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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Los Estatutos de la marmota



Los dos miembros de la Comisión redactora de los Estatutos elegidos en su día por la Asamblea. Foto AC

Los dos miembros de la Comisión redactora de los Estatutos elegidos en su día por la Asamblea. Foto AC


Y volvemos al punto de partida. La Asamblea de compromisarios también rechazó el segundo intento de modernizar los Estatutos del Athletic. Era algo sencillo de prever pero complicado de entender. De hecho, de la intervenciones de los compromisarios no se pueden extraer un par de razonamientos claros que justifiquen el nuevo rechazo. Lo que a unos les gustaba a otros les desagradaba, y viceversa; si a la cosa le añades que la aprobación pasa por sumar los dos tercios de los votos favorables, está claro que no hay manera…ni la habrá.

Lo que la experiencia de muchos años demuestra es que el Athletic se divide entre los socios de a pie, que son la inmensa mayoría, y los compromisarios, quienes a su vez se subdividen entre los que adquirieron tal condición para ejercer de fiel infantería a las órdenes de quien les puso ahí y los que se tienen a sí mismos por los guardianes de las esencias rojiblancas.

A los socios de a pie, esos que un politico calificaría de mayoría silenciosa, asuntos como el de los Estatutos les importan más bien lo justo. A los socios de a pie lo que les interesa básicamente es que el equipo gane partidos, el club se gestione con honradez y, llegada la Asamblea anual, que el incremento de las cuotas sea razonable. Cada uno podrá interpretar esta actitud como quiera. Lo que está claro que la masa social no percibe éste de los Estatutos como un asunto de especial relevancia para el club, por mucho que, de hecho, lo tenga.

Ni los socios de a pie, ni los compromisarios, por cierto. Poco más de 300 de los casi 800 convocados estaban en el Euskalduna el pasado martes a la hora de empezar, aunque finalmente votaran 524. No puede decirse que la cosa levantara pasiones, ni siquiera en las redes sociales que tan fácilmente se incendian por el motivo más nimio. Como tampoco mereció un interés especial en los medios de comunicación, tan afilados habitualmente cuando llega la Asamblea anual. Veinticuatro horas después de celebrado el cónclave, apenas podían encontrarse referencias que no fueran resúmenes o comentarios a lo comentado, retrasados en los medios escritos por aquello de la hora de cierre. Pretender que la negativa de la Asamblea es un toque de atención al presidente Urrutia, no deja de ser un alarde de imaginación. No estaba en cuestión la gestión de la actual Junta, ni hubo una sola intervención en ese sentido. La propia composición de la comisión redactora, con dos de sus cinco miembros elegidos por la propia Asamblea desdice el argumento.

Habrá que resignarse a asumir que entre las particularidades del Athletic también existe ésta de los compromisarios guardianes de la moral y la virtud rojiblanca, celosos defensores de lo suyo, siempre ojo avizor, que no dejan pasar una, inasequibles al desaliento, capaces de dedicar una hora de Asamblea a cuestionar un gasto de 2.000 euros en un presupuesto de 50 millones. Socios a tiempo completo que han visto pasar por delante de su asiento los cadáveres de presidentes y directivos que en su día tuvieron que recurrir a la paciencia del santo Job para desbrozarles las cuentas con precisión de entomólogos, para recordarles año tras año que no se pueden hacer públicos los ingresos de los empleados, para reconocerles, en fin, lo importantes que son y qué sería del Athletic sin ellos. Algunos se quejaron precisamente de eso, de que nadie del club se había dirigido a ellos para agradecerles sus aportaciones y enmiendas al articulado. Mal hecho por parte del club, ciertamente, aunque a estas alturas todos deberían saber que la cortesía nunca ha sido uno de los fuertes del Athletic y menos en su relación con el socio. Mira tu por dónde, a lo mejor aprobar los estatutos es cuestión de una palmadita en la espalda. Que tome nota el próximo que lo intente, aunque visto lo visto, parece que la cosa irá para largo.

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