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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La mejoría alcanza para muy poco



Mikel San José volvió a dar otra muestra de su olfato goleador. Foto AC

Mikel San José volvió a dar otra muestra de su olfato goleador. Foto AC


El enfermo mejora, pero lo hace tan lentamente que no hay forma de cambiar el pronóstico. El Athletic sigue vivo, eso sí, y hasta da muestras de querer rebelarse ante su destino, pero, de momento, sigue condenado a sufrir por su mala cabeza. Alcanzar el descanso con un empate sin goles ya era una mejora significativa recordando lo que ocurrió ante el Córdoba o el Elche. Cuando San José adelantó al Athletic en la salida de un corner, el gesto instintivo de todo el mundo fue mirar el reloj para comprobar que restaban solo veinte minutos de sufrimiento. Desgraciadamente, no hubo que esperar tanto. Ocho minutos después, el Málaga anestesió al personal con un gol que vino a ser el compendio de todas las desgracias que asolan a este Athletic. Unai López se equivocó en un pase fácil en terreno del Málaga, los andaluces condujeron el balón hasta la frontal del área de Iraizoz, allí Laporte cometió su enésimo error con una salida en falso a la media luna, toda la línea perdió pie y Javi Guerra remató en el segundo palo un centro envenenado que atravesó toda el área sin que nadie acertara a despejar.

Se hizo el silencio en San Mamés, un silencio espeso, resignado, acusador. La grada había estado hasta entonces con el equipo, acallando algunos tímidos silbidos que sonaban cada vez que el Málaga se acercaba al área de Iraizoz y cobraba algún remate, muy poca cosa, pero suficiente para despertar la impaciencia de los más estrictos; el resto callaba o animaba a unos jugadores que se empleaban a fondo, dando todo lo que tienen en estos momentos, que es tan poco, que a veces ni se nota.

Pero San Mamés sabe que a veces el Athletic es así, un equipo todo voluntad y nada de fútbol. Es igual que el entrenador meta los nombres de sus jugadores en una coctelera y vaya sacando los nombres de los titulares o insista en los mismos de siempre con sus viejas carencias y sus repetidos errores. Valverde volvió a optar por San José en el lugar de Iturraspe, y el elegido le correspondió con un gol, que ya es mucho corresponder. En las alas jugaron, es un decir, Susaeta e Ibai Gómez, con Aduriz en punta.

Suele ocurrir en circunstancias como las que atraviesa el Athletic. Cuando no falla uno, falla el otro; algunos incluso fallan siempre. Susaeta, por ejemplo, había venido dando muestras de una cierta recuperación en sus últimas actuaciones. Se esperaba que pudiera si no liderar, si al menos aportar su calidad en el ataque, pero ante el Málaga volvió a estar negado pese a que lo intentó de todas las maneras posibles. Lo mejor de su aportación fueron los saques de esquina, bien ejecutados casi todos, y algunos tan peligrosos que uno de ellos acabó en la red. De Ibai Gómez no se espera nada. Ni se va de nadie, ni es capaz de levantar un centro mínimamente decente. El Athletic volvió a pelear con un brazo atado a la espalda.

San José, el encargado de suplir a Iturraspe, tampoco estuvo especialmente inspirado a la hora de distribuir, pero nunca perdió la posición y fue eficaz en la recuperación, bien secundado por Rico, aunque el de Arrigorriaga ha vuelto a la versión que mostró cuando era un recién llegado al equipo: devuelve al rival casi todos los balones que le roba, aunque, a día de hoy, es el único que aporta esos arranques de casta y energía que levantan unos ánimos muy alicaídos.

En esta faceta destacó Balenziaga. El lateral ha sabido reponerse de aquel amago de linchamiento público que sufrió el día del Celta, probablemente su peor partido como rojiblanco. Ante el Málaga se hizo con su banda, buscó posiciones adelantadas y tiró muchas veces del equipo desde su zona. Que luego la cosa acabara las más de las veces en un centro al amigo invisible o un pelotazo al muñeco más próximo, es otro cantar, pero a lo largo de su historia el Athletic ha ganado no pocos partidos a balonazos.

