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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Los meritorios suman un punto somnífero



Vesga fue titular por primera vez

Vesga fue titular por primera vez

Cualquier análisis del partido del Athletic en el campo del Espanyol tiene que pasar obligatoriamente por la alineación que presentó Valverde. Muy desgastados tiene que ver el técnico a sus hombres para decidirse a montar semejante revolución en la pizarra cuando por delante hay dos semanas de descanso. Como en el cuento del escorpión y la rana, lo de las rotaciones salvajes está en la naturaleza de Valverde.

Las lesiones y la factura europea lastraron al Athletic hasta convertirlo en un equipo al que se le vieron las intenciones desde lejos. Y las intenciones no eran otras que dejar pasar la tarde a la espera de cazar al rival en algún despiste. Como los pericos no se despistaron, nos quedamos en que la tarde pasó de una forma incluso más plácida de lo que se podía temer.

Faltaban en el equipo titular De Marcos, Laporte, Beñat, San José y Raúl García, y si consideramos semi titulares a Iturraspe, Muniain y Susaeta, nos encontramos con una alineación más parecida a una del Bilbao Athletic de los últimos dos años que a un primer equipo habitual. Y ya de lo de los porteros ni hablamos. Encima Balenziaga jugó medio groggy casi todo el partido tras sufrir el topetazo de un rival, y la lesión de Etxeita sobre la media hora obligó a Valverde a retocar la defensa quemando un cambio.

Afortunadamente para el Athletic enfrente estaba un Espanyol que todavía no ha ganado en casa y, viéndole jugar se entiende perfectamente la estadística. Llega a haber otro rival y a los rojiblancos les puede caer la del pulpo, y eso que atrás estuvieron firmes, liderados por un Yeray que pareció un veterano.

Si Valverde es honesto consigo mismo a estas horas tiene que estar encantado con el resultado. No podía aspirar a mucho más, dadas las circunstancias. Los que a la vista del empate a cero y el juego del equipo acusan al técnico por su falta de ambición y carácter amarrategui, equivocan completamente el tiro. Hay que tener mucho valor para plantear un partido entregando la manija del equipo a Vesga, un chaval que lleva un ratito en Primera División, y rodearlo de otros meritorios que, como mucho, en caso de catástrofe le podían acompañar en el sentimiento.

Los chavales y los meritorios respondieron con nota en el capítulo del carácter. Se comportaron con profesionalidad y hasta con un punto de veteranía en algunos casos. Lo que no se les puede exigir es que además ejerzan la superioridad suficiente para imponerse a un rival que por su propia situación de indigencia, no está para hacer regalos precisamente.

Como el Athletic se defendió bien y el Espanyol no supo atacar, el partido se convirtió en un magnífico somnífero a la hora de la siesta. Hacía tiempo que el Athletic no jugaba un partido tan insípido. Pelotazo va, pelotazo viene, buscando las carreras de Williams sin encontrarle; a Sabin no le vieron en ningún momento; se disfrazó muy bien de banderín de corner.

En estas circunstancias siempre te queda la carta de Aduriz. Un tipo que viene de marcar cinco tantos en un partido, puede meter gol rematando el maletín del masajista, pero entre que sus compañeros no consiguieron trenzar tres pases y los rivales estaban avisados, Aritz se retiró mediada la segunda parte sin haber olido el balón. Su cambio fue el certificado con sello y póliza que le faltaba presentar a Valverde para cerrar el empate.

Todos los partidos tienen su lado positivo, y el de Cornellá no es una excepción. La respuesta de Yeray sigue siendo una excelente noticia y la aparición de Vesga cabe calificarla de interesante por lo menos. En su conjunto la chavalería y los suplentes tienen que estar satisfechos. Demostraron que el Athletic tiene fondo de armario y que Valverde puede disponer de recambios cuando los necesite. Se agradecería que recurriera a ellos con más tiento y mesura, de uno en uno, o de dos en dos, por ejemplo.

Pero los partidos, como las monedas, tienen dos caras, así que en lado negativo habrá que anotar el atolondramiento que sigue padeciendo Williams, incapaz de hacer nada coherente con el balón en los pies, las desapariciones de Sabin Merino, un escapista más hábil que Houdini y la eterna falta de sentido táctico de Muniain gracias a la cual,  a Balenziaga le llegaron los rivales a pares en el tramo final.

Lo de permitir un centro cómodo a dos rivales desmarcados en el punto de penalti en la última jugada del partido, habrá que achacarlo a la inconsciencia propia de la juventud y tomárselo a broma si el aficionado quiere evitar peligrosas subidas de tensión.

 

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