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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Nadie lo sabe



Una imagen de la desolación de los jugadores del Bilbao Basket tras su fiasco en la Copa. Foto ACB

Una imagen de la desolación de los jugadores del Bilbao Basket tras su fiasco en la Copa. Foto ACB

“No sé lo que ha pasado”. “No sabemos lo que ha pasado”. Fueron las respuestas de Fotis Katsikaris y sus jugadores después de que el Uxue Bilbao Basket cayera en la Copa a las primeras de cambio de forma estrepitosa. Pues si ellos no lo sabían, menos aún sus aficionados, absolutamente defraudados, y los periodistas vizcainos que durante todo el sábado trataron de dar explicaciones a colegas de otras provincias que, menos cercanos a la actualidad del equipo bilbaino, en sus apuestas habían colocado a los hombres de negro en la final. Nadie sabía qué responder, cómo explicar el fracaso, porque nadie lo sabe.
Todo el mundo había hablado de que era una oportunidad inmejorable, de que será difícil volverse a encontrar en el torneo un cuadro tan favorable, de que nadie pensaba en otra cosa que no fuera la Copa y de que la ambición de todos era ir a buscar el título. Tendrá que ser otro porque a la hora de la verdad las palabras se las llevó el viento gélido de la capital de Euskadi y los hechos retrataron al Uxue Bilbao Basket. En la rueda de prensa de la víspera, el técnico había dejado caer la importancia del duelo de este martes en la República Checa, un indudable factor de distracción en la preparación de la Copa. Porque el paso del equipo por Gasteiz fue exactamente de doce horas. Alguien decidió que no era necesario viajar de víspera y el Uxue Bilbao Basket llegó al mediodía del viernes, con el tiempo justo para realizar la preceptiva sesión de tiro en el Buesa Arena, y regresó a medianoche con una derrota dolorosa y frustrante para quienes se habían hecho ilusiones, que eran muchos.
Por tercera edición consecutiva, el Uxue Bilbao Basket abandonó la Copa sin pena ni gloria. Ni siquiera se puede buscar atenuantes en forma de lesiones o imprevistos tras un partido en el que los de Katsikaris solo estuvieron por delante durante 18 segundos y fueron dominados de cabo a rabo por un Herbalife Gran Canaria que demostró tener mucha más ilusión, más de deseo de ganar y de superar por vez primera en su historia los cuartos de final. Tras el partido, Katsikaris habló de falta de intensidad, algo que cae en el debe de sus jugadores, y de incapacidad de variar el rumbo del partido, algo que es responsabilidad suya. Entre todos lo mataron y él solo se murió.
A la mayoría de la gente llegada de Bizkaia, el partido les recordó al vivido en abril de 2010 en el mismo escenario ante el Alba Berlín en la Final Four de la Eurocup. Como entonces, la iniciativa fue del equipo que vestía de amarillo y, como entonces, un pívot se erigió en el dueño del asunto. Acabado el choque, muchos ya situaban a Xavi Rey en la selección española después de firmar 22 puntos, 8 rebotes y 2 tapones. Cuando permites que un pívot, se llame Rey o Adam Chubb, se pase tres cuartas partes del partido a un metro del aro, lo normal es perder. Y eso le ocurrió al Uxue Bilbao Basket que cayó de nuevo ante un equipo que no es claramente superior.
Girando alrededor de su cinco, el Gran Canaria manejó el partido sin sobresaltos. La única ventaja vizcaina, 3-5, fue tan prematura que ni siquiera puede ser tenida en cuenta. Los jugadores de Pedro Martínez movían el balón en busca de buenos tiros mientras que los del Uxue Bilbao Basket volvían a insistir con Álex Mumbrú en el poste bajo para generar juego. El capitán no cejó en su empeño, sacó algunas ventajas y de hecho fue el mejor de su equipo, pero el problema fue que mientras él hacía eso, los demás miraban. El alero catalán fue el único al que el partido no le pesó. Sus compañeros se mostraron apocados, como sin tener una idea clara de lo que debían hacer, de si debían arriesgar o no, de dónde y cómo tenían que moverse.
Por más que Xavi Rey se saliera, el ataque funcionó bastante peor que la defensa porque el Uxue Bilbao Basket anotó 20 puntos menos que su media habitual. Pretender ganar partidos de este tipo a 60 puntos es un error en estos tiempos que corren porque la calidad de los equipos se acaba igualando y cualquiera tiene opciones de llevarse el gato al agua. Si se supone que la plantilla bilbaina es una de las mejores de la Liga Endesa, no tiene sentido limitar sus recursos ofensivos a Mumbrú, Vasileiadis y los fogonazos de Hamilton. El Gran Canaria encontró a un Rey muy por encima de lo habitual esta temporada, a Scheyer como alternativa al mal día de Toolson, a Bellas a buen nivel y a un Nelson muy participativo en el puesto de cuatro, en comparación con los cuatros del Uxue Bilbao Basket (Hervelle y Moerman) que casi no la olieron. Como, además, Raúl López y Nikos Zisis nunca encontraron el hilo del partido, los 40 minutos fueron una demostración de impotencia, culminada en los tres últimos minutos cuando, con la posibilidad de estrechar el marcador y hacer dudar al Gran Canaria, el conjunto vizcaino encadenó una falta de ataque de Mumbrú, un triple sin venir a cuento de Hamilton y dos rebotes ofensivos cedidos a los canarios.
Al final, pasó que el Uxue Bilbao Basket cayó a la primera en un torneo de eliminatorias, como viene siendo costumbre desde 2009. Pasó que la plantilla no creyó en lo que estaba haciendo. Y pasó que, mientras ayer el Barcelona y el Valencia Basket se preparaban para disputar la final, los hombres de negro volvían a los entrenamientos con la vista puesta en el decisivo duelo de este martes ante el CEZ Nymburk, el que solo con una victoria justificará lo que ocurrió en Gasteiz. Los taronjas estaban en idénticas circunstancias ya que también el martes juegan en Riga. Pero ellos sí han sabido aprovechar la oportunidad que les brindaba la bondad del cuadro para plantarse en su cuarta final de Copa, como hicieron en 2010. Será por eso que el Valencia Basket cuenta con tres títulos en su palmarés y el Bilbao Basket aún busca su primero.
Vista y no vista, la Copa de Gasteiz ya es historia porque para el Uxue Bilbao Basket no era ahora mismo un objetivo, aunque las declaraciones previas invitaran a los ingenuos a pensar lo contrario. Ya se ha dicho en este espacio que la plantilla no da para disputar tres competiciones porque el entrenador ha depositado su confianza en menos de la mitad de sus jugadores. Llegado el mes de febrero, algunos de ellos aún buscan su sitio, la manera de sentirse útiles con una cierta continuidad. El equipo está vivo en los dos frentes más importantes, pero las sensaciones que dejó en Gasteiz no fueron buenas. Demasiada tensión, demasiados evidentes gestos de disgusto, demasiadas explicaciones que dar para, al final, no dar ninguna. Por mucho que se empeñe Katsikaris en repetir que el equipo está bien, que todo estaba pensado para llegar a este momento del curso en una condición óptima, la realidad lo desmiente. Si fuera así, el Gran Canaria habría sido liquidado sin contemplaciones. Pero pasó lo contrario sin un margen, siquiera, para abrazarse a la épica, ese concepto que saca lo mejor del Uxue Bilbao Basket.

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