El problema del Athletic volvió a ser la falta de confianza que sufren todos sus jugadores. Nadie se atreve a arriesgar una jugada individual, a jugar al primer toque, a ejecutar suertes elementales del fútbol como tocar y moverse. De ensayar un remate lejano (ni cercano) ni hablamos. Decía Bielsa que no concebía una sola razón que justifique el hecho de que un jugador no esté en movimiento constante en el terreno de juego. Ayer hubiera palidecido viendo a centrocampistas y delanteros rojiblancos haciendo el Tancredo mientras que los defensas se pasaban y repasaban la pelota buscando a un compañero desmarcado, para acabar cediendo el cuero a Iraizoz, probablemente el portero con peor golpeo de balón en el fútbol civilizado.

Si la creación tiene que llegar de los melonazos de Iraizoz, el Athletic está perdido. Lo intentaron los rojiblancos en no pocas ocasiones, con balones largos sobre Aduriz. Y está bien que el delantero sea capaz de convertir una sandía en un balón después de sobrevolar medio metro en el salto al central más fornido, pero tampoco se puede esperar que, además, le quede resuello para buscar al compañero más cercano a treinta metros, o encarar la portería en solitario.

Después de un primer tiempo plomizo jugado casi siempre en terreno del Málaga, Valverde se decidió a introducir un doble cambio en la segunda parte que solo faltó anunciar en el BOE. Viguera por Ibai y Unai Löpez por Iraola para pasar a De Marcos al lateral derecho. Unai trajo más inspiración que De Marcos a la media punta, pero Viguera volvió a estar lento y torpe en la banda izquierda, tanto para atacar como para ayudar a Balenziaga en la defensa. Llegó el gol, pese a que el Málaga pareció dar un paso adelante tras el descanso, pero la alegría duró un suspiro, ocho minutos exactamente, tiempo insuficiente para creérselo y recuperar la confianza a favor de marcador. Salió al final Beñat, se supone que para poner calidad en los balones parados, pero debió salir con las botas de madera.

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Un comentario

  1. Coincido bastante en tu análisis del partido, JCL.
    Yo también veo una leve mejoría pero sigo sin alcanzar a entender como estos jugadores, los mismos del año pasado, son incapaces de tener más confianza en sí mismos. Para mí, ahí está la clave. Creérselo. Creerse buenos jugadores de futbol que son y demostrarlo en el campo.
    En mi opinión, el ATHLETIC, haciendo cinco cosas bien no le gana casi nadie. Me atrevería a decir que sólo 4 equipos …. en toda Europa. Cinco cosas bien decía: intensidad, concentración, jugar la bola por bandas, determinación y creértelo.
    Perder tanto balones como recuperas y rifar continuamente el balón, está claro que no es la solución. La salida del balón de atrás si Itu no existe e Iraola está como contra el Malaga, no hay manera de sacar un balón ni de romper la primera línea de presión del rival. Salvo el Alético es la única que tienen los rivales. De Marcos, Susa, Ibai, Unai, etc., etc., no quieren saber nada de la película, sólo correr. Si encima lo que recuperas en el pressing en posiciones de línea de medios lo pierdes inmediatamente porque eres incapaz de hilvanar 4 pases seguidos bien intencionados, pues más difícil todavía. Es desesperante ver que el que puede no lo hace bien.
    El jueves hay que dar otro paso más para adelante!!! AUPA ATHLETIC!!!
    PD: Cambiando de tema, asunto Illarramendi. Me voy ahorrar los calificativos despectivos que me vienen a la cabeza a tutiplén. Me parece una gran cagada sólo ya el intentar ficharlo. Que mensaje estamos, está, lanzando la JD a nuestra cantera? Que sentimiento de identificación con el ATHLETIC estas fomentando? Que mierda es está? Me parece una estupidez lo mire por donde lo mire. Deportiva, económica y socialmente.
    Las palabras de su amiguito ayer, Iñigo Martínez, aclaran todavía más, para mí, el asunto.