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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Lo previsto…y también dos huevos duros



Susaeta tuvo algunos destellos durante unos minutos de la primera parte

Susaeta tuvo algunos destellos durante unos minutos de la primera parte


…y también dos huevos duros. La frase la inmortalizaron los inmortales Hermanos Marx. Groucho pedía un interminable comanda al camarero, y desde el otro lado de la puerta Chico añadía al pedido: “y también dos huevos duros”. Groucho seguía recitando una interminable lista de comestibles y Chico apuntaba: “y también dos huevos duros”.

Anoche en el Santiago Bernabéu al Athletic le pasó todo lo que estaba previsto que le podía pasar…y también dos huevos duros. Si no llega a ser por Gorka Iraizoz, aquella página negra del 7-1 con Senekowitsch en el banquillo hubiera quedado como una simpática anécdota treinta y cuatro años después.

La visita al campo del Real Madrid fue otro episodio lamentable para el Athletic. Si en mejores condiciones para los rojiblancos y peores para los blancos la historia ha acabado siempre en desastre, qué decir en esta ocasión, cuando el Athletic llegaba sumido en una depresión a la casa de un Madrid en fase de despegue. Y si el primer gol del partido llega a los dos minutos, apaga y vámonos, claro.

Cabría hacer algunas consideraciones en el plano futbolístico aunque ahora pueda sonar ventajista. Empezando por las decisiones del entrenador, no parece prudente que en las circunstancias que precedían al partido el Athletic lo encarara con una alineación que podría presentar para recibir en San Mamés al Córdoba, pongamos por caso. Está muy bien eso de mantener la personalidad y sacar al campo el equipo que se cree idóneo, manteniendo la fidelidad a las ideas propias al margen de la identidad del rival y del escenario. Eso está muy bien cuando, efectivamente, ese equipo tiene una personalidad demostrada, ideas y una probada confianza en sus capacidades; el año pasado, por ejemplo, o en aquella primera loca temporada de Bielsa, claro. Pero no es ese el caso de este Athletic precisamente. Al contrario, este equipo duda de todo y el nivel de su personalidad, autoestima o llámese como se quiera, ya quedó en evidencia recientemente en un lugar llamado Borisov.

A lo mejor no hubiera estado de más protegerse un poquito, aun a riesgo de que te llamen cobarde, más que nada para no jugártela a correr contra un rival que sabes que es más rápido que tú y que te va a ganar todas las carreras. Probablemente el resultado hubiera sido el mismo, pero a lo mejor el equipo hubiera tenido más pinta de eso, de equipo en competición. Porque a lo largo del segundo tiempo el Athletic recordó muchísimo al Washington Generals, aquel equipo-sparring que los Harlem Globetrotters masacraban una y otra vez haciendo canastas por debajo de la pierna y malabares con el balón. Era un espectáculo muy divertido, aunque todos sabíamos que no estábamos viendo un partido de verdad. Como lo de ayer en el Bernabéu más o menos.

Por seguir con los que saltaron al campo, ya sabemos que el equipo no está atravesando su mejor momento de juego, pero a falta de fútbol hay unos mínimos exigibles a cualquier futbolista y más a uno del Athletic aunque solo sea por la leyenda que le precede. Y es admisible que si el rival es más rápido y arranca con mejor colocación te gane la carrera, pero lo que no puede ser es que también te gane todos los choques, llegue antes a todas las disputas y se lleve todos los rebotes. Es verdad que eso tiene mucho que ver con el mal momento futbolístico, pero también tiene una estrecha relación con la personalidad individual y del colectivo. De nuevo el Athletic se derrumbó de una forma escandalosa hasta acabar como un muñeco de pim-pam-pum, un cuerpo inerte que se limitaba a esperar el siguiente golpe con la sumisión de los corderos.

Gorka Iraizoz fue la única noticia positiva de la noche y que el portero sea el mejor de un equipo que pierde 5-0 dice mucho de lo que ocurrió en el campo. Fue precisamente Gorka quien nada más acabar recordó que esas cosas ocurren cuando un equipo no salta al campo con los cinco sentidos alertados y una concentración máxima. El reproche del portero está ahí y algo sabrá del asunto en su condición de testigo privilegiado del desastre; testigo, porque no sería justo incluir en la lista de protagonistas al único que compitió hasta el último minuto.

Al Athletic le pasó todo lo que le podía pasar. Le golearon, le vacilaron, le insultaron y le metieron un par de goles que en otros campos o en otras porterías se suelen anular. Pero esta vez no queda ni el consuelo de un arbitraje también previsible. A los dos minutos el Athletic ya perdía el partido y al filo del descanso firmaba su derrota. El rato que transcurrió entre los dos primeros goles se pudieron ver algunas cositas como un atisbo de mejoría de Susaeta, un cierto orden defensivo a la hora de tirar el fuera de juego y la voluntad que siempre ponen estos jugadores hasta que asumen lo irremediable de su destino. Y lo irremediable llegó dos minutos antes del descanso con el cabezazo de Benzema facilitado por el codazo alevoso de Cristiano a Gurpegui. También el joven Guillermo se llevó un codazo de Sergio Ramos que será la parte más destacada de la historia de su debut en el Bernabéu cuando se la cuente a sus nietos.

Pero pese a que el Athletic mantuvo la apariencia de que se sostenía en el campo, la impresión era que la debacle solo sería cuestión de tiempo. Y ocurrió en la continuación. La brecha abierta en la cabeza de Beñat adelantó veinte minutos la maniobra habitual de Valverde. En lugar de hacerla sobre la hora de juego, la llevó a cabo en el descanso. Beñat se quedó en al caseta, Ibai salió para jugar en la banda izquierda y Muniain pasó a la posición de media punta. Ibai no fue ni más ni menos responsable que el resto de sus compañeros, pero su poca disciplina defensiva multiplicó los problemas de Balenziaga, por si no había tenido suficientes con los suyos hasta entonces. Sin ayudas, el lateral izquierdo se limitó a ver pasar como un bólido a Bale una y otra vez. Desmantelado ese lado, no tardó en caer la banda derecha, donde a De Marcos le llegaban a pares, hasta que finalmente acabaron derrumbándose toda la defensa y todo el equipo. Sin balón, sin sitio, sin orden ni concierto, afloraron todos los problemas que ha tenido el Athletic a lo largo del último mes. Fallar un pase a cuatro metros contra e Eibar puede significar un contratiempo; hacerlo contra el Madrid y repetidas veces es hacer oposiciones al ridículo. Bale, Cristiano y Benzema disfrutaron como si estuvieran jugando ante un juvenil. Modric, Kroos y James no se podían creer las facilidades que tenían para recuperar y montar la siguiente jugada pasando por encima de Iturraspe y Rico. El Athletic fue durante un segundo tiempo eterno, el Washington Generals que veía a los Globetrotters hacer desaparecer el balón en sus narices y anotar canastas con los ojos cerrados ante la hilaridad del público.

La derrota en el Bernabéu era más que previsible, incluso podía esperarse una goleada, pero además también hubo dos huevos duros para que no faltara de nada. Porque una cosa es que te ganen, incluso que te goleen, y otra que te pinten la cara.

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