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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La rotación volcó al Athletic



Unai Lôpez tuvo una oportunidad como titular pero fue sustituido en el descanso. Foto AC

Unai Lôpez tuvo una oportunidad como titular pero fue sustituido en el descanso. Foto AC

Esto de las rotaciones tiene su miga. Se pueden contar con los dedos de una mano los equipos que pueden encajar sin pestañear seis cambios de golpe en su alineación titular. Para eso hace falta contar al menos con un crack de talla mundial capaz de solucionar los problemas por sí solo. Sobra decir que el Athletic no tiene ningún jugador se características ni siquiera parecidas. Cuenta con Aduriz, sí, que es el que con sus goles puede cargar con todo el equipo en determinados momentos, pero el delantero alcanza hasta donde alcanza.

Valverde decidió que el Athletic encarara su partido contra el Granada con seis cambios respecto a su alineación titular. Si descontamos al portero, más de medio equipo nuevo sobre el terreno de juego. Le debió de dar un siroco porque hasta la fecha el técnico se había mostrado muy reacio a mover el equipo. Es verdad que hasta ahora tampoco había estado disputando la Champions League pegándose palizas contra unos brasileños disfrazados de ucranianos y que las circunstancias eran otras, pero con todo y con eso, cambiar seis jugadores de golpe, cuando las lesiones ya estaban obligando a descartar a Laporte e Ibai, parece un exceso para este Athletic y para cualquier equipo normal.

Cuando el año pasado el técnico probaba con Iturraspe, Beñat y Herrera en el centro del campo, estábamos ante una línea muy bonita de peloteros, pero la pregunta era ¿quién defiende en semejante invento?. La respuesta tuvo nombre y apellido: Mikel Rico. Con él llegó el equilibrio siempre imprescindible, incluso en el fútbol.

Pues bien, ante el Granada el centro del campo del Athletic estuvo formado por Iturraspe, Morán y Unai López; toda una invitación que ningún rival podía rechazar. Y menos si añadimos que en la defensa también había novedades, con San José y Etxeita por el centro e Iraola en la banda derecha.

Todos estamos de acuerdo, y más en el caso del Athletic, en que hay que dar oportunidades a los nuevos valores para que se asienten en el camino y se conviertan en nuevos eslabones de la interminable cadena rojiblanca. Pero las oportunidades hay que darlas despacito y con buena letra. Unai López tiene toda la pinta de que puede llegar a ser un futbolista estupendo. Tiene visión, calidad para tocarla a la primera y desparpajo para entrar a las disputas con su físico de minimosca. Pero Unai López es un futbolista que hasta la fecha ha jugado una sola temporada en Segunda B y ha aparecido tres veces en el primer equipo. Incluirle en una alineación habitual como única novedad es una cosa, pero darle la responsabilidad de dirigir el ataque de un equipo repleto de meritorios, otra.

Lo mismo puede decirse de Erik Morán, con más experiencia que su compañero aunque ésta se limite a catorce apariciones en el primer equipo el año pasado. Con semejante centro del campo a nadie puede extrañarle que el Granada se hiciera con el partido de salida y no lo soltara hasta el descanso. Todo el primer tiempo fue un despropósito para un Athletic incapaz de ganar en la zona ancha, castigado por la comodidad con la que se desenvolvían los volantes rivales e impedido para buscar situaciones de ataque con un mínimo de consistencia.

Iraizoz tuvo que realizar alguna parada de mucho mérito y estar muy atento a los balones que caían a su área con más frecuencia que precisión, todo hay que decirlo. Para colmo, Iturraspe cometió la tontería de regalarle el balón a Córdoba cuando era el último hombre, y el delantero no perdonó. El partido estaba llegando al descanso y lo más destacado que había hecho el Athletic hasta entonces, había sido un cabezazo de Aduriz al que Roberto respondió con un paradón. Cuando sucedió tal evento corría ya el minuto 35.

El primer sacrificado por Valverde fue Unai López, que se quedó en la caseta en el descanso para que Viguera ocupara su lugar. Pero lo único que cambió en el desarrollo del partido fue algo tan previsible como el repliegue del Granada para guardar el tesoro de su gol de ventaja. El Athletic corrió más o, mejor dicho, se dio más prisa en cometer los mismos o parecidos errores que en la primera parte. Con Viguera por detrás de Aduriz pareció que los rojiblancos percutían más en la defensa rival. Susaeta tuvo más espacios por la derecha mientras que por la izquierda Balenziaga subía una y otra vez para encontrarse siempre con el mismo dilema no resuelto: cómo centrar con la zurda sin conseguir desbordar al lateral.

En realidad, cuando el partido cambió de verdad fue con la entrada de Mikel Rico por Morán. El centro del campo del Athletic recuperó un perfil más reconocible. Rico imprimió energía y dinamismo al equipo. Ofreciéndose constantemente, abrió líneas de pase, dio soluciones y facilitó la vida a sus compañeros. Pero aunque todavía quedaban 40 minutos, ya empezaba a ser demasiado tarde.

Da la impresión de que después de los fuegos artificiales contra el Nápoles al Athletic se le ha mojado la pólvora. El de ayer fue el tercer partido consecutivo que acaba con su marcador a cero, un hecho insólito en los últimos tiempos. Es verdad que estos tres partidos tienen muy poco que ver entre sí y que los rivales y las circunstancias han sido muy diferentes en cada caso. Pero hay un común denominador a todos ellos: la falta de inspiración del Athletic para fabricar fútbol de ataque. Una cosa es llegar y no acertar y otra cosa en no llegar, y el Athletic no está llegando. Un remate contra el barcelonista Bravo, otro contra el Shakhtar y el cabezazo de Aduriz despejado por Roberto, constituyen el lamentable balance rojiblanco.

La posición por detrás de Aduriz sigue sin dueño por más que sean muchos los aspirantes. Beñat, Unai López, Muniain como recurso, Viguera… son por orden de aparición los candidatos, pero ninguno acaba de convencer. Valverde tiene un problema ahí y tendrá que solucionarlo a corto plazo. Pero los castings, mejor en Lezama que en partido oficial.

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