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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La tormenta perfecta



Berizzo ya es historia en el Athletic. Dos victorias en quince partidos son una marca insostenible

El Athletic está metido de lleno en la tormenta perfecta. Destituido el entrenador que debía devolver el juego y la alegría, sustituido por el responsable del Bilbao Athletic, cuya trayectoria en los banquillos profesionales en los últimos años tampoco es para echar cohetes, con los jugadores deprimidos y la afición anestesiada por el espanto, lo último que necesita este club es un proceso electoral que se prolongue hasta el día 27, lo que equivale a un partido de Copa, en Huesca, y tres de Liga, ante el Girona y el Valladolid en San Mamés y frente al Alavés en Mendizorroza.

La destitución de Berizzo no es ninguna sorpresa. Ningún club del mundo, ni siquiera uno tan peculiar como el Athletic, puede sostener a un entrenador que presenta los números del técnico argentino: dos victorias en quince partidos de competición. Por cierto, tampoco ningún club del mundo se podría sostener razonablemente con un delantero que lleva dos años sin marcar un gol en su propio campo en Liga, pero esa es otra historia.

Berizzo ya llevaba semanas con los días contados, valga la paradoja. Él mismo ha reconocido que en cualquier otro club ya hubiera estado cesado. Es una lástima su fracaso, y duele que su carrera en el Athletic tenga que acabar de una forma tan abrupta. Su propuesta cuando llegó pareció más que interesante. La realidad del fútbol ramplón del Athletic no se ha correspondido con la promesa de un juego de calidad. Es la ley del fútbol. La cuenta atrás de un entrenador empieza un segundo después de que estampe su firma en un contrato. La de Berizzo ha sido corta. Llegó en  verano y se va cuando el invierno no ha empezado todavía. Vayamos a los clásicos: no se comerá el turrón en Bilbao. Una pena, insisto.

El cese de Berizzo es una decisión obligada a sabiendas de que no hay garantías de que sea la solución. El declive deportivo del Athletic comenzó el último año de Valverde, se acentuó bajo el mando de Ziganda y se ha agravado a las órdenes del argentino. No, no es culpa del entrenador, o no solo, desde luego.

El problema es que el Athletic, por sus características, está obligado a sufrir una transición cada cierto tiempo, lo que Aurtenetxe describió como los dientes de sierra, y esta vez el punto bajo coincide con un momento de crecimiento de todos sus rivales gracias al dinero de la televisión. Si obviamos a los multimillonarios Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid, el resto de la Primera División es clase media o clase media-alta. Con cincuenta millones de euros llovidos del cielo cada año se pueden apañar unas plantillas de muy buen ver, con tres o cuatro jugadores determinantes. El Athletic tiene que sembrar, podar y regar el huerto de Lezama, como siempre, y ahora, además, corre el riesgo de que le arrebaten los frutos incluso antes de que maduren. Así es todo mucho más complicado como estamos comprobando cada semana. Cada vez es más difícil encontrar a tres peores.

Se le está reprochando al presidente saliente su falta de diligencia a la hora de renovar una plantilla cuya decadencia saltaba a la vista. La crítica en el fútbol suele adolecer de desmemoria y además es gratis. A lo largo de estos siete años largos de mandato de Urrutia, se han incorporado al Athletic dieciocho jugadores. A saber y por orden de llegada: Aduriz, Herrerín, Isma López, Beñat, Kike Sola, Rico, Balenziaga, Etxeita, Viguera, Raúl García, Bóveda, Elustondo, Eraso, Capa, Ganea, Iñigo Martínez, Berchiche y Dani García. Se podrá cuestionar el nivel medio, pero esto es lo que hay. Los que quieran seguir soñando con Azpilicueta, Monreal, o similares, pueden seguir haciéndolo. Soñar es gratis; fichar es carísimo y si encima no quieren venir, imposible.

A cambio el Athletic ha perdido a Llorente, Javi Martínez, Herrera, Amorebieta, Kepa o Laporte, entre otros, y ha sufrido la retirada de Iraola o Gurpegi. Sin olvidar a gente como Toquero, Ibai Gómez o Ekiza, que en su día tuvieron su protagonismo. El balance final es evidentemente negativo, no hay duda. La pregunta es cómo se hubiera podido evitar. Me temo que no hay una respuesta razonable. Hoy en día el futbolista es dueño de su destino. Vienen los que quieren venir; los que quieren marcharse, se van. Y no es una simple cuestión de dinero.

El Athletic está metido en un lío, el cambio obligado en el banquillo siempre lo es, agravado por un proceso electoral que este viernes va a cumplir uno de sus hitos más importantes: la presentación de los avales que otorgan al aspirante la calidad de candidato. Y lo que hemos visto hasta ahora de las elecciones no es precisamente tranquilizador. Las dos candidaturas están enfrascadas en la recogida de firmas sin que el socio sepa a ciencia cierta lo que le ofrece cada una.

De la lista continuista conocemos al menos a la mayoría de sus componentes, casi todas caras conocidas de la junta saliente, y sabemos que su cabeza visible quiere marcar un perfil propio distinto del de su antecesor en el cargo, subrayando, eso sí, una gestión económica sin tacha. Además, ha anunciado que no establecerá líneas rojas a la hora de fichar, afirmación que automáticamente dibujó a todo color el rostro de Llorente en el imaginario de la audiencia que acudió a la inauguración de su sede electoral. Veremos.

Después de las dudas iniciales – ahora me presento, ahora no me presento, ahora sí me presento – de la lista alternativa sabemos que alberga a siete periodistas, lo que no es óbice para que organice una comparecencia de prensa sin preguntas, o para que en una acción de comunicación utilice sin permiso la imagen de una profesional del club. También sabemos que, en teoría, estará organizada en seis comisiones, una de ellas, la de innovación, todavía nonata. Lo que no sabemos es cómo ha pensado resolver el engorroso asunto del aval, dado que la Ley del Deporte de 1990 que “impide presentar un proyecto y una candidatura solvente, sólida y que esté a la altura de este club” ,sigue en vigor a día de hoy.

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