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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La que nos espera con el VAR



Cristiano Ronaldo se anotó el primer hat trick del Mundial

La primera jornada completa del Mundial nos trajo tres partidos resueltos a última hora. El uruguayo Giménez batió a Egipto de un cabezazo en el minuto 89; el marroquí Bouhaddouz marcó en propia puerta para dar la victoria a Irán en el tiempo de prolongación y Cristiano Ronaldo empató el partido contra España con un certero saque de falta en el minuto 88.

A última hora se resolvieron pues los tres partidos, con sorpresa incluida, como la victoria de Irán sobre Marruecos, lo que viene a demostrar que los partidos duran noventa minutos, que no hay enemigo pequeño y que, en definitiva, fútbol es fútbol.  Qué razón tenía Boskov.

Los viejos tópicos explican mejor la cosa que los nuevos y sofisticados sistema técnicos. Que se lo digan a Camacho, que sigue sin ver por ningún lado el penalti que le pitaron a Nacho cuando Cristiano se colaba en el área. Bueno, no lo vio Camacho, ni ninguno de los que iban con España porque, de toda la vida sabemos que los penaltis que nos pitan en contra solo existen en la imaginación del árbitro y no nos van a convencer de lo contrario ni aunque ahora el árbitro tenga por encima a unos señores que a modo de los ‘supertacañones’ del viejo ‘Un, dos, tres’ dicten sentencia con voz en off.

Los portugueses en cambio se tiran de los pelos porque los del VAR no vieron el codazo que le metió Costa a Pepe en el garganchón  en el inicio de la jugada del primer empate. La agresión se vio clara desde Oporto hasta Faro, incluso a los que estábamos viendo el partido en una tele normal nos pareció un choque sospechoso, algo más que sospechoso diría yo, teniendo en cuenta quiénes eran los protagonistas. Camacho y los suyos tampoco apreciaron nada, más allá de un contacto. O sea lo mismo que en el penalti de Nacho a Cristian;, “contacto hay”, concedieron. Pero ‘contacto’, en el idioma de los comentaristas de televisión es una palabra polisémica. En el área contraria quiere decir penalti como una catedral, mientras que en la propia es solo un lance del juego.

Portugal y España nos ofrecieron un partidazo, impropio del calendario. Si este choque se produce en los cruces y no en la fase de grupos, estaríamos ante uno de esos partidos que quedan para el recuerdo de un Mundial. Los noventa minutos tuvieron de todo menos el dramatismo de una eliminación y eso resta mucho a la hora de pasar a la historia. En el fondo, todos sabemos que Portugal y España van a pasar por encima de Irán y Marruecos y estarán en la siguiente fase. Hay demasiada diferencia entre los dos favoritos y los dos comparsas como para que el resultado de su choque tenga más trascendencia de eso que antes se llamaba la honrilla. Cristiano quería ganar a España, a ser posible él solo, sin ayuda de nadie,  y casi lo consigue. Marcar tres goles en un partido del Mundial no es cosa menor, que diría Rajoy.

Los españoles buscaban su catarsis después de la que les lió Florentino Pérez fichando al seleccionador. Tenían que demostrar que el suceso no les ha afectado y está claro que lo consiguieron. Calidad les sobra y, por lo que se vio ante Portugal, tampoco andan escasos de ánimo. Sobreponerse a un penalti en contra en el minuto tres y, sobre todo, a una cantada del portero en el 44, tiene mucho mérito y no está al alcance de cualquiera. Seguro que a estas horas Hierro estará recordando el resumen que hizo de un Almería-Oviedo, cuando entrenaba a los asturianos: “Salvo los tres goles, no hemos concedido mucho”

El Portugal-España nos compensó a última hora de los truños que tragamos en el Egipto-Uruguay y el Marruecos-Irán. Estos sí que fueron los típicos partidos de arranque de un Mundial, en los que a la escasa calidad se le suman todas las dudas del debut.

La noticia del Egipto-Uruguay fue que todos los protagonistas acabaron el partido con la dentadura intacta y los huesos en su sitio. En Inglaterra, Irlanda y Holanda aún recuerdan cómo se las gastaron  los egipcios en su última comparecencia en un Mundial, en Italia concretamente. Y qué decir de los viejos modos de los uruguayos, todo un referente del llamado otro fútbol, del que ahora apenas quedan vestigios.

Pero eso era antes, cuando a los equipos los distinguías por la camiseta y te sabías de memoria las alineaciones. Ver a la gloriosa celeste de Uruguay vestida de blanco sin ninguna necesidad ya es un insulto al propio fútbol. El eterno maestro Tabárez tiene un equipo que se basa en cuatro jugadores, los dos centrales, Godín y Giménez, y los dos delanteros, Suárez y Cavani. Además de calidad, son los únicos futbolistas que atesoran los valores del fútbol uruguayo de siempre, que se resumen en dos: competitividad y carácter.

Lo de Marruecos e Irán fue incluso peor, pero un Mundial no sería un Mundial sin partidos de este calibre. El fútbol es un deporte universal, así que tampoco está mal que cada cuatro años nos encontremos con este tipo de espectáculos. Antiguamente era una forma de ver un fútbol distinto que venía de la mano de unos futbolistas desconocidos. Ahora, en los tiempos de la globalización, todo, fútbol y futbolistas, se nos presenta homogéneo bajo los mismos tatuajes y los mismos peinados. Todo es lo mismo ni hay lugar para la sorpresa.

 

 

 

 

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