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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Las lesiones de Laporte y Aduriz agravan otro fiasco lejos de San Mamés



Seguimos con las preguntas que nos hacíamos el jueves después del partido contra el APOEL. ¿Qué tiene más delito?, ¿que un futbolista desmarcado con el balón controlado en el área pequeña no acierte a enviarlo a la red, o que otro futbolista no sepa controlar un pase corto de un compañero a diez metros de su propia área y se deje robar la cartera? Pues ambas circunstancias ocurrieron en Mestalla en el plazo de un minuto y corrieron a cargo de Iñigo Lekue y Ander Iturraspe. En las botas de ambos se empezó a decidir la suerte de un partido que acabó  convertido en un drama para el Athletic, porque a la derrota se le sumaron las lesiones de Laporte, cambiado a la media hora de juego, y de Aduriz, que salió al campo como revulsivo en el minuto 53 y se retiró cojeando en el 56 dejando a su equipo con diez, puesto que Valverde ya había agotado los cambios.

Iturraspe se ha convertido este año en tema recurrente de conversación y en una especie de calibre con el que el personal trata de medir el alcance de las filias y las fobias de Valverde. Me confieso partidario del centrocampista de Abadiño al que he echado en falta en más de un partido este año. Pero en Mestalla cargó de razones a quienes estaban de acuerdo con Valverde cuando el técnico no le daba bola. Iturraspe volvió a mostrar su perfil más desesperante, ese que provocó que Bielsa le retirara del campo en los primeros minutos de un partido. La jugada en la que perdió el balón que dio origen al primer gol del Valencia no fue un hecho circunstancial sino la culminación de una actuación que rayó en la indolencia.

Valverde le señaló ordenando su cambio al comienzo de la segunda parte. El otro señalado por el técnico fue su compañero de fatigas, Lekue. Sin ser nunca un titular indiscutible, este chico ya acumula más de medio centenar de partidos en los dos años que lleva en el primer equipo, tiempo y oportunidades suficientes para demostrar algo más tangible que unas buenas maneras. Ante el Valencia volvió a ser un futbolista tan blando que uno duda si sería capaz de hacerse con un papel en el reparto de El Lago de los Cisnes. Con toda la paciencia que merece un jugador que empieza, ya va siendo hora de que Lekue responda con hechos a las esperanzas que técnicos y aficionados han depositado en su persona.

Pero aunque estos dos jugadores quedaron retratados por sus fallos y por el propio técnico que les quitó del equipo nada más empezar la segunda parte, sería injusto no repartir responsabilidades entre todos. Valverde quiso salir del paso en este partido con una alineación absolutamente condicionada por la eliminatoria ante el APOEL. La cosa no pudo salir peor; si buscó evitar un sobreesfuerzo a sus hombres, se encontró con medio partido jugado en inferioridad numérica y con las lesiones de dos jugadores clave como Laporte y Aduriz.

La tarde no pudo ser más negra para un Athletic de circunstancias que empezó comprobando que en el circo de tres pistas en el que han convertido al Valencia y a Mestalla, basta un ligero empujoncito para derribar a un equipo ansioso que vive instalado en una permanente crisis nerviosa. Al Athletic le era suficiente con mover la pelota con un mínimo criterio y buscar a los rivales en su propio campo, para sentirse dueño de la situación.Incluso con una alineación tan peculiar que presentaba a  Raúl García como hombre en punta y Lekue, Eraso y Muniain en la segunda línea, el Athletic mantuvo durante diez minutos la ilusión de que podría acabar con su nefasta racha como visitante.

Consecuencia de lo que estaba pasando hasta entonces fue la ocasión clamorosa que desperdició Lekue. Todo el mundo sabe que este año a los visitantes de Mestalla les basta con adelantarse en el marcador porque el resto del trabajo se lo hacen a medias entre la grada y los jugadores del Valencia. El Athletic tuvo la ocasión de romper el sistema nervioso del valencianismo, como han hecho casi todos los que han jugado este curso en Mestalla, pero falló y en la jugada siguiente repitió el fallo cerca de su propia área. Generosos como nadie, los de Valverde le dieron al Valencia la respiración asistida que necesitaba para sobrevivir. Que en el tiempo añadido de la primera parte Zaza, una especie de Toquero en malote,  hiciera el segundo gol entra dentro de esa lógica peculiar en la que lleva instalado el Athletic visitante.

Para entonces Etxeita ya había sustituido al lesionado Laporte y al Athletic formaba con una defensa con De Marcos, Boveda, Etxeita y Saborit, o sea, con un solo titular que se ha pasado más de media temporada en el dique seco. Por delante Iturraspe y San José perdían todos sus duelos y cedían ante la presión de unos rivales azuzados por la necesidad y temerosos de una nueva reprimenda de su público.

Hay días en los que es mejor no levantarse de la cama y éste fue uno de ellos. Valverde se la jugó con dos cambios simultáneos retirando a los dos protagonistas de las jugadas clave del partido para dar entrada a Aduriz y Williams. La cosa iba de una reorganización completa del frente de ataque, pero apenas duró tres minutos, el tiempo que tardó Aduriz en sentir un pinchazo en el muslo en una carrera con su marcador. Ahí se acabó todo porque estaba claro que diez jugadores no iban a arreglar el desaguisado de once.

Que Williams fuera capaz de plantarse solo ante Alves en una jugada personal puede dar una idea de lo que da de sí este Valencia que se tentaba la ropa y solo quería que corriera el reloj pese a tener enfrente a un rival disminuido. Pero Williams  tampoco acertó a batir al portero, lo que privó al Athletic de un tramo final de partido ciertamente curioso.

 

 

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