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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Y la nave va



Iñaki Williams está llamado a ser la referencia del Athletic. Foto AC

Le tomo prestado el título de una de sus obras maestras al gran Federico Fellini. ‘E la nave va’ es una película que hurga en las rencillas, envidias y manías mutuas de un grupo de personajes de la alta sociedad europea mientras viajan a Grecia donde deben enterrar los restos de una diva de la ópera.

Afortunadamente aquí todavía no tenemos los restos de nada ni de nadie, pero de un tiempo a esta parte todo lo que suena en el entorno del Athletic incluye un eco de resquemor. La nave del Athletic sigue navegando mientras los viajeros que van a bordo discuten, critican y lanzan puñaladas traperas ante un micrófono o sirviéndose de un teclado. Nunca como en estos tiempos ha sido tan fácil encontrar un altavoz para emitir una opinión.

En todos los órdenes de la vida tan estúpido es que todo te parezca bien, como que todo te parezca mal. Pero en el fútbol es muy fácil encontrarte con gente que critica una cosa y la contraria empleando idénticos argumentos. Sí o no; blanco o negro; perfecto o desastroso. En el fútbol, y también en el Athletic, no hay término medio.

Ahora mismo la tentación de distinguir entre buenos y malos es tan irresistible porque hasta podemos personificar el bien y el mal. Kepa y Williams. Para qué vamos a andarnos con rodeos. El primero sigue encerrado en su silencio, una táctica que le ha servido para pasar de víctima a culpable a ojos de la familia rojiblanca. Los que asesoran a este chico se están cubriendo de gloria, desde luego. El discurso del segundo, tras anunciarse su renovación, ha amplificado más si cabe el silencio del guardameta.

La renovación de Williams en estos momentos y en las condiciones de años y cláusula que se han hecho públicas tiene un significado enorme para el Athletic. Evidentemente se da por hecho que la contraprestación económica será como mínimo espectacular, a la altura de las dimensiones del contrato. Está claro que existen riesgos, pero además de las reglas que impone el mercado, el fútbol se nutre también de gestos, de guiños, que diría Urrutia, y éste es de los que levantan el ánimo por el mensaje positivo que transmiten.

Seguro que no faltarán los críticos a los que está renovación les parecerá tan mal como la no renovación de Kepa. Se puede asegurar con escaso margen de error que los que ahora arquean la ceja recordando los riesgos de un acuerdo a tan largo plazo y a un precio importante, son los mismos que se mesaban los cabellos y aullaban contra la presunta racanería del club con Kepa, un portero llamado a permanecer en el Athletic no menos de quince temporadas.

La renovación de Williams, ocho años, una cláusula que va de los 80 a los 108 millones de euros y una declaración de amor incondicional y fe en la idea del Athletic, ha culminado una serie de movimientos en Ibaigane inusual por su ritmo. En menos de un mes, Urrutia ha emitido un mensaje con más contenido que todas sus intervenciones en esas ruedas de prensa que le organizan unos asesores que deben de ser de la misma escuela que los de Kepa.

La renovación de Herrerín ordena la portería al margen de lo que pase finalmente con el protagonista de los últimos meses. La de Etxeita es el reconocimiento de la importancia que tiene en el Athletic el prototipo de futbolista de club, del jugador sin estridencias que juega un papel tan determinante o más en la caseta que en el campo. Lekue encarna la imagen de la promesa que necesita tiempo y un entrenador que sepa explotar sus virtudes. Williams es la estrella en ciernes, el jugador franquicia que se dice ahora, la figura de referencia llamada a convertirse en el ápice de la pirámide. Y más allá de las renovaciones de los de casa, la búsqueda del refuerzo de puertas afuera: Cristian Ganea, un futbolista que es una absoluta incógnita, pero una apuesta obligada para un club que, como el Athletic, tiene muy pocas alternativas a Lezama.

La sucesión de noticias en Ibaigane solo tiene de extraordinario el hecho de que se han producido en un periodo muy corto de tiempo. Hasta hace unos pocos años lo cotidiano y aburridamente normal en el Athletic era que a lo largo del año el club fuera anunciando los nuevos contratos de los jugadores que consideraba interesantes. Prácticamente todas las bajas y traspasos se producían de mutuo acuerdo o por interés del club, generalmente en cuanto atravesaba problemas de tesorería, y tenía el relevo asegurado.

Lo extraordinario, lo anormal, lo que rompe cualquier equilibrio en un club que sobrevive en un ecosistema tan delicado, es lo que ha sucedido en los casos que todos recordamos y que ahora mismo se está repitiendo con Kepa Arrizabalaga. Por eso es tan importante que por encima de lo extraordinario impere la normalidad y la cotidianidad de unas renovaciones naturales como las que se han cerrado este mes, incluida alguna de fuegos artificiales como la de Williams. Porque esa normalidad es la que mejor  certifica que la nave va.

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