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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Naufragio en Formentera



Ningún seguidor del Athletic podrá decir que lo de Formentera le ha pillado por sorpresa. Al menos ninguno de los que peinamos muchos trienos siguiendo a este equipo. En la memoria colectiva se encuentran episodios incluso mucho más siniestros que el sufrido ahora en la isla balear. Al fin y al cabo ya se advertía que este tipo de partidos constituyen un clásico, y no solo para el Athletic. Que levante el dedo el equipo de Primera que no haya hecho el ridículo en alguna de estas primeras eliminatorias de Copa.

Partidos como éste es mejor tomárselos con un cierto sentido del humor, siempre saludable y mucho más para los que padecen de úlcera. No merece la pena enfadarse. Es mucho más recomendable tomárselo como se lo suelen tomar los propios jugadores, sin ir más lejos; como un fastidioso trámite que hay que cumplir porque lo dice el calendario y porque el entrenador ha tenido la mala idea de ponerles en la alineación.

Eso de que estos partidos sirven para que los suplentes se reivindiquen son zarandajas, tópicos antiguos. Se podrán contar con los dedos de una mano los suplentes que se reivindicaron en uno de estos partidos, se ganaron un sitio al sol en la plantilla y vivieron felices y comieron perdices. Nada. No se lo crean cuando el año que viene les cuenten la misma milonga. Pasará lo mismo o parecido, o sea, lo de Formentera.

De la alineación que presentó Ziganda solo se puede deducir quiénes no jugarán el sábado contra el Barcelona. Nada más. Bueno, los que tanto preguntan por qué no están jugando Beñat y Aketxe, también se habrán hecho una idea bastante aproximada; los dos se encargaron de explicárselo con pelos y señales.

Entrar en el detalle de lo que fue el partido podría ser calificado por un juez como crueldad innecesaria. Así que es mejor quedarse con la espuma del asunto. El campo pequeño, de hierba artificial y repintado, la humedad ambiental, la motivación extra del rival, la falta de coordinación de futbolistas con pocos minutos en la piernas y que apenas juegan juntos… En fin, lo de siempre, que, por otra parte, no deja de ser verdad aunque nunca pueda servir de excusa.

Porque todo tiene un límite y cobrar dos remates en jugada durante noventa minutos ante un rival que debuta en Segunda B y ocupa el puesto 16 de su grupo, traspasa todas las fronteras del sentido común y de la vergüenza profesional. El Athletic volvió a dar una exhibición de impotencia que asusta al forofo más incondicional. Para los más aprensivos también conviene recordar que el sábado será distinto. Contra el Barcelona volverán la casta, la entrega y todas esas cosas; tampoco esperemos mucho fútbol pero al menos estos chicos se ganarán el sueldo, cosa que no hicieron en Formentera.

Si los titulares del Athletic están secos no hay razón para esperar que los suplentes nos ofrezcan una exhibición. Tampoco se les pedía tanto. Hubiera bastado con que el público se hubiera marchado teniendo una idea clara de qué equipo era el de Primera y cuál el de Segunda B.

Un saque de falta de Aketxe desde lejos y un tirito desde más lejos todavía, fue toda la producción ofensiva del Athletic hasta el descanso. A cambio, Kepa tuvo que hacer la parada de la noche, minutos después de que se llevara un susto en un balón que quedó suelto a un par de metros de la portería. En realidad, el Athletic apenas dominó veinte minutos de esa primera parte. El arranque del partido fue del equipo local y el tramo final antes del descanso, también.

Vesga fue el hombre invisible y Beñat un alma en pena. En cuanto a Sola y Sabin Merino, es mejor hacerles la caridad de no decir nada. Hay circunstancias en las que el silencio es más elocuente que el mejor de los discursos.

Solo Susaeta parecía querer tomarse el partido en serio, pero acabó arrastrado por la indolencia general. En términos estadísticos Gil y Etxeita no pasaron demasiados apuros a lo largo de los noventa minutos. Pero el gol del Formentera llegó en un balón que quedó muerto en el corazón del área, y ya está dicho que Kepa hizo la parada de la noche en el primer tiempo repeliendo un cabezazo prácticamente a bocajarro. De los laterales Saborit y Lekue, solo cabe decir, lo que aquella canción de cuando los discos eran de baquelita: no hay novedad, señora baronesa.

Lo único bueno que le ocurrió al Athletic fue que solo tardó cuatro minutos en empatar el partido. Saborit envió uno de esos centros de a ver qué pasa. Pasó que el balón cayó en la zona donde estaba Raúl García, el único rojiblanco en el área, y su cabezazo acabó en la red. Corría el minuto 64 y era el primer y único remate merecedor de tal nombre. Porque los otros dos balones que le llegaron al portero local fueron dos saques de falta de Aketxe.

Esta es una historia conocida por repetida. No hay razón para la decepción cuando nada se espera, y solo los más ingenuos, si es que todavía queda alguno, podían esperar algo del partido de ayer. La eliminatoria se resolverá en San Mamés, seguramente con más pena que gloria, después de que los futbolistas del Formentera se hagan un montón de fotos sobre el césped para demostrar a sus nietos que una vez jugaron en la catedral.

Lo mejor que se puede hacer con estos partidos es olvidarlos cuanto antes. Lo malo es que el aficionado que ya está con al mosca detrás de la oreja, tiene memoria selectiva y lo de Formentera ha cargado un poco más la ya pesada mochila que empieza a pesar sobre la espalda de Ziganda.

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