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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La primera final



El desastre ante el Zorya condiciona el futuro europeo del Athletic. Foto AC

Situado en esa zona de la tabla muy poco aconsejable para los más aprensivos, el Athletic encara esta semana la primera final de la temporada. El partido contra el Ostersunds no tiene vuelta atrás. No ganar significa despedirse de Europa, así de claro. Las urgencias ya están aquí, porque a continuación tocará visitar al Celta, que acaba de conceder la primera victoria de la temporada al Málaga. Lo de Vigo no es una final en sentido estricto, porque queda casi toda la Liga por delante, pero digamos que alcanza la categoría de semifinal. Una derrota colocaría al Athletic en una posición incomodísima para recibir a continuación al Villarreal, demasiado cerca ya del fondo de la tabla.

De los últimos diez partidos el Athletic solo ha sido capaz de ganar uno, al Sevilla; ha perdido seis y ha sumado tres empates con aroma a derrota: Málaga, Ostersunds y Formentera. A estas alturas los números ya empiezan a ser lo suficientemente significativos como para ir definiendo al equipo.

Y los números dicen que el trabajo de Ziganda tratando de ganar solidez defensiva ha tenido cierto éxito pero a cambio de penalizar el ataque del equipo. Disputadas las primeras diez jornadas de Liga, hay 14 equipos que han marcado más goles que los diez paupérrimos tantos que ha sumado el Athletic. Solo los equipos de la cola de la clasificación y el Leganés han marcado menos.  Cuatro veces se han quedado los leones sin marcar y la mitad de sus goles los ha sumado en dos partidos, tres contra el Málaga y dos contra el Valencia, que sirvieron para sumar un solo punto, de triste recuerdo, por cierto.

A cambio, el Athletic es el octavo equipo que menos goles ha encajado, doce, lo que significa que al menos el trabajo de Lezama está funcionando aceptablemente bien en esta faceta, aunque únicamente haya conseguido mantener a cero su portería en una sola ocasión en estos diez últimos partidos. La mitad los goles que ha recibido han llegado en dos partidos, los ya citados de Málaga y Valencia, los dos más alocados que ha disputado el Athletic en lo que llevamos de temporada, y completamente atípicos para lo que propugna Ziganda.

El cambio que ha experimentado el estilo del equipo es evidente. El año pasado a estas alturas de la Liga el Athletic había marcado 15 goles, pero había encajado 13, para ganar cinco partidos, perder cuatro y empatar uno.

Tras el nombramiento de Ziganda hubo una percepción generalizada de que el Athletic apostaba por la continuidad en cuanto a las ideas generales en el banquillo. Nadie del club lo explicitó así, pero todo el mundo entendió que el cambio de Ziganda por Valverde no cambiaría nada en lo sustancial. Después de algo más de dos meses de competición se puede decir que la percepción general fue equivocada. El nuevo entrenador tiene un sello distinto y quiere un equipo que llegue al éxito por un camino diferente al que ha transitado hasta ahora. El Athletic de Valverde buscaba con frecuencia la agitación de los partidos, provocando idas y vueltas para pescar en el río revuelto. A veces era divertido y a veces desesperante.

El Athletic de Ziganda prefiere el control y la seguridad defensiva. Los laterales miden mucho más sus subidas, en el centro del campo casi siempre hay más jugadores dispuestos a echar una mano atrás que a mirar hacia adelante. La apuesta por Vesga y San José, con solo algunas presencias esporádicas de Iturraspe y el ostracismo de Beñat están marcando indudablemente el carácter del equipo.

Con esta disposición el juego de ataque queda demasiado a expensas de la inspiración individual de los jugadores más adelantados. Probablemente con un Aduriz en su versión de hace un par de temporadas, y un Williams incandescente, la fórmula que propone Ziganda  ganaría probabilidades de éxito. El problema es que, de momento, el Athletic no tiene arriba la contundencia que requiere un equipo que está obligado a acertar en las pocas ocasiones que va a tener.

Más allá de la buena imagen que proyectó el equipo ante el Barcelona, está claro que los puntos empiezan a ser muy necesarios. Nadie vive solo de la imagen y, además, el retrato del Athletic en la parte baja de la tabla, pesa mucho más que el recuerdo de su buen papel ante el lider. El jueves hay una final, pero  el Athletic se ha metido en una dinámica en la que se van a suceder los partidos a cara o cruz. Es lo que tiene el sumar solo once puntos en diez jornadas y no ser capaz de ganar ningún partido en Europa.

 

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