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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La noticia y el chascarrillo



No está teniendo suerte el Athletic en los últimos tiempos a la hora de comunicarse con sus seguidores. Unas veces porque los responsables no han acertado; otras, porque las circunstancias no le han acompañado, lo cierto es que el club solo ha generado (o le han generado) malas noticias desde hace meses, hasta el punto de que se ha instalado entre la afición una percepción de hecatombe que no tiene nada que ver con la realidad de un equipo y de una institución que siguen funcionando razonablemente bien en el día día, incluso bastante mejor que la media.
Ocurre que el Athletic lleva una rachita que parece que le ha mirado un tuerto. Está escrito en este blog que el club haría bien en generar alguna noticia, buena a poder ser, que le permitiera sobrevivir con tranquilidad al parón liguero, paréntesis de inactividad deportiva que en condiciones normales suele encerrar cierta dosis de riesgo y que multiplicaba su peligro en la situación actual del club, sometido a un zarandeo constante de rumores e injerencias varias, incluidas las de la clase política en las últimas jornadas. La actividad deportiva genera por sí misma la suficiente información como para que las cosas rueden de una forma más o menos rutinaria. Ya se sabe: rueda de prensa en Lezama, unas molestias físicas por aquí, una mejoría por allá, alguna especulación sobre la alineación del domingo, el análisis de lo ocurrido la última jornada… Es cuando llega el fin de semana sin fútbol cuando las cosas se suelen complicar en el terreno de las información, cuya llama sagrada hay que mantener encendida al margen del calendario.

Parecia que el Athletic se había tomado en serio esto de dosificar sus noticias para que sea Ibaigane y no otras instancias quien marque la agenda de la actualidad rojiblanca. El anuncio de la renovación de Susaeta hasta 2017 era por fin una de esas buenas nuevas que los aficionados rojiblancos estaban esperando con un punto de ansiedad. Recuérdese que hace muy poquitas semanas, en pleno fragor de la batalla protagonizada por la pareja Llorente-Martínez, los nombres de Amorebieta y de Susaeta se añadieron a la lista de sospechosos de desapego al club que estaban deseosos de marcharse. Con Toquero, también en su último año de contrato, los milenaristas que anuncian el fin del mundo rojiblanco tras cada derrota del equipo, ya tenían cinco nombres, o sea casi toda la plantilla según su peculiar manera de contar, dispuesta a marcharse porque no aguantan a Bielsa.
La noticia de la renovación de Susaeta tiene en las circunstancias actuales un valor doble. Por un lado el Athletic se asegura la continuidad a largo plazo de uno de los jugadores que más ha crecido en el último año y por otra parte, corta de raíz las insinuaciones respecto al ambiente en el vestuario.
La de la renovación de Susaeta debía ser la noticia de la semana y el eibartarra haber monopolizado el espacio informativo al menos durante un par de días. Pero en este caso el Athletic propone y los hados disponen. Apenas unas horas después de que el club colgara en su web la foto de Urrutia con el recién renovado, saltó a la red el chascarrillo de Javi Martínez y su incursión nocturna en Lezama para recuperar las pertenencias de su taquilla. A falta de una información más precisa de lo acontecido, las versiones sobre la hora y el desarrollo de los hechos oscilan entre las diez de la noche del sábado y las dos de la madrugada del domingo y desde los que dicen que llamó al timbre para que le abrieran y quienes sostienen, con mucho más éxito de público evidentemente, que el jugador saltó la verja de la instalación como los jóvenes almonteños asaltan el altar de la Virgen del Rocío. Sea cual sea la versión que se aproxime más a la realidad, lo cierto es que estamos ante un hecho insólito que siembra serias dudas sobre la calidad de la materia que guarda Javi Martínez en el espacio comprendido entre sus dos orejas. Dudas que, probablemente, a estas horas estén alterando el sueño del que tomó la decisión de pagar cuarenta millones de euros por hacerse con sus servicios.
Susaeta y su renovación eran la gran noticia, pero Javi Martínez y su ocurrencia nocturna son los protagonistas de la semana. Cabe preguntarse qué papel ha jugado el Athletic en todo esto. Si ha permitido que trascienda un asunto que solo podían conocer un par de personas o si no ha podido controlar la indiscreción de algún empleado. En el primer supuesto estaríamos ante una maniobra para desprestigiar a Javi Martínez aprovechando, eso sí, su propia inconsciencia; si ha ocurrido lo segundo, es que el exjugador no es el único inconsciente de esta historia.

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