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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Laporte tendrá muchas ocasiones para desquitarse de lo de Granada



LAPORTE EIBAR PENALTI

Texto publicado en Marca el 24-11-15

Si no ocurrieran cosas como las que le pasaron al Athletic en Granada el fútbol no sería fútbol y no convocaría a 500 millones de espectadores ante las pantallas de televisión para ver un partido, por muy ‘clásico’ que fuera. El imprevisto es parte sustancial de este deporte. Por muchas estadísticas que se empleen para medirlo y tratar de comprenderlo desde un punto de vista racional, al final siempre estará al albur de una genialidad o de una metedura de pata que dislocará el argumento.

Al  Athletic le tocó de lo segundo, y por partida doble, en su choque contra el Granada. Las casas de apuestas, que se basan en la estadística, daban como claro favorito al equipo de Valverde. Venía de ganar sus últimos cinco partidos y parecía un equipo lanzado hacia los puestos altos de la tabla. El Granada no había sido capaz de ganar un triste partido en su campo y Sandoval lamentaba varias bajas sensibles.

A los cuatro minutos Laporte se encargó de desbaratar el pronóstico y durante el resto del partido, salvo diez minutos en el arranque de la segunda parte, sus compañeros se empeñaron en desmentir a los oráculos, víctimas de un ataque de amnesia colectiva, incapaces de pasarse el  balón más de dos veces seguidas.

Laporte fue el protagonista negativo primero con su autogol y después con un mal pase que provocó la jugada del segundo tanto granadino, que segó de raíz la reacción del Athletic tras el descanso. Tuvo tiempo incluso de cometer otro fallo que no acabó en penalti y expulsión de milagro. Cómo sería la cosa que él mismo se adelantó a señalarse como responsable ante sus compañeros en el propio terreno de juego.

Al de Agen todo le ha llegado muy pronto: la titularidad en el primer equipo prácticamente en edad juvenil, y una presencia destacada en las agendas de los intermediarios y de los directores técnicos, aunque un contrato recién renovado hasta 2019, y una cláusula de 50 millones, la más alta de la plantilla, parecen argumentos suficientemente disuasorios.

Aymeric  Laporte es todavía un chaval que acaba de cumplir los 21, aunque esta semana se cumplan tres años de su debut en el primer equipo, lo que debería ser tiempo suficiente para que fuera corrigiendo esos pecados de juventud que están marcando su trayectoria como rojiblanco.

Su calidad técnica y un físico poderoso le permiten jugar con una suficiencia que partido sí y partido también, acaba creando algún problema al equipo en forma de pérdida de balón en un lugar comprometido o un desajuste defensivo. Va siendo hora de que aprenda a discriminar situaciones del juego y termine de calibrar lo fina que es la línea que separa la sutileza técnica del error grueso. El mejor escribano echa un borrón y Laporte tiene años por delante para escribir una bonita historia en el Athletic.

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