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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Las siete vidas de Carlos Gurpegi



Carlos Gurpegi se duele tras un choque con el portero de Osasuna en el partido de la primera vuelta en San Mamés. Foto MITXI

Carlos Gurpegi se duele tras un choque con el portero de Osasuna en el partido de la primera vuelta en San Mamés. Foto MITXI

Marcelo Bielsa ensayó el miércoles con una defensa formada por Iraola y De Marcos en las bandas y un trío de centrales formado por Aurtenetxe, Ekiza y Gurpegi. Todavía no sabía que el comité de competición había retirado la quinta amarilla a Laporte. La prueba se puede observar desde diversas perspectivas. Podríamos estar ante un cambio de sistema en función de las características del próximo rival, de un ensayo con perspectivas a más largo plazo, o incluso ante el regreso de Aurtenetxe a su posición natural de central vista su evolución como lateral izquierdo. Bielsa podría aclarar cuál de estas posibilidades es la que más se aproxima a su pensamiento aunque, probablemente, dijera que ninguna porque de lo que aquí se trata de verdad es del regreso de Carlos Gurpegi un mes después de su última lesión. El de Andosilla es seguramente el jugador más querido por Bielsa aunque no sea uno de los que más ha utilizado y no precisamente por falta de ganas. El técnico de Rosario encuentra en Gurpegi una serie de virtudes que el Athletic está echando mucho en falta y que van más allá de lo meramente futbolístico. Para Bielsa, Gurpegi es el futbolista idóneo para ejercer el papel de referencia, de galvanizador, de jugador capaz de poner orden en medio del desconcierto y, sobre todo, de dar ejemplo de entrega y disposición al sacrificio en los momentos difíciles. Pocos jugadores pueden decir que han superado  en su carrera dos parones que suman prácticamente tres temporadas completas.

Bielsa ha añorado a Gurpegi en muchos partidos, y no solo este año en el que las cosas están más torcidas y no abunda precisamente la mano de obra. De hecho la temporada anterior solo pudo contar con el centrocampista en siete partidos de Liga y dos de Europa League. En el presente curso Gurpegi ya había participado en 18 encuentros de Liga y siete europeos, buenas cifras para un futbolista que ha tenido una de las carreras más accidentadas que se recuerdan en el Athletic.

Ha estado ausente un mes, desde el 19 de febrero, pero ahí está de nuevo Carlos Gurpegi dispuesto a dar guerra y a asumir lo que le echen a punto de cumplir 33 años de edad y después de once temporadas en el primer equipo. Lo suyo es un continuo restañarse las heridas y regresar al combate como si nada hubiera pasado. La determinación con la que se emplea en las disputas de los balones aéreos un tipo con su historial atenta contra el más elemental sentido se la supervivencia.

Ultimo percance: 16 de Febrero, la Rosaleda. Gurpegi abandona el campo en el minuto 27 por culpa de una lesión muscular. No es la primera vez que recorre ese viacrucis, cabizbajo y lamentando su mala suerte. Al menos esta vez podía hacerlo por su propio pie y no en una camilla, semiinconsciente, como en aquella ocasión en El Molinón cuando tras chocar con Cuéllar, el portero del Sporting, quedó tendido sobre el césped con el maxilar superior fracturado. Y no era la primera vez.

La lesión muscular de Málaga derivó en una intervención quirúrgica casi por sorpresa tres días después. Aprovechando la inactividad a la que le obligaban sus problemas con los isquiotibiales, Gurpegi entró por octava vez en su carrera en un quirófano, ahora para extirparle una plica sinovial que le causaba molestias en la rodilla.

Entre una cosa y otra le ha costado un mes de ausencia, poca cosa para su historial y para su pundonor. En la primera vuelta también acabó lesionado el partido que el Athletic jugó contra el Getafe en San Mamés. Sufrió un esguince de tobillo que le obligó a retirarse a los quince minutos de juego. A la vista de sus antecedentes todo el mundo temió lo peor, pero siete días después formaba en el equipo titular que ganó en Granada.

«Las he visto de todos los colores en el Athletic» dijo en una entrevista cuando iniciaba el último tramo de la recuperación de la lesión más grave que ha padecido. Rotura del ligamento cruzado anterior, rezaba el parte médico horas después de que el jugador abandonara el campo de Mestalla en octubre de la temporada pasada, cuando solo habían transcurrido nueve jornadas de Liga. Un mes más tarde pasaba por el quirófano para arreglar el desaguisado. Una infección complicó el proceso, prolongó dos semanas su estancia en la clínica y le dejó con cinco kilos menos de peso. La temporada había terminado para él aunque llegó a tiempo para estar al menos cerca de sus compañeros en las finales que tan brillantemente alcanzó el equipo.

Fue la lesión más grave pero no la única. Carlos Gurpegi comprendió que la cosa era seria en el mismo momento en el que sintió el chasquido en su rodilla; era la misma sensación que sintió muchos antes, siendo todavía juvenil; esas cosas no se olvidan y menos si eres futbolista. Porque a lo largo de su carrera no le han faltado esguinces de tobillo o problemas musculares leves, y hasta una herida inciso-contusa en la cabeza que se cerró con siete puntos de sutura; gajes del oficio que no suponen más allá de un par de semanas de fisioterapia y hielo, pecata minuta para un futbolista con la cara cincelada a golpes como la de un boxeador. El portero sportinguista Cuellar le dejó KO y con el maxilar superior fracturado, pero dos años antes un choque con Iñaki Lafuente en un entrenamiento acabó con un diagnóstico de traumatismo craneoencéfalico. También entonces el equipo médico quiso aprovechar el parón forzoso para arreglar otras partes de la anatomía de Gurpegi. Apenas recuperado del golpetazo en la cara fue intervenido en Munich por la doctora Ulrike Muschaweck de osteopatía de pubis. Claro que en su caso no se trató de una simple operación sino de dos en el plazo de tres días, primero el lado derecho y después el izquierdo.

Todo eso ya lo había sufrido dos años antes de que se produjera el episodio más negro de su historial: la suspensión de su licencia durante veinte meses por un positivo nunca aclarado del todo, después de un proceso kafkiano en el que le tocó interpretar el papel de chivo expiatorio en un país del que sospechan todos los organismos internacionales. El 8 de agosto de 2006 la Federación Española de fútbol le retiró la ficha y no se la devolvió hasta el 23 de abril de 2008. Fue su periodo más largo alejado de los terrenos de juego. No pudo participar ni en partidos amistosos. Ocho meses después de su regreso sufrió el ya comentado choque con Cuéllar y cuatro meses después el delantero del Numancia, Gorka Brit, volvió a romperle su ya descalabrado tabique nasal.

Carlos Gurpegi está de vuelta y seguro que Marcelo Bielsa no tardará en buscarle acomodo en el equipo. Si no es en el próximo partido será en el siguiente pero el técnico sabe que podrá contar con el único jugador que le aporta algo distinto a lo que le ofrece el resto de la plantilla, ese valor intangible que tanto suele pesar en el rendimiento de los equipos. El aficionado del Athletic coincide en la misma percepción. Por eso Gurpegi es uno de sus jugadores más queridos. No es el más técnico, ni el más fuerte, ni el más estético en su juego. Pero tiene algo que le diferencia: su capacidad para sobreponerse a la adversidad, su espíritu de combate, su predisposición a no volver nunca la cara, aunque se la partan. Y esos son valores que siempre han cotizado muy alto en la bolsa de San Mamés.

 

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