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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La pretemporada eterna



El baloncesto ACB se enfrenta a una campaña decisiva para su futuro sin haber resuelto los problemas que han dañado su imagen. La NBA y la Euroliga han robado espacio mediático a una organización cada vez más encerrada en sí misma que se empeña en devaluar su producto
Mientras el pasado fin de semana el show de la NBA ocupaba el Arenal bilbaino y, según los organizadores, 20.000 personas acudían el reclamo de la proclamada como mejor Liga del mundo, el Gescrap Bizkaia se encontraba en la localidad murciana de San Javier para disputar dos amistosos ante rivales de la proclamada mejor Liga de Europa, uno de ellos a puerta cerrada, sin presencia de público y con imágenes posteriormente censuradas en cuanto alguien las colgó en las redes sociales. Valga la coincidencia temporal para comprender algunas de las razones por las cuales el baloncesto ACB ha perdido su posición predominante y ha convertido su producto en algo en demasiadas ocasiones clandestino, como si fuese delictivo.
Cualquier amistoso que dispute un equipo de la Liga BBVA de fútbol encuentra un eco destacado en los medios de comunicación, sea cual sea la entidad del rival. En cambio, los clubes de la Liga Endesa disfrazan muchos de ellos con el eufemismo de entrenamiento conjunto para evitarse los gastos de arbitraje y organizativos. Será cosa de la crisis, pero es difícilmente entendible que un interesante partido entre el Gescrap Bizkaia y el Valencia, dos buenos equipos de la Liga, y otros similares queden ocultos en medio de una pretemporada larguísima que solo sirve para que muchos jugadores se lesionen, los entrenadores tengan que exprimir a jugadores meritorios y temporeros con los que no van a contar y que casi nadie conoce, los directores deportivos justifiquen su sueldo buscando gangas de forma desesperada y los aficionados, deseosos como se ha comprobado de consumir baloncesto, se aburran de esperar y escojan otra cosa, por ejemplo esa NBA que aparca en la puerta de su casa.
La ACB, cada vez menos creíble como organización, se está dejando comer el terreno y no encuentra su sitio en medio de la globalización, prefiere la opacidad a recibir el brillo de los focos. La Liga echará a andar el último fin de semana de septiembre, con la Supercopa de este sábado y domingo como calentamiento previo y la presentación oficial en la sede de su patrocinador principal como evento reservado a unos privilegiados. Entonces, quizás alguien quiera hablar en positivo de la Liga Endesa, de las expectativas de sus estrellas, de qué tenemos y qué queremos.
Pero enseguida la atención mediática se desviará a otro lado ya que los Boston Celtics y los Dallas Mavericks y toda la parafernalia de la NBA desembarcarán en Europa para disputar los ya habituales amistosos de preparación, uno de ellos ante el Barcelona, y el Real Madrid viajará a Estados Unidos para enfrentarse a Toronto y Memphis. Y ya se sabe hacia dónde mirarán los grandes grupos mediáticos deportivos durante esas casi dos semanas. Y luego llegará la Euroliga, que pisa terrenos del calendario que antes le estaban vedados.
Así que después de siete semanas de preparación y alguna más de competición oficial, el aficionado al baloncesto se meterá en pleno mes de octubre tratando de identificar a los nuevos jugadores llegados a la Liga Endesa, que este verano han sido muchísimos. Por ejemplo, fijándonos en lo más cercano, Fran Pilepic, el croata que ha fichado el Bilbao Basket, pasará desapercibido en sus paseos por la capital vizcaina. Desde hace un mes, y por razones desconocidas, la plantilla de los hombres de negro no se ha dejado ver en público, sus seguidores no han podido acercarse a ellos en actos oficiales y relacionados con su profesión. Ni siquiera ha habido tiempo para presentar las nuevas equipaciones, un acto que otros años sí ha merecido un trato diferenciado.
Si uno se pasa por cualquier patio de Bilbao, verá que la camiseta del Athletic es mayoritaria entre quienes se entrenan al fútbol. Entre los practicantes de baloncesto, la del Bilbao Basket cede en proporción de 1 a 5 respecto a las de la NBA. Si eso es un reflejo de lo que los chavales sienten cercano, el baloncesto ACB tiene un problema muy gordo. Sus enemigos son varios, algunos de ellos perfectamente reconocibles, y no dudarán en apropiarse de un pastel cada vez más escaso. Los clubes no solo lo tienen mal, a veces por voluntad propia, para hacerse visibles en el presente -han tenido que regalar los derechos televisivos-, sino que también van a tener que reconquistar el futuro. A menos que prefieran seguir peleando entre ellos y condenarse a una pretemporada eterna, a que solo se sepa de su existencia cada siete días. Otros lo aprovecharán para entrar hasta la cocina, valga el símil, y llevarse a los medios de comunicación y a los aficionados.

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