Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Lo que diga Raúl López



Mumbrú fue otra vez una de las claves del Uxue Bilbao Basket. Foto UBB

Mumbrú fue otra vez una de las claves del Uxue Bilbao Basket. Foto UBB

El Uxue Bilbao Basket sigue vivo en la Eurocup y dependiendo de sí mismo para acceder a los cuartos de final. Tal es el balance que deja la victoria (91-76) ante el Valencia Basket en un partido que invita al optimismo más allá de la competición europea, donde las cosas siguen aún complicadas. Los hombres de negro confirmaron la recuperación apuntada ante el Gran Canaria, lo que supone una gran noticia de cara a las próximas semanas donde al equipo bilbaino le esperan compromisos de la máxima exigencia. De nuevo, el Uxue Bilbao Basket demostró su capacidad para salir de las cuerdas, para manejarse en situaciones límite. Pero lo mejor, con todo, fue que lo hizo con la aportación de diez jugadores que se repartieron los minutos entre 15 del que menos participó y 24 del que más. Varios de ellos, cuestionados en las últimas fechas, lanzaron un sonoro “aquí estamos” para dejar claro que su papel en el equipo puede ser importante.

El partido nació con el protagonismo de Álex Mumbrú que, percutiendo en el poste bajo, trató de generar dificultades a Thomas Kelati porque sabía que en el otro lado el estadounidense también le iba a hacer sufrir. Con un 8-0 en dos minutos se abrió un partido que vivió como una montaña rusa hasta el descanso. Los valencianos igualaron en apenas tres minutos y el Uxue Bilbao Basket volvió a escaparse gracias a la aportación de su capitán, con 10 puntos en el primer cuarto, y de su mejor versión defensiva. Pero el conjunto taronja es un hueso muy duro de roer y en el segundo cuarto provocó un seísmo en el Bilbao Arena, que afortunadamente no pasó a mayores.

El equipo local se atascó en ataque, estuvo cinco minutos sin anotar por culpa de varias malas selecciones y de no mover convenientemente la defensa, que coincidieron justo con los mejores minutos de los de Velimir Perasovic. El Valencia Basket enganchó cuatro triples seguidos y otras acciones de mérito para marcar un parcial de 0-18 que amenazaba derribo. De ganar por siete puntos, el Uxue Bilbao Basket pasó en un pis pas a perder por once (31-42) en un partido en el que la derrota estaba prohibida. La sensación de emergencia se agudizó en Miribilla, pero el equipo no se descompuso, siguió con su plan que consistía en desactivar a Rafa Martínez, a Dubljevic y a Doellman, los más capacitados en el bando taronja para producir puntos, y esperó que llegará su momento.

Llegó, claro, porque en el Uxue Bilbao Basket juega Raúl López y con el base de Vic en cancha, un balón en una mano y la varita mágica en la otra, todo resulta más sencillo, tanto que el baloncesto parece algo al alcance de cualquiera. Cuando eso ocurre, solo queda abrir bien los ojos y la boca, ponerse el babero y disfrutar. El catalán cerró el primer tiempo con una canasta a aro pasado que dejaba la desventaja en tres puntos (41-44) y con eso que el desaparecido Andrés Montes llamaba “la sonrisa del jugón”. Raúl López estaba tramando algo, como se comprobó después. Abrió la segunda parte de la misma manera y desplegó todo su repertorio de jugador de rango NBA en el inicio del tercer cuarto para prolongar el parcial y dejarlo en un 16-0 que dio al equipo la tranquilidad necesaria. El mejor base que ha dado el baloncesto español en los últimos 30 años, rodillas al margen, puso el balón donde quiso y cuando quiso y trasladó todas las dudas al equipo de enfrente. La montaña rusa era ya una plácida cuesta abajo para el conjunto local.

El Valencia Basket, un equipo habitualmente largo y con muchos recursos ofensivos, no encontraba a sus referencias más allá de Faverani y Kelati, mientras que el Uxue Bilbao Basket alargó su rotación como nunca, frenó la sangría de triples taronjas y empezó a soltarse en ataque. Llegar a 91 puntos con solo cinco triples anotados tiene mucho mérito ante una defensa agresiva y de mucho contacto como la valenciana. Rául López la abrió en canal y por allí entró el que quiso. Jugadores como Zisis, Pilepic y Rakovic, que habían protagonizado algunos debates que cuestionaban su rendimiento, dieron un gran paso adelante y estuvieron en cancha en los mejores minutos del equipo. Se cumplió de nuevo ese axioma de que todo el mundo es necesario y nadie imprescindible. En un conjunto con las aspiraciones del bilbaino y que, además, necesita frescura de piernas para que su defensa sea sólida, no es bueno que nadie se pegue minutadas a costa de bajar el nivel de intensidad. Cuando los esfuerzos se reparten, todo el mundo se involucra y cree ser útil. Es lo que le hizo fuerte al Uxue Bilbao Basket en los primeros compases del curso y lo que debe alimentarle a partir de ahora.

De esta forma, el equipo bilbaino manejó toda la segunda parte. Vasileiadis, por ejemplo, no jugó en todo el último cuarto por culpa de su falta de inspiración, un intermitente Hamilton también dejó su sitio a Rakovic que firmó diez puntos en los últimos seis minutos y Zisis encontró el atrevimiento que la había faltado otros días para desequilibrar absolutamente el choque desde la posición de base. Aquí estamos para lo que se necesite, fue su mensaje. Aquí estamos, proclamó Fotis Katsikaris tras uno de esos partidos que satisface a cualquier entrenador. En apenas una semana, los hombres de negro han salido de un agujero que parecía muy profundo y, aunque el amplio triunfo ante el Valencia Basket no borra aún los graves tropiezos ante el CEZ Nymburk y el VEF Riga, sí permite mantener las esperanzas y recuperar la confianza en un grupo al que el calendario no le da tregua.

El Barcelona el domingo, el Valencia de nuevo el martes y el Real Madrid para abrir el mes de febrero son platos de primer nivel que culminarán con el postre de la Copa. Pero el Uxue Bilbao Basket tiene al frente de los fogones de su juego un cocinero de los de tres estrellas, un tipo humilde y discreto que se ha ganado el corazón de los aficionados al baloncesto de Bizkaia sin necesidad de sobreactuar. Simplemente, hace baloncesto desde los ingredientes básicos, sin artificios ni trampas. El Valencia Basket fue la penúltima víctima de un genio que encendió la llama de la esperanza.

Share This: