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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Los leones no saben meterla



Kike Sola falló ocasiones pero su rendimiento fue muy positivo teniendo en cuenta que ha estado inactivo cuatro meses

Kike Sola falló ocasiones pero su rendimiento fue muy positivo teniendo en cuenta que ha estado inactivo cuatro meses

Volvió a ocurrir y el personal se acordó de Anoeta. Bueno, de Anoeta y de los parientes en primer y segundo grado de algunos jugadores del Athletic, que el personal es muy dado a mentar a la familia en cuanto tiene ocasión. De nuevo los chicos de Valverde completaron un magnífico ejercicio de inoperancia frustrando las más que justificadas expectativas de sus seguidores. No por conocido el proceso resulta menos doloroso. El Athletic mueve la pelota con primor, presiona al rival como si éste le debiera dinero, llega al área contraria dibujando la jugada pinturera y cuando todo el mundo empieza a levantarse del asiento relamiéndose se antemano por el gol, al encargado de ejecutar al portero rival le pica la mosca de la torpeza y envía el balón al banderín de corner o se lo regala gentilmente al guardameta. Eso, cuando no ha sido el responsable de dar el último pase el que ha elegido la peor de las cuatro opciones posibles que todo el mundo está viendo desde la grada. ¿Será posible?…

A lo largo del primer tiempo contra el Betis el Athletic sumó diez llegadas, diez, como diez soles, que no está nada mal para un equipo que juega fuera de casa y que muchos ya quisieran para sí cuando juegan ante su parroquia. Pues nada. No vamos a decir que todas fueran clamorosas ocasiones de gol, no, pero fueron llegadas claras, situaciones en las que dispones del balón dentro del área, más o menos en la perpendicular de la portería, con buena visibilidad y excelentes condiciones atmosféricas. Qué menos que comprobar si el portero rival es bueno o malo. Pues no señor. Estos chicos son capaces de jugar medio partido en el área rival sin llegar a probar al guardameta. Fácil no es, también tiene su mérito esa capacidad de errar con tanta contumacia.

Diez llegadas, dominio absoluto de la pelota, juego en terreno rival, circunstancias que lejos de tecnicismos tan de moda, el aficionado de siempre ha resumido con un explícito ¡vaya baño les estamos dando!. Efectivamente, los de Valverde les dieron a los de Garrido un baño futbolístico en toda regla pero se fueron al descanso perdiendo el partido. Al Betis le costó 32 largos minutos asomarse a la portería de Herrerín. Y lo hizo gracias a una broma de Susaeta, a quien le dio un ataque de ‘herreritis’ en la banda, o sea, que se dedicó a caracolear y a regatearse a sí mismo hasta que consiguió dar un magnífico pase a un rival. Cedric remató fuera a puerta vacía con una torpeza insólita. En su caso tiene la disculpa de que sería por la falta de costumbre o porque todo se contagia menos la hermosura y tanto fallo en la otra portería acaba marcando tendencia. Seis minutos más tarde Chuli se fue de dos defensas rojiblancos como el que regatea conos en un entrenamiento, pero Herrerín desvió su remate. Segundo aviso. Y a la de tres, en el minuto 42, llegó la catástrofe: centró Juanfran con bastante mala idea, Herrerín cantó la Traviata y Rubén Castro cabeceó a la red. Ni el tipo del marcador se creía el 1-0 que se veía en el luminoso en el descanso.

El segundo tiempo fue un más de lo mismo pero en tono menor. Por seguir con la contabilidad, el Athletic redujo un cincuenta por cien su número de llegadas al área rival. Lo hizo en cinco ocasiones, que tampoco está nada mal, todo sea dicho, pero al igual que ocurriera en Anoeta, la fluidez de la primera parte dio paso a una clara sensación de atasco y de falta de ideas ante el repliegue, más intensivo si cabe, del rival. Jugando a la velocidad con la que lo hizo el Athletic en la segunda parte, necesitas un Messi que te resuelva la vida en el área, y el Athletic no tiene un goleador ni en los cromos.

El partido volvió a dejar sensaciones contradictorias en el ánimo del personal. Valverde presentó una alineación insólita sin Laporte, Iturraspe, Herrera, Muniain, ni Aduriz, que se había quedado en casa, y con Morán en el medio centro, Beñat e Ibai como titulares y Sola jugando los noventa minutos después de cuatro meses de inactividad. Era un equipo casi experimental que, sin embargo, se comportó como el titular para lo bueno y para lo malo. Es buen síntoma que el grupo no acuse los cambios y mantenga estilo y rendimiento, porque eso quiere decir que el entrenador dispone de un buen ramillete de posibilidades de relevo. Que el equipo no acuse demasiado la ausencia de un jugador como Iturraspe, clave de bóveda del entramado, dice mucho precisamente de ese entramado que ayer se sustentó en el chaval Morán y en el trabajo descomunal de Rico. Que Beñat ocupe el sitio de Herrera y no se note, quizá deba merecer una reflexión entre los técnicos. Y tampoco es mal tema de conversación el que propone el dibujo con el que acabó el Athletic el partido tras la sustitución de Rico, con Beñat en una posición más retrasada y Herrera en la media punta, una alternativa que podría valer en según y qué circunstancias.

Con todo, fue la reaparición de Kike Sola la que despertó más interés precisamente por el problema que tiene el Athletic en esa posición desde que se han desvelado las limitaciones físicas de Aduriz. De las quince llegadas que tuvo el equipo en el partido, el delantero estuvo en nueve, incluidos un remate a la base del poste en el último minuto y una jugada personal magnífica en el lateral del área que echó a la basura con un centro patético con todo el tiempo y el espacio para pensar y elegir. Sola se fajó con ganas y fuerza pero le faltó esa chispa que solo se adquiere con la competición. Casi siempre le faltó ese centímetro o ese segundo que median entre la ocasión que se va al limbo y el gol. Pero para un tipo que había jugado su último partido el 17 de agosto, no está nada mal lo que hizo. Ahora se trata de que las urgencias y cierta psicosis que empieza a generarse en torno al gol no ahoguen la esperanza.

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