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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La reivindicación permanente o el día de la marmota



Aduriz volvió a ser el referente goleador de la Euskal Selekzioa

Aduriz volvió a ser el referente goleador de la Euskal Selekzioa

Algo hemos mejorado. El partido anual de la Euskal Selekzioa llevaba camino de convertirse en un botellón multitudinario, un festejo más, en el ya de por sí saturado calendario festivo navideño, en el que un buen porcentaje de los asistentes no eran muy conscientes, ni les importaba, si estaban en el fútbol, en los toros o en un cotillón. La situación había alcanzado tales extremos que el año pasado ESAIT llegó a organizar una excursión al Pagasarri la mañana del partido, una contraprogramación saludable para frenar la riada de alcohol y otras drogas más o menos legales.

Afortunadamente, las luces de alarma se encendieron a tiempo y las aguas han vuelto a su cauce. San Mamés fue ayer una fiesta libre del humo de las bengalas y el estruendo de los petardos, con un público de espíritu festivo concentrado en disfrutar del partido olvidando a terceros ausentes, sin insultos ni gritos extemporáneos.

Es una buena noticia que la reivindicación de la oficialidad adopte formas civilizadas y proyecte una imagen positiva. Aquellos planos de bengalas y público echando el aliento sobre la nuca del portero espantaban a cualquiera que se animara a apoyar desde el exterior la reclamación de una selección, si esa selección venía acompañada por semejante entorno.

Se trataba de reivindicar la oficialidad de las selecciones de Euskadi y Catalunya y, en ese sentido, la iniciativa constituyó un éxito innegable. La visión de un San Mamés repleto contrasta con un hecho que no por pasar desapercibido es menos elocuente. Los desmemoriados interesados y los más jóvenes no lo recuerdan, obviamente, pero hubo un tiempo, no tan lejano, en el que florecieron ‘selecciones autonómicas’ como setas después de la lluvia. Fue una desmesura de combinados de Murcia, Castilla La Mancha, Extremadura y hasta Navarra, que fueron convocados de urgencia. Se diseñaron a todo correr camisetas para emular en lo futbolístico aquel café para todos que en su día inventó a toda prisa himnos y banderas y que en lo político nos ha traído hasta donde estamos. Fue un movimiento efímero porque hasta los más fervientes defensores del estado de las autonomías tienen un cierto sentido del ridículo y reunir 1.500 aficionados entre todos, tampoco es plan, ser mire como se mire.

Pero, aunque la limpieza de la imagen es imprescindible y la respuesta de la sociedad, una condición previa a todo lo demás, no es suficiente para avanzar en un camino sembrado de obstáculos. Hemos llegado al punto en el que ya se hace difícil diferenciar entre la reivindicación permanente y el día de la marmota, la repetición constante de los mismos tópicos, las mismas explicaciones e idénticas justificaciones. Es muy difícil, por no decir imposible, mantener viva la ilusión durante casi cuatro décadas. Fue en 1979 cuando la selección de Euskadi hizo su reaparición en aquel histórico partido contra Irlanda. El ochenta por ciento de los que ayer estuvieron en San Mamés ni había nacido. Las expectativas que despertó aquel partido apenas han tenido una concreción real. Hasta el aire rebelde de aquellos primeros partidos, organizados con mucha más voluntad y espíritu que dinero y medios, ha dado paso a la rutina de las cosas programadas de antemano con sello oficial. Y esa rutina, ese hasta aquí podemos llegar, es la principal traba que impide avanzar.

En estas citas de la Euskal Selekzioa importa más el antes y el después que el partido y más lo que ocurre en el perímetro del campo que lo que pasa en el rectángulo de juego durante los noventa minutos. Lo que ha pasado antes y durante ha sido muy positivo. Las dudas surgen, como cada año, en lo que vendrá después, en si de verdad se van a dar pasos o dentro de una semana nadie se acordará de la selección hasta el próximo mes de diciembre. Parece que hay alguna noticia positiva en este sentido y fue el propio lehendakari Urkullu quien se refirió a la cuestión en el descanso del partido ante las cámaras de ETB. Recordó el lehendakari la idea avanzada por la Dirección de Deportes del Gobierno que preside, de reclamar que el combinado vasco pueda jugar algunos partidos en las fechas que reserva la FIFA para las selecciones. Pero entre el anuncio de la Dirección de Deportes y la ratificación del lehendakari ya se ha colado la nota pesimista que desde la propia Federación Vasca adelanta que la Federación Española se opondrá a la idea con argumentos más o menos discutibles. Ponerse la venda antes de la herida, se llama la figura. No es esa la actitud que esperan los miles de personas, aficionadas al fútbol o no, que ayer volvieron a renovar una ilusión que lleva marchitándose casi cuarenta años.

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