bayern en agosto de 2012 y el verano pasado se marcharon Llorente y Amorebieta. Todos se han ido en una época en la que el Athletic está manteniendo un excelente rendimiento deportivo, jugando finales y ocupando plazas importantes en la Liga. Siendo, en fin, un magnífico escaparate para que sus jugadores accedan a la internacionalidad. Llorente ha perdido en la Juventus el carácter de fijo en la selección que disfrutó en su última época como rojiblanco; Martínez no ha mejorado su estatus deportivo personal desde que está en el Bayern; y qué decir de Amorebieta, descendido al segundo nivel del fútbol inglés.

El Athletic se tendrá que preguntar qué está pasando para que algunas de sus piezas más importantes prefieran encauzar sus carreras lejos de San Mamés. Pero no hay una respuesta única a esa pregunta. Estamos ante una combinación de circunstancias que vuelven a jugar en contra de un club tan singular como el rojiblanco. Basta con mirar el asunto con una mínima perspectiva histórica. Hace cuatro décadas el sueño de cualquier niño de Bizkaia era jugar en el Athletic, entre otras razones porque tampoco podía alcanzar a mirar más lejos. Después aparecieron en el horizonte el Real Madrid o el Barcelona, incluso el Atlético de Madrid en algún caso aislado. En estos tiempos de globalización del mercado y acceso infinito a la información, los grandes equipos europeos, esos de los que antes solo se oía hablar con motivo de alguna eliminatoria continental, están al alcance de la ambición de cualquier futbolista con ciertas posibilidades. En las décadas de los sesenta y setenta Luis Suárez, Joaquín Peiró o Luis Del Sol fueron rarezas que por su extraordinaria calidad triunfaron en el fútbol italiano, excepciones en un fútbol autárquico. En los ochenta y noventa jugadores como Guardiola, el realista Idigoras, Julio Salinas y algunos pocos más, dieron el paso de acabar sus carreras en el extranjero, más por recaudar una última ficha sustanciosa que por ambición deportiva. Hoy en día son innumerables los futbolistas de la Liga española desperdigados por el mundo.

Los niños que pasan las horas jugando al FIFA en su ordenador, que ven los partidos de las Ligas más importantes cada fin de semana en el salón de su casa y saben de memoria las alineaciones de los mejores equipos ingleses o alemanes, ya no sueñan con jugar en el equipo de su pueblo. Los futbolistas son estrellas mediáticas que crean tendencias de moda, son protagonistas de anuncios, salen en las revistas junto a modelos espectaculares y, a veces, hasta marcan goles. Jugando en el equipo del pueblo solo se puede aspirar a esto último.

Luchar contra esa realidad es perder el tiempo y más para un club que va a contracorriente como el Athletic. No se pueden incluir en los contratos cláusulas más desorbitadas de lo que ya lo son ahora mismo, porque tendrían como contrapartida unas fichas inasumibles para un club del tamaño del Athletic. Y, no lo olvidemos, el fútbol es un negocio que está en las manos de los jugadores y sus cohortes de asesores, agentes y familiares. Un futbolista no juega donde no quiere jugar y no hay contrato que le pueda atar, y un agente no hace negocio si no mueve mantiene la mercancía en movimiento.

Al Athletic solo le queda la vía de la convicción, de la persuasión; la tarea a largo plazo de conseguir que sus jugadores, al menos aquellos que llevan años formándose en su cantera, quieran jugar siempre como rojiblancos. La clave es el trabajo incesante y constante de fidelización a sabiendas de que no se conseguirá en todos los casos. Y llegados a este punto, convendría analizar con seriedad las políticas de captación del club en las categorías más jóvenes o la localización de las ‘antenas’ que tiene desplegadas. Este es un tema que en las elecciones a Ibaigane se suele solapar en el epígrafe Lezama, sin más concreción ni más ideas que “optimizaremos la cantera” o alguna divagación al uso.

No es ninguna tragedia que un futbolista abandone el Athletic, aunque sí un contratiempo deportivo y, sobre todo, la certificación de la vulnerabilidad del club en este terreno, agravada por la especificidad de la institución rojiblanca, imposibilitada voluntariamente para acudir al mercado con el dinero fresco de la cláusula.

No es la primera vez, ni será la última. Al Athletic le vuelve a tocar mirar hacia adentro, como ha hecho siempre, por otra parte. Es en estos momentos cuando aparece la grandeza de este club. Los jugadores pasan, pero el Athletic permanece. Así ha sido siempre, y así seguirá mientras los socios lo quieran y no hay ninguna noticia de que vaya a haber alguna novedad en este sentido. Este club está acostumbrado a ir contracorriente, a escalarse a sí mismo por su cara norte.

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