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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Los dioses abandonaron al Athletic



Patidifuso. Esa es la viejuna palabra que mejor define el estado de ánimo con el que el personal abandonó San Mamés el jueves. La misma grada que pedía alegre y ambiciosa, beste bat, beste bat, después de que Williams hiciera el tercer gol, salía del campo mohína y cariacontecida, preguntándose qué demonios había pasado para que lo que se dibujaba más como un paseo que como una eliminatoria europea, se perfilara como un horizonte sombrío en una lejana isla del Mediterráneo donde al Athletic le esperan los trabajos de Hércules.

Había división de opiniones. Unos pensaban que los males del Athletic se debían a su escasa puntería. Se aferraban a la estadística, que hoy en día, gracias al teléfono móvil, nos convierte a todos en unos doctores en la materia. El Athletic remató 22 veces sobre la portería del APOEL, pero solo cobró tres goles, dato que cargaba de razones a quienes buscaban una explicación en el punto de mira torcido. Pero la otra mitad del personal, prefería señalar a la defensa, enarbolando también la estadística, claro. El APOEL remató tres veces contra Iraizoz; cobró dos goles y el portero, aliado con el poste, evitó un tercero haciendo la parada de la noche. Con los números en la mano, también los que buscaban responsabilidades en la irresponsabilidad de la defensa rojiblanca tenían más razón que un santo .

Como la virtud está en el término medio, habrá que convenir que ambas facciones de la estupefacta hinchada rojiblanca tenían su punto de razón. Un equipo con un nivel rematador medio le hubiera hecho una avería histórica al APOEL. El Athletic remató 22 veces, pero es que más de la mitad de estos remates fueron ocasiones manifiestas de gol, aunque del portero chipriota se recuerdan tan solo un par de paradas de cierto mérito.

El visitante salió vivo de San Mamés solo porque el fútbol suele gastar de vez en cuando estas bromas de mal gusto. Se pueden buscar explicaciones en la ceguera de los delanteros o en los despistes defensivos del Athletic, pero en casos como el del jueves, casi es más razonable tirar por la cosa esotérica y sospechar que los dioses estuvieron con los chipriotas y abandonaron miserablemente a los rojiblancos.

Hay días en los que ni siquiera queda el derecho a la queja, por muy enfadado que esté uno. Poco se puede reprochar al equipo de Valverde, que protagonizó una ofensiva total de principio a fin, con picos de intensidad, durante muchos minutos de la segunda parte, en los que el APOEL, no solo sacó bandera blanca como dijo Valverde, sino que pidió la intervención de los cascos azules.

Pocos partidos tendrá Williams en su carrera en los que pueda someter de la forma en que lo hizo al lateral que le marcaba. Iñaki entró por la banda cuándo y como quiso, ganando tiempo y espacio para elegir el centro y templar el envío. Acertó pocas veces, y cuando lo hizo falló el rematador de turno.

Para cuando Efrem marcó el primer gol tras ganar la espalda al confiado De Marcos, se habían visto hasta cuatro ocasiones de todos los colores en la portería de Waterman. La traca había empezado con tres disparos consecutivos que se estrellaron en diferentes cuerpos, un cabezo alto de Muniain a bocajarro y completamente desmarcado, un disparo lejano a colocar de Raúl García que el portero detuvo en dos tiempos, el segundo sentado sobre la raya… El gol del empate tuvo que llegar en la enésima internada de Williams, cuyo remate repelió como pudo Waterman para que Balenziaga cazara el rechace y llevara el balón a la red con un disparo violento que tuvo que tocar en dos defensas y el larguero para completar la carambola.

Si el primer tiempo el partido se jugó en una sola dirección, la segunda parte fue una avalancha rojiblanca que acabó por enterrar a los chipriotas. El Athletic le dio la vuelta al marcador, consiguió una renta holgada y continuó buscando la resolución de la eliminatoria por la vía rápida. Tan claro lo vio Valverde que quitó de golpe a Iturraspe y Balenziaga, algo tocado, para dar entrada a San José y Lekue.  Se podrá discutir si era realmente necesario cambiar a Iturraspe, pero la maniobra no fue determinante en el partido. Era todo tan evidente  que Christiansen no tuvo reparo en retirar en el minuto 77 a su delantero estrella, Sotiriou, para dar entrada a un central como Astiz. Para el APOEL conservar el 3-1 ya era un triunfo.Qué decir cuando en el minuto 89, casi sin comerlo ni beberlo, hicieron su segundo gol y se encontraron con un marcador propicio para intentar el milagro en su campo.

Ahora mismo, la afición del Athletic, que se dividía entre los que miraban a sus delanteros y los que apuntaban a los defensas para reprocharles el fiasco, está enfrascada en otro debate que se prolongará hasta el partido de vuelta. El sector racionalista sostiene que lo visto en San Mamés certifica que el Athletic es infinitamente superior al APOEL y que la lógica y el sentido común dicen que la eliminatoria caerá del lado rojiblanco por su propio peso. Los que se rigen por sus sensaciones y por esos pálpitos que todos tenemos cuando hablamos de fútbol, recuerdan lo que sintieron hace unos años en unas circunstancias que podrían considerarse equiparables. Recuerdan, en concreto, aquella célebre eliminatoria contra el Newcastle. En el minuto 57 del primer partido el Athletic estaba dando un espectáculo deprimente y se consideraba virtualmente eliminado con un 3-0. Pero el partido acabó con un 3-2 gracias a los goles de Ziganda y Suances. Los jugadores del Newcastle abandonaron el campo abatidos y con un profundo sentimiento de fracaso; los rojiblancos salieron exultantes, victoriosos pese a la derrota. No hace falta recordar cómo acabó aquello en la vuelta en San Mamés.

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