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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La solidaridad por bandera



Moerman lideró al Bilbao Basket en el tramo inicial del partido. Foto BB

Moerman lideró al Bilbao Basket en el tramo inicial del partido. Foto BB

Era de justicia. El baloncesto vizcaino, quizás el ‘efecto Miribilla’, perdió el pasado miércoles a Maialen Molina, jugadora del Bidegintza, y su pareja Borja en un trágico accidente de tráfico y la solidaridad se extendió de punta a punta. En Miribilla más de 9.000 personas guardaron un emotivo minuto de silencio antes de que el Bilbao Basket brindara a la familia de los fallecidos otra victoria sin mácula, que apenas sirve de consuelo para las dramáticas pérdidas, pero que indica que la vida sigue y que el baloncesto puede ser un cálido refugio en tiempos difíciles y un buen motivo para esbozar una sonrisa.

Bien lo saben los habituales del Bilbao Arena esta temporada que aún no han visto perder a su equipo. También el Assignia Manresa, bienintencionado en su propuesta pero muy blando, sufrió a un equipo que calca el guion de un partido a otro: pega un arreón inicial para marcar el terreno, después permite un rato hacer la goma a su rival y, al final, lo remata para evitarse esfuerzos físicos y mentales. No es emocionante, pero a su público tampoco le importa. Se lo pasa bien igualmente porque ve a un equipo muy sólido, comprometido y solidario que es capaz de ofrecer un baloncesto espectacular. Contra los catalanes, ocho jugadores superaron los ocho puntos de anotación, casi todos cogieron algún rebote y casi todos dieron alguna asistencia para superar de nuevo los ochenta puntos.

El Bilbao Basket atraviesa uno de esos momentos en el que tiene las cosas clarísimas. Conoce cuáles son los claves de cada partido, las ejecuta y, además, le salen bien. Una buena salida, liderada por Hervelle gracias a puertas-atrás de manual, fue esencial para que el Assignia Manresa entendiera que no iba a ser uno de esos días en que un equipo superior se relaja y se confía por lo que iba a tener que dar más de lo que tiene. El Bilbao Basket manejó el partido siempre por delante y fue repartiendo el protagonismo entre diferentes hombres mientras que en el multinacional conjunto del Bagès solo Troy De Vries era una referencia fiable. En este sentido, fue curioso que en el momento en que el búlgaro Alexander Yanev anotó un triple, ya había logrado más puntos que todos sus compatriotas del Lukoil Academic el pasado miércoles.

Eran detalles anecdóticos de un encuentro que el Bilbao Basket dominaba, pese a que durante unos minutos del segundo cuarto se descontroló. Moerman, muy activo, había colocado una ventaja de doce puntos, pero el Assignia Manresa, con defensas alternativas, había logrado enredar el asunto y descubrir algunos agujeros defensivos entre los hombres de negro. Pero el descanso hizo su efecto, la defensa se recompuso, pese al empeño de De Vries, y Vasileiadis y Hamilton protagonizaron el tercer cuarto para volver a colocar la renta en los quince puntos, demasiados para un equipo que solo ha ganado un partido y que después de diez jornadas aún está buscando la identidad que debe llevarle a la permanencia.

En el Bilbao Basket esa fase está superada. La maquinaria está perfectamente engrasada y sus miras están mucho más altas. Con la victoria fuera de peligro, hubo tiempo para que Fotis Katsikaris repartiera los minutos casi a partes iguales y para pensar en otras cosas. Por ejemplo, en esa camiseta desnuda de publicidad por primera vez desde que el equipo bilbaino está en la Liga ACB. El Bilbao Basket vuelve a ser Bilbao Basket, como cuando empezó hace trece años su andadura. Por eso, y esto es solo una sugerencia, habría sido una buena idea rescatar, siquiera por unos partidos, el color rojo para las equipaciones en homenaje a aquellos inicios en La Casilla. En la NBA le llaman moda vintage, estilo retro, y resulta un filón para los expertos del merchandising.

De todas formas, se espera que la ausencia de patrocinador sea solo temporal ya que el club negocia el ingreso de otra firma para devolver la tranquilidad económica al proyecto y respaldar la gran labor que está haciendo la plantilla. La salida de Gescrap se saldó con un acuerdo que ha dejado 750.000 en las arcas del Bilbao Basket, un término medio entre el millón y medio de euros que reclamaba el club para esta temporada y los cero euros que defendía la empresa de reciclaje. Quizás nadie haya quedado conforme del todo, pero es mejor así: mejor acabar con buenas palabras que enfrente de un tribunal.

El Bilbao Basket ha encontrado el oxígeno que necesitaba para respirar y cumplir con sus compromisos y puede mantener el rumbo firme hacia la Copa. El tercer puesto es suyo, la cita de Gasteiz está a solo un par de victorias de distancia y la ilusión puebla las gradas del Bilbao Arena, un escenario donde la solidaridad parece decidida a instalarse. La transmite el equipo con su comportamiento y su manera de entender el juego, la notaron las dolidas familias de los fallecidos en Zalla y la sentirán las asociaciones sin ánimo de lucro de Bizkaia que participarán en la campaña “Un partido, una causa” que el club, a través de su Fundación, ha puesto en marcha. En cada encuentro en casa, una de ellas, la primera fue Bolunta, tendrá la oportunidad de darse a conocer y transmitir sus valores. El Bilbao Basket parece decidido a recuperar esa cercanía de los viejos tiempos que muchos empezaban a echar en falta. Si el proyecto se ha integrado, como parece, en la realidad social que le rodea, es el momento de demostrarlo. Nunca es tarde para recuperar buenos hábitos, aunque ahora se vista de negro.

 

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