Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Ni frío ni calor



El californiano Bryant sembró el pánico mientras le duraron las fuerzas.

El californiano Bryant sembró el pánico mientras le duraron las fuerzas.

La derrota del Bilbao Basket ante el Ratiopharm Ulm en la ida de los cuartos de final de la Eurocup dejó sensaciones contradictorias. Ni frío, ni calor. Por un lado, vaya por delante que los cuatro puntos de desventaja son perfectamente remontables el próximo martes al abrigo de Miribilla. Por otro, el aficionado bilbaino respiró aliviado porque el resultado pudo ser peor, pero también dio la impresión de que pudo ser mucho mejor. El conjunto bilbaino ganaba por diez puntos al final del primer cuarto, pero perdía por doce en el minuto 34. Quiere decir que los alemanes le sacaron 24 puntos de renta en poco más de medio partido. A 2.08 del final del partido, el Ratiopharm Ulm tenía la eliminatoria casi en la mano con 85-73, pero pecó de pardillo y el Bilbao Basket le arrancó ocho puntos que pueden ser decisivos (85-81).

Los datos revelan que los de Fotis Katsikaris fueron muy superiores durante un rato y muy inferiores durante otro rato. Resulta difícil extraer conclusiones de un partido muy raro, en el que ocurrieron cosas que se escapan a la lógica. La primera es que John Bryant, el fornido pívot californiano del Ratiopharm, pareció una mezcla de Arvydas Sabonis y Bill Walton durante la primera parte en la que anotó 23 puntos. Lamont Hamilton y Milovan Rakovic eran unos peleles al lado de un jugador que todo lo que cogía lo metía en la canasta sin oposición, y eso que su físico no es precisamente el de un superatleta.

Al Bilbao Basket no le iba mal esa dinámica porque Kostas Vasileiadis contestaba con 13 puntos en el primer cuarto y 19 al descanso. Bryant jugaba muy bien, pero jugaba solo, porque la defensa bilbaina conseguía mantener desactivados a sus compañeros. El partido avanzaba con un alto ritmo anotador y la ventaja de los visitantes era cómoda. Pero, entonces, llegó la primera desconexión. Un parcial de 10-0 para los germanos igualó el partido en apenas dos minutos y sacó de su guion al Bilbao Basket que empezó a caer en el pecado del individualismo.

Al descanso, la diferencia de tres puntos para los vizcainos se antojaba muy corta y al inicio del tercer cuarto, cuando el Ratiopharm Ulm ya se habían puesto por delante con otro parcial de 8-0, se lo oyó a Katsikaris gritar a sus jugadores que había que jugar los sistemas y olvidarse del uno contra uno. Sea por eso o por lo que fuera, el partido entró en otra dinámica. Vasileaidis desapareció y pasó de hacer diez tiros en la primera parte a solo dos en la segunda y los siete puntos consecutivos de Pilepic supusieron la mitad de los puntos del Bilbao Basket en este cuarto en el que ni siquiera logró aprovechar los minutos en que Bryant estuvo fuera por las faltas. Los porcentajes de tiro volvían a navegar por debajo del 50%, con errores inaceptables en lanzamientos muy cercanos, ante un equipo que tampoco es gran cosa defensivamente, pero que acabó por creerse que tenía opciones en la eliminatoria.

Entraron en el partido Allan Ray o Keaton Nankivil para abrir la defensa bilbaina, a la que volvió a costarle cerrar los espacios. El Ratiopharm Ulm se vio de repente en el escenario que más le gusta, pudiendo mover el balón y tirar con comodidad. El técnico del Bilbao Basket tuvo que volver a parar el choque cuando un triple de Batz colocó el 71-60. La diferencia estaba ya marcando la situación de alarma, pero los hombres de negro tardaron en reaccionar. El duelo empezó a parecerse al de Riga porque estaba fuera del control de los jugadores de Katsikaris. El ataque bilbaino quedó limitado a Hervelle y Hamilton, los únicos que anotaron tiros de campo en el último cuarto, mientras que los alemanes, con Bryant en deuda de oxígeno y a cero en el último cuarto, tenían a Ray en modo ejecutor.

85-73, 2 minutos y 8 segundos para el final, y los cuartos de final en el alambre. El oficio marcó una recta final en la que el Bilbao Basket logró reconducir una situación muy peligrosa. El Ratiopharm Ulm no supo guardar la viña y los hombres de negro cerraron el choque con un parcial de 0-8 tan extraño como todo lo que había ocurrido antes. El partido dio argumentos a los optimistas y a los pesimistas para la otra mitad de la eliminatoria. Los germanos confirmaron lo que se había dicho de ellos mientras que los bilbainos volvieron a tener a su trío exterior (Zisis, Vasileaidis y Mumbrú) con más de 30 minutos de juego, lo que sin duda influyó en que la intensidad defensiva no tuviera el punto preciso del primer al último minuto. El banquillo del Bilbao Basket aportó de nuevo muy poco -por segundo partido consecutivo Moerman acabó con cero puntos- y muchos piensan que la vuelta de Raúl López arreglará algunos problemas. Pero no todos. En este punto de la temporada, el equipo bilbaino necesita establecer una rotación equilibrada que pueda dar consistencia al trabajo defensivo y evite los altibajos tan pronunciados en los que incurre.

El Bilbao Arena dictará sentencia en una eliminatoria más igualada de lo que se esperaba. Pero ahora el Ratiopharm Ulm ya no es ninguna sorpresa. La clave será que el Bilbao Basket pueda imponer la diferencia de calidad que tiene que haber a partir del tercer jugador de cada una de las plantillas. Cuatro puntos no son muchos, pero los bávaros han traspasado la presión a su rival que sabe que no puede fallar otra vez a su ilusionada afición. En muchas ocasiones, el ‘efecto Miribilla’ ha cumplido con su misión. El martes no puede ser una excepción, aunque los alemanes hayan ganado cuatro partidos fuera de casa en la Eurocup. Hay que andarse con mucho ojo.

Share This: