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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Noches alegres…



El Fuenlabrada encarriló el partido a base de triples ante un Bilbao Basket sin intensidad defensiva. Foto ACB

El Fuenlabrada encarriló el partido a base de triples ante un Bilbao Basket sin intensidad defensiva. Foto ACB

Ya lo dicen las madres a esos hijos que esconden entre las sábanas la pereza de una resaca festiva: “Noches alegres, mañanas tristes”. Algo así le ocurrió al Uxue Bilbao Basket que tras la alegre noche del Budivelnik Kiev sufrió una mañana triste ante el Fuenlabrada. En otro momento de la temporada, el tercero por la cola de la Liga ACB habría caído en Miribilla, pero el conjunto de Trifón Poch se encontró con un rival que no estaba para nada, al menos no para disputar a tope un partido de la mejor competición de Europa. Y se sabe que cuando eso ocurre, cualquiera te puede pintar la cara. El Fuenlabrada lo hizo a golpe de triple y aprovechando que la defensa del Uxue Bilbao Basket fue un desastre, sin intensidad ni recursos tácticos para cerrar líneas de pase ni anticiparse a los movimientos del rival.

Así, los fuenlabreños consiguieron manejar el balón con absoluta comodidad y tomaron pronto una ventaja cercana a los diez puntos que les facilitó la vida ante un equipo sin capacidad de reacción. La baja de Rakovic, que ya lleva tres partidos fuera, y el mal estado físico de Hamilton por un virus gástrico desnudaron la zona y descompusieron la rotación de Fotis Katsikaris que, por motivos desconocidos, apenas concedió seis minutos a Samb y Pilepic. Puestos a perder, ambos podían haber insuflado algo de espíritu a un equipo al que le pesaban la cabeza y las piernas. Los buenos minutos de Grimau fueron un oasis en medio de la confusión y el desorden, que llevaron a tratar de contestar al Fuenlabrada y con el triple como único recurso. Sin éxito, claro, porque el Uxue Bilbao Basket juega a otra cosa.

La merecida derrota tiene todas las lecturas que se le quieran dar en función del cristal con que cada uno mire el deporte, pero no compromete ninguno de los objetivos de los hombres de negro en la Liga. No es fácil, menos en un club y un equipo que nunca han vivido una situación similar, manejar estos partidos cuando la atención de todo el mundo está puesta en Charleroi el día 13 de abril. Existe el riesgo de pasarse o quedarse en corto en todos aquellos aspectos que hacen funcionar a un grupo humano y solo el paso de los días suelen colocar las cosas en su sitio. Además, en la última semana se han acumulado emociones de todo tipo que, incluso a jugadores tan bregados como los del Uxue Bilbao Basket, les cuesta procesar y ordenar en la mente de cada uno.

La derrota ante el Fuenlabrada, en sí misma, es mucho menos grave que la situación económica en que se ha visto envuelto el club esta temporada. En esto también cabe aplicar un dicho de sentido similar al que abre este artículo: “Días de mucho, vísperas de nada”. Porque cuando el Uxue Bilbao Basket vive los mejores momentos deportivos de sus trece años de existencia pasa también por un momento delicadísimo que merecería una explicación pública por parte de los responsables del club. Lo último que se ha sabido es que Uxue no ha cumplido el plazo para pagar el primer plazo del patrocinio acordado a finales de diciembre. Sergio Castro, su presidente, asegura que pagará, de forma fraccionada, y con un aval que responda de esa promesa. Pero en estos tiempos los cuestiones que tienen que ver con el dinero se han convertido en un acto de fe. Y en el club le creen casi a pies juntillas.

Llevarse las manos a la cabeza, como si todo esto fuera una sorpresa, no es práctico ni lógico si se atiende al contexto. Ya en diciembre de 2010 la junta de accionistas del Bilbao Basket declaró que la sociedad anónima deportiva se hallaba en causa de disolución porque su patrimonio estaba por debajo del 50% del capital social. Entonces, el club aún contaba con el muy importante apoyo económico de la Diputación de Bizkaia, que tiene mucho que ver en que el equipo haya llegado donde ha llegado. Poco después, el club encontró el patrocinio de Gescrap que apenas le duró un año. A comienzos de esta temporada, la empresa de residuos rompió su compromiso y la Diputación anunció que retiraba sus ayudas al deporte profesional. Pese a todo esto, el consejo de administración aprobó en diciembre de 2011 un presupuesto de 11 millones de euros, casi idéntico al del ejercicio anterior, que algunos consideraron excesivo.

Por esas fechas ya eran conocidos los problemas económicos que afectaban a la empresa Uxue, con algunos asuntos pendientes en Zaragoza y una situación de insolvencia declarada judicialmente. Pero todo ello no fue obstáculo para que se firmara un acuerdo de patrocinio hasta 2017 por un montante de 900.000 euros por lo que queda de esta temporada y un millón y medio en las siguientes y para que Sergio Castro accediera al consejo de administración del Bilbao Basket, y a un trato bastante cercano con mucha gente del club, de la mano de Gorka Arrinda, quien hace poco ha tomado el cargo de consejero delegado.

Los hechos así descritos dan pie a numerosas interpretaciones, a tratar de atar cabos sueltos para encontrar explicaciones a algunas decisiones como la de no reducir el presupuesto cuando lo más probable es que el aprobado en diciembre no se pueda cumplir. Los gestores del club o han sido unos ilusos, o unos osados, o hay cosas que se escapan a quien asiste a los acontecimientos desde fuera. En todo caso, parece que ha empezado a manar abundante sangre de una herida que urge taponar para evitar unas consecuencias imprevisibles. Y solo con el dinero de Uxue no va a ser suficiente.

Dicho todo esto, lo que le ocurