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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Los goles de Aduriz voltean un partido tremendo



La entrada de Mikel Rico cambió el rumbo del partido en el segundo tiempo. Foto AC

La entrada de Mikel Rico cambió el rumbo del partido en el segundo tiempo. Foto AC

Casi una hora necesitó el Athletic para cobrar su primer corner. Ya corría el minuto 55 cuando Beñat se encaminó a la esquina donde se coloca la afición rojiblanca más bulliciosa. Templó el servicio y al final de la parábola que trazó el esférico apareció Aduriz elevándose majestuoso para conectar un cabezazo que dobló la mano del guardameta Hitz. San Mamés empezó a respirar porque el gol que igualaba la contienda llegaba con tiempo por delante para buscar la remontada después de un primer tiempo en el que el descaro del Ausburg y la empanada del Athletic se combinaron para convertir el estreno europeo en un infierno.

Aduriz acabó dando la vuelta a un partido que se complicó desde el primer minuto. Pocas referencias había del Ausburg, por no decir ninguna. Sonaba el nombre de Altintop, pero por una mera cuestión familiar. El resto de la alineación era un grupo de perfectos desconocidos que se apresuraron a presentar sus credenciales en San Mamés.  Tipos de pierna fuerte, físico poderoso y nada ayunos de técnica individual, sobre todo de la mitad del campo hacia adelante. El Ausburg empezó el partido corriendo y presionando y acabo corriendo pero hundido.

El frenético ritmo que impuso el equipo germano en los primeros compases parecía llamado a bajar en intensidad en un cuarto de hora como mucho. Nadie aguanta todo el partido a ese nivel. Nadie que no sea un equipo alemán, claro. El Athletic no conseguía hacerse ni con el balón ni con el sitio porque llegaba tarde a todas partes. Altintop por un lado y Esswein por el otro, ponían en apuros a los laterales rojiblancos que se veían desbordados ante unos rivales que les llegaban casi siempre en ventaja.

Hubo un par de avisos de los alemanes antes de que a los quince minutos Altintop machacara  a Herrerín desde cerca  después de una parada del portero y un rechace de Laporte a la desesperada. La jugada ya había nacido torcida, en un mal despeje de Lekue a los pies de un rival en la zona caliente. El chaval acusó el golpe porque no consiguió recuperarse en todo el partido a pesar de que lo intentó siempre con bravura y sin volver la cara.

Pero lo peor  fue que todos sus compañeros entraron en un estado de nervios propiciado por el marcador en contra y la presión brutal que ejercían nos alemanes. Hacía falta precisión en el pase y orden entre líneas para superar el fútbol poderoso de un equipo que ya estaba demostrando mucho más de lo que se había anunciado. Pero el Athletic no tenía la noche a la hora del pase y el orden era manifiestamente mejorable en todas las líneas. Empezó a flaquear la defensa, para espanto del personal que veía que el segundo gol alemán podía llegar para acabar con el partido, el centro del campo flotaba en medio de la nada y arriba Aduriz, que no llegó a un mano a mano contra el portero en la ocasión más clara, parecía tener un día negado, lo mismo que un Raúl García que, a falta de fútbol, empezó a liarse en batallas subterráneas.

Solo Susaeta, extramotivado con el brazalete de capitán, se multiplicaba echando una mano atrás, cerrándose hacia el centro para abrir pasillo a De Marcos, o buscando la jugada personal al filo del área grande; demasiadas cosas que hacer incluso para un futbolista tan sacrificado y generoso como el de Eibar.

Valverde debió de ver la luz en el descanso. Dejó en la caseta a un Elustondo muy preocupado por no perder el sitio por delante de los centrales, pero poco afortunado y lento en la distribución, y dio entrada a Rico. Mano de santo. El relevo, que en anteriores citas había acusado la inactividad de una lesión en plena pretemporada, volvió con las baterías a tope, afortunadamente. Mikel Rico aportó al equipo toda la energía que requería la situación. Corrió, abarcó campo, robó y manejó la pelota; Rico volvió en su mejor versión y el Athletic lo agradeció. El Ausburg seguía a lo suyo, pero enfrente ya tenía otro rival, ese Athletic que no se rinde y que se crece en los momentos más críticos.

Los alemanes sabían muy bien de la potencia del Athletic a balón parado, pero ni así pudieron evitar que en el primer corner, Aduriz llevara la pelota a la red. El partido entró entonces en una dinámica espectacular, de ida y vuelta, con ocasiones en las dos porterías; el choque estuvo en el filo de la navaja hasta que Susaeta sentenció en el minuto 90 con un golazo que culminó su gran partido. Lo que no era más que el primer encuentro de una liguilla alcanzó durante toda la segunda parte honores de eliminatoria copera, con las emociones a flor de piel. Susaeta estaba on fire, y Aduriz ya tenía el gol entre ceja y ceja, pero el héroe rojiblanco era Herrerín, que tuvo que firmar media docena de paradas, alguna de gran mérito, para mantener vivo al equipo.

Ocurría que el Ausburg hacía peligro casi siempre que llegaba a la línea de tres cuartos con el balón controlado con un movimiento elemental. El juego empezaba por la izquierda para bascular a toda la defensa rojiblanca hacia ese lado, y culminaba con un pase a la derecha donde Esswein le ganaba la espalda una vez sí, y la siguiente también, a un Lekue desasistido y con las dificultades propias de colocación de un diestro en la banda izquierda. La entrada de Sabin Merino en el lugar de Ibai Gómez arregló la cosa a medias. El lateral tuvo ayudas más eficaces y la cosa no paso a mayores.

Siempre es importante empezar ganando en una liguilla tan corta, pero por lo visto en San Mamés el triunfo adquiere mayor relieve puesto que el Ausburg dio la impresión de ser un rival de mucho cuidado. La amplitud del marcador, injusta a todas luces, es un valor añadido en una competición en la que cualquier matiz puede decidir una clasificación. La noche tuvo un final feliz para los rojiblancos a costa, otra vez, de un esfuerzo  tremendo.

 

 

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