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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

No fue el último baile



"Alex Mumbrú volvió a liderar al equipo pese a jugar con décimas de fiebre. Foto ACBmedia

“Alex Mumbrú volvió a liderar al equipo pese a jugar con décimas de fiebre. Foto ACBmedia

Pues no, no fue el último partido de la temporada. Quizás fue el último partido en Miribilla, pero eso no se sabrá hasta mañana por la noche. El Bilbao Basket había prometido que no iba a rendirse a todas las evidencias que le convertían en víctima propiciatoria del Barcelona en un play-off que nació desigual y los hombres de negro cumplieron su promesa con una soberbia lección de orgullo, de dignidad, de amor propio, en definitiva de esa profesionalidad que nunca ha abandonado a los hombres de negro en esta temporada tan cargada de emociones contrapuestas.

Con solo nueve jugadores útiles, uno de ellos (Mumbrú) con décimas de fiebre y los demás arrastrando el peso de la temporada, el Bilbao Basket no quería despedirse de la campaña ni de Miribilla por la puerta de atrás. Quería hacerlo a lo grande para evitar que otra eliminatoria se cerrara con un funeral en casa. Si había que morir, había que hacerlo matando como una especie de homenaje a sí mismos y a esa afición inquebrantable que espera aún que alguien le explique qué va a pasar en el futuro. Los jugadores de Fotis Katsikaris se plantaron delante del Barcelona y le desafiaron a disputar cada centímetro cuadrado del parquet. El Bilbao Basket hizo lo que no consiguió en el Palau Blaugrana: cerrar la zona, poner trabas en el poste bajo e invitar a los azulgranas a jugarse el partido a ráfagas desde el perímetro. Y así no concedió a su rival ni una solo ventaja en los 40 minutos.

Con lo que seguramente no contaba el Barça es con el nivel de intensidad que desplegó el Bilbao Basket desde el minuto 5 y hasta el descanso. Esos quince minutos fueron de lo mejor de la temporada, un recuerdo de tiempos no tan lejanos que convirtieron a los bilbainos en un equipo temido y respetado. La defensa rayó a gran altura para lanzar transiciones fulgurantes que dejaron al Barça muy atrás en el luminoso. Roger Grimau, que podría empezar la temporada ahora mismo, salió como una moto y sus 13 puntos en la primera parte lanzaron a su equipo a una ventaja de 20 puntos justo después del descanso, que se mantenían al paso por el ecuador del tercer cuarto (58-38).

Para entonces, el público estaba ya totalmente enchufado a la actuación de los suyos, que esta vez contagiaron a la grada su entusiasmo y su resistencia a la derrota. Había menos gente que nunca en el Bilbao Arena en un partido de Liga, sin duda por culpa de la amenaza de huelga que retrajo a la gente a sacar su entrada y de los distintos actos lúdico-festivo-deportivos que tuvieron lugar ayer en Bizkaia. Los casi 7.000 aficionados que decidieron acompañar a los suyos con la tibia confianza de que no fuera el último baile acertaron de pleno en su elección porque sus jugadores no les defraudaron.

En el momento en que la caldera de Miribilla estaba a tope en su combustión, Xavi Pascual decidió colocar a sus jugadores en una defensa en zona que provocó un cambio radical en el partido. Las fuerzas empezaban a faltar y eso provocó cierta confusión en las filas del Bilbao Basket que se comió un parcial de 0-14. No era la zona del Barça nada del otro mundo, pero los hombres de negro cayeron presos de sus dudas. Entre que Raúl López ha metido solo un triple de 27 intentos desde la final de Charleroi y que Vasileiadis fue utilizado con mimo para evitar una recaída de su lesión, el equipo bilbaino careció de una amenaza exterior solvente y desperdició algunos ataques que metieron al Barcelona en el partido.

Pero el Bilbao Basket se aferró a él gracias a Hamilton, que ahora sí hacía daño en la zona, y a un encomiable espíritu de supervivencia que le permitió entrar en los últimos seis minutos aún con doce puntos de ventaja (77-65). Pero faltaba el último arreón del campeón de Liga, el más peligroso porque se acercaba el final del partido. Navarro había empezado a asumir la responsabilidad, Lorbek tenía uno de esos días y la cabeza y las piernas de los jugadores del Bilbao Basket ya no iban a la misma velocidad a la hora de rematar las jugadas. Con el Barça a cuatro puntos (79-75), el capitán Álex Mumbrú, líder espiritual de este equipo, robó un balón y anotó un triple. Y cuando los azulgranas se pusieron a distancia de poder ganar, entre la fortuna en forma de la bandeja que falló Todorovic solo al contragolpe y la sangre fría de Raúl López, el triunfo se quedó en Bilbao.

El base de Vic, doliente, con sobrecargas hasta en las pestañas y exigido por las faltas que limitaron los minutos de Zisis, recibió su cuota de protagonismo a la hora de sellar el partido desde la línea de tiros libres. No ha fallado ni uno en toda la temporada (34 de 34 lleva) y con seis aciertos en los últimos doce segundos salvó la guerra psicológica con la que el Barcelona quiso corregir su mal rendimiento de muchos minutos anteriores y evitar su primera derrota en una eliminatoria de cuartos de final desde que lo que dirige Xavi Pascual.

El último triple de Marcelinho Huertas, con el reloj a cero, no impidió el mínimo triunfo del Bilbao Basket, pero suficiente para prolongar una eliminatoria que vivirá su tercer y último capítulo mañana en el Palau Blaugrana. Ahora ya nadie se atrevería a apostar todo su dinero en contra de los hombres de negro. La lógica indica que el de ayer fue el último partido en Miribilla de muchos de ellos y así se pudo desprender de sus gestos y de la emotiva rueda de prensa que ofreció Fotis Katsikaris para glosar ese carácter y ese espíritu ganador que el equipo lleva pegados a su piel. El Bilbao Basket homenajeó a sus seguidores con un partido fantástico; el público homenajeó a su equipo con una respuesta fenomenal. El fin de ciclo se acerca, la separación de muchas de las piezas de un grupo humano que ha dado grandes tardes será inevitable, pero eso no sucederá antes de que el Bilbao Basket caiga eliminado, definitivamente vencido tras una temporada que no podía acabar de mala manera. Los héroes suelen escoger morir con la cabeza alta, de pie frente al enemigo poderoso. Como dijo el técnico tras el partido, “si hace falta, nos despediremos otra vez”. La música no ha acabado, el baile sigue y cualquier cosa puede pasar. La presión está del lado del Barcelona y el Bilbao Basket no tiene nada que perder. Su orgullo está a salvo y eso le convierte en muy peligroso Otra cosa es que le queden fuerzas para seguir protagonizando hazañas.

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