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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La victoria más plácida



Etxeita marcó por fin en un corner e Iturraspe mandó en el centro del campo secundado por Rico. Foto AC

Cuesta recordar un partido más tranquilo en San Mamés esta temporada. Cuando no ha sido por una cosa, ha sido por otra, pero cada encuentro en la catedral ha venido siendo una cita con el sufrimiento, en muchas ocasiones porque el Athletic se ha empeñado en dar vida a rivales inferiores. Zorya y Formentera fueron las cumbres en este aspecto, pero hubo otros muchos partidos en los que el aficionado abandonó el campo con un rictus de decepción dibujado en el rostro.

Con estos antecedentes, y con las semanitas que llevaba el entorno rojiblanco entretenido con otras cuestiones ajenas al rectángulo verde, costaba imaginar que el compromiso contra el Alavés, en el que la gran noticia era el regreso de Yeray a la convocatoria, se iba a acabar solventando con tanta solvencia y tranquilidad.

Se decía que el Alavés estaba marcando una trayectoria ascendente desde que Aberlado se sienta en su banquillo y era cierto, tal y como lo refrendaban sus resultados. Pero después de los noventa minutos de ayer, el que de verdad sigue con su trayectoria ascendente es el Athletic que con estos tres puntos da un salto considerable en la clasificación hasta el octavo puesto y parece dejar definitivamente atrás los miedos que provocan los fantasmas que habitan los sótanos de tabla.

Iturraspe aportó el orden y el criterio que tantas veces ha echado en falta el Athletic en el centro del campo. Secundado por el estajanovista Mikel Rico, el de Abadiño mejoró notablemente la circulación de la pelota aportando variedad en los pases, siempre con sentido, bien para ralentizar, bien para iniciar el ataque, bien para descargar el juego. El equipo agradeció esta claridad de ideas, no sufrió nunca, corrió menos de lo habitual y fue siempre superior a un rival que no encontró nunca la pelota y vio a Herrerín con prismáticos.

Todo es más fácil cuando el balón circula con limpieza. Susaeta confirmó su buen momento y no hizo más que crecer  a medida que transcurría el partido hasta acabar dibujando un par de arabescos que provocaron la admiración de la grada. Williams estiró el equipo lo que pudo en su banda, pero sigue enfadado con las porterías de San Mamés y acabó exasperando al personal, que sigue esperando ansioso que los buenos propósitos de Iñaki fraguen en goles contantes y sonantes. Raúl García, siempre a lo suyo, fue una pesadilla sobre todo para los centrales del Alavés, que vivieron un espejismo porque Aduriz tuvo menos balones que lo que suele ser habitual en casa.

El de ayer fue uno de esos días en los que las cosas salen rodadas casi sin querer. Después de 94 corners tirados a la basura y después de 18 jornadas disputadas, Etxeita marcó en el primer saque de esquina del partido en el minuto 8, con un remate que se envenenó para acabar entrando por la escuadra. Adelantarse en el marcador fue mano de santo para los rojiblancos que si ya habían salido más intensos que el Alavés, ratificaron su superioridad a partir de la ventaja.

Los blanquiazules, tímidos en el arranque, siguieron sin dar señales de vida, como si el gol encajado no fuera con ellos. Tanto es así que las únicas situaciones  en las cercanías del área que sobresaltaron el duermevela de la grada, las protagonizaron Saborit y Laporte con algunas acciones en las que sobró suficiencia y faltó sentido común. Muy poca cosa, de cualquier manera como para temer por el resultado.

El segundo tiempo transcurrió por idénticos parámetros. El Athletic siguió llevando el partido a su antojo, jugando siempre en  campo rival y manejando la pelota con autoridad y buen sentido. El problema, como en otras ocasiones, era su falta de contundencia para sentenciar el marcador. Entre las buenas intervenciones de Pacheco, la falta de puntería de Williams y la indecisión de todos en los metros finales, el partido continuaba en el filo de la navaja de la ventaja mínima y quien más quien menos, recordaba los antecedentes.

Dio la impresión de que el plan del Alavés consistía precisamente en eso, en aguantar el paso de los minutos para tratar de buscar el milagro de una jugada suelta o un rebote afortunado en el tramo final. Nunca lo sabremos porque cuando todavía faltaba media hora, el árbitro señaló como penalti una caída de Raúl García en el área en pugna con Alexis. En realidad el que señaló la pena máxima fue el auxiliar, que vio la jugada a la espalda de los  protagonistas. Fue una acción más que dudosa, pero ya está dicho que hay días en los que las cosas salen bien casi sin querer. Aduriz transformó desde los once metros y acabó con la mínima esperanza que todavía le podía quedar al Alavés.

Con lo sustancial asegurado, al partido solo le quedaron los flecos de lo accesorio. La salida de Yeray a calentar en la banda acompañado por una ovación compacta y unánime, constituyó el momento más emotivo de la tarde. Lo único que quedada por dilucidar en el tramo final era si Yeray tendría algún minuto con el marcador resuelto. Ziganda no se sumó a la idea y prefirió dar entrada a Sabin Merino en el minuto 90, por cierto, un cambio que se podía haber ahorrado y tampoco hubiera pasado nada.

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