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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La tregua del Mundial



Rusia inauguró su Mundial con una goleada sobre Arabia Saudita

Hasta en una guerra tan cruel como Primera Mundial, hubo una tregua en medio de la carnicería: la célebre tregua de la Navidad de 1914, en la que tras cantar unos villancicos a coro en las trincheras enfrentadas, los soldados británicos y alemanes salieron de sus agujeros, se intercambiaron cigarrillos en tierra de nadie y acabaron disputando un partido de fútbol, haciendo caso omiso a las órdenes de sus oficiales. Después de aquello se siguieron matando a mansalva durante cuatro años, pero el fútbol tuvo algo que ver en que hubiera paz al menos durante unas horas.

Ha empezado el Mundial y uno espera que la cita de Rusia abra un paréntesis de tregua en la guerra de rumores, infundios y noticias interesadas que zarandean al fútbol y afean cada vez más al periodismo especializado durante todos los veranos. Sería estupendo que al menos durante este mes las miradas confluyeran en Rusia y las noticias hablaran de goles, fueras de juego, tácticas y estrategias, en lugar de fichajes, traspasos, cláusulas, incondicionales amores al escudo y traiciones a los colores.

Me temo que no. Que no habrá tregua del Mundial y que mientras el fútbol esté viviendo su gran fiesta en Rusia, aquí seguiremos sufriendo el fuego graneado de los rumores, las exclusivas y las primicias de todo a cien en versión profesional y amateur. Al fichaje de Lopetegui por el Real Madrid, le ha sucedido la declaración de Griezzman, por medio de algo así como un biopic en el que se narra el proceso que ha seguido antes de tomar una decisión entre seguir como colchonero o vestir de azulgrana. ¿Qué será lo próximo?

El Real Madrid, el club más observado, seguido y escrutado por más medios de comunicación de todo el mundo, ha proporcionado estos días dos de la noticias más espectaculares de los últimos tiempos: la despedida de Zidane y el fichaje de Lopetegui. Nadie vio ni oyó nada; ni siquiera lo intuyó. Ni los profesionales ni los amateurs; ni los del yo ya lo dije, ni los del como adelantó este periódico. Nadie. ¿Servirá de lección?. Por supuesto que no. The show must go on.

Por aquí seguimos con nuestro culebrón particular de Mikel Merino, un caso único en la historia mundial de los fichajes, como el Athletic es único en la historia del fútbol mundial, según tituló L’Equipe hace mil años. Porque el de Merino es el único caso en el que el interés por un futbolista y su precio crecen de forma inversamente proporcional a sus minutos como titular. Si este verano consuma un nuevo traspaso, será el tercero de su carrera profesional, lo que no está nada mal para un sub-21, ni mucho menos para sus agentes, claro, mal llamados representantes cuando el castellano tiene una palabra tan precisamente descriptiva como comisionistas.

Pero ya está aquí el Mundial así que vamos a disfrutarlo porque solo ocurre cada cuatro años. Ya está aquí el Mundial con sus frikis disfrazados en la grada, sus banderas y sus himnos. Rusia y Arabia Saudíta han inaugurado el evento con un partido que se ha desarrollado y ha culminado de acuerdo a la desigualdad de los protagonistas. Rusia ha ganado con facilidad a un rival que está en el Mundial porque a la FIFA le interesa más la cantidad que la calidad. Cuantos más países accedan a la fase final, más dinero se genera y más votos cautivos produce para los mandatarios. Bajo el argumento de que el fútbol es de todo el mundo, se ha ido ampliando la nómina de participantes con un montón de países de relleno que desvirtúan la primera fase de la competición.

En esta edición tenemos la novedad del VAR, que no se estrenó en el partido inaugural porque no hizo falta. No hubo jugadas dudosas. Lo más dudoso de la tarde fueron los planos en los que aparecía Infantino, el presidente de la FIFA, en medio de Mohamed bin Salmán y Putin; hay carteles de películas de terror que asustan menos que esa imagen.

La historia de Arabia Saudita en los Mundiales es corta. Empezó en la Copa de Estados Unidos en 1994, donde obtuvo su mejor resultado: cayó en octavos ante Suecia. Después se clasificó consecutivamente para las citas de Francia 1998, Corea y Japón 2002, y Alemania 2006, pero siempre le eliminaron en la fase de grupos.

De Rusia sabemos más porque su trayectoria es más larga y ha tenido más relación con nuestro fútbol desde aquella final de la Eurocopa del gol de Marcelino a Yashin. Eran los tiempos en los que el equipo soviético era el único que llevababa una leyenda en el pecho de su camiseta: unas siglas misteriosas CCCP, que la imaginación y el humor popular traducían como cucurrucucu paloma, y Matías Prats describía su fútbol como mecánico y organizado. Jugaran como jugaran, los soviéticos eran siempre mecánicos, como correspondía a la propaganda de la guerra fría y la lectura del Selecciones del Reader Digest, aquel boletín de la CIA tan moderno y tan bien diseñado en medio del páramo editorial de la época. La verdad es que aquellos mocetones también ayudaban a la descripción con sus cortes de pelo de estilo militar en tiempos en los que en occidente hacía años que se habían hecho famosas las melenas y el aspecto desaliñado de George Best o las barbas de Barry Hulshoff.

Seguro que en la historia del fútbol ruso ocupan un capítulo destacado dos árbitros españoles: Lamo Castillo y Sánchez Arminio. Con el primero se cruzaron en el Mundial de España 82. Quién sabe lo que hubiera sido de aquel brillante Brasil que lideraba Sócrates, si Lamo Castillo no llega a arbitrar su primer partido de la fase de grupos con la URSS en Sevilla. Se adelantaron los soviéticos en el primer tiempo, pero Sócrates empató en el tramo final del partido y Eder volteó el marcador en el último instante. Nada que no ocurra en muchos partidos, salvo que en medio Lamo Castillo anuló dos goles a los soviéticos y expulsó a uno de sus mejores futbolistas, el goleador georgiano Shengelia.

Cuatro años después, en el Mundial de México 86, los soviéticos se volvieron a cruzar con otro árbitro, en esta ocasión ejerciendo de juez de línea: Sánchez Arminio. La URSS había hecho una gran primera fase acabando como líder invicto de su grupo. En octavos de final se cruzó con Bélgica y con Sánchez Arminio. Ganaban los soviéticos por 2-1 cumpliendo los pronósticos que les situaban como favoritos, cuando, otra vez en el tramo final del partido, el belga Ceulemans se escapó de su marcador en fuera de juego. Sánchez Arminio levantó el banderín, lo bajó, lo volvió a levantar, y lo bajó definitivamente sin que los jugadores de Valery Lobanobsky supieran a qué carta quedarse. Ceulemans empató, el partido se fue a la prórroga y los soviéticos cayeron en octavos. En cuartos de final el meta belga Pfaff, detuvo el penalti decisivo que eliminaba a España, pero esa es otra historia.

 

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