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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Lezama, otra vez en el ojo del huracán



La estructura de técnicos de Lezama ha sufrido una auténtica revolución

La estructura de técnicos de Lezama ha sufrido una auténtica revolución

A estas alturas de la vida uno ya no aspira a conocer la verdad absoluta; se conforma con alguna información, aunque de antemano la sepa sesgada, y algún dato suelto que le permita hacerse una composición de lugar más o menos aproximada, basada en una mezcla de intuición y experiencia; poca cosa, lo justo para ir tirando en la ficción de que uno sabe por dónde pisa. Pretender conocer la verdad de lo que ha pasado en Lezama es una entelequia; uno se daría por satisfecho si le contaran un cuento de apariencia creíble. Ya sé que es aspirar a mucho, porque, probablemente, hasta los propios protagonistas tendrían dificultades para concertar un relato coherente.

Es curioso lo que ocurre con Lezama. La joya de la corona, el corazón del Athletic, el cofre donde se guarda la identidad del club, ha estado en el punto de mira de tirios y troyanos desde cinco minutos después de que Félix Oraa anunciara su creación. De hecho, al Athletic le pasó con Lezama lo que a Colón con América, que no supo lo que descubrió hasta años después del descubrimiento. Lezama se pensó para una cosa y resultó otra. Tampoco es tan raro que esté siempre en el centro de la polémica.

Sobre Lezama se dirigen todos los dedos acusadores cuando las cosas le van mal al primer equipo y desaparece del primer plano cuando los resultados deportivos acompañan. La novedad en este caso es que se haya convertido en noticia con el Athletic clasificado para Europa, el Bilbao Athletic peleando por regresar a Segunda después de veinte años y muchos balcones decorados en rojiblanco celebrando todavía la reciente final de Copa. Y hay más. La crisis se produce cuando no ha habido unas elecciones por medio y Lezama parecía definitivamente a salvo de injerencias externas. Por primera vez en su historia, una directiva revoluciona la estructura de cantera que ella misma había creado cuatro años antes sin que, a simple vista al menos, se aprecie que en ese tiempo se haya producido una catástrofe.

Lo insólito de la situación requeriría una explicación plausible y rápida, sobre todo rápida, para que la bola deje de crecer en una época del año en la que los medios están ayunos de noticias. No se exige un streptease integral, ni un auto de fe con hoguera en el patio de Ibaigane; sencillamente se pide una explicación, más que nada para enfriar la imaginación popular que ya se sabe que es calenturienta y tendente al incendio. La información es el mejor antídoto contra el rumor.

No entraré a analizar lo que ha sucedido porque confieso que de este caso solo se que no se nada. Lezama es un microcosmos con vida propia, muchas veces tan alejada de Ibaigane que se diría que ambos entes habitan distintas galaxias. Los dimes y diretes han sido siempre consustanciales a la vida de la factoría rojiblanca. Se podría escribir un libro, y no precisamente flaco, con las historias de intrigas, amores y odios que han rondado por bares y tribunas más o menos públicas. Algunas son verdad, otras, exageraciones; las más,  bulos que alguien hizo correr y otros hicieron crecer. Casi medio siglo de historia da para mucho y ha pasado mucha gente por Lezama, cada uno con su entorno, con su forma de ver las cosas, el Athletic y, por qué no, la vida. Y esta sociedad es muy pequeña para que todo eso no acabe alimentando muchas comidillas.

Lo mejor de todo es que Lezama tiene la suficiente energía propia como para sobrevivir a todas las crisis, reales o fabuladas, que ha sufrido a lo largo de su ya dilatada historia. La cantera del Athletic funciona más que razonablemente bien y la prueba está en sus resultados. El Athletic sería impensable sin Lezama por mucho que se empeñen sus detractores. Con altibajos y con rachas, la factoría produce material para el primer equipo con una regularidad que contradice tanto a sus críticos como a los profetas de la verdad revelada que cada cuatro años aproximadamente, se suben a un taburete para anunciarnos a voces que ellos sí que tienen la fórmula de la Coca Cola.

Obsérvese que nadie está discutiendo de lo principal, es decir, del método. Qué diferencia a los que se van de los que llegan; cuáles son los ideas que van a dejar se ponerse en práctica por fracasadas  y cuáles las que se van a implantar a partir del mes que viene. Se habla de relaciones personales cuando deberíamos estar hablando de fútbol.

Soy de los que pienso que la política de comunicación del club no es tan mala como algunos lamentan aunque sí creo que es manifiestamente mejorable. Este es uno de esos momentos en los que el club tiene que retomar una iniciativa que, de momento, ya ha perdido en el terreno epistolar, y cortar de raíz una crisis algo más que incipiente dejando las cosas todo lo claras que se puedan dejar, a sabiendas de que siempre habrá quien quiera seguir alimentando el incendio. Y a ser posible, que esta vez no participe el que redactó aquella nota de respuesta a Bielsa cuando aquel asunto de las obras de Lezama. ¡Vaya por Dios, qué casualidad!

 

 

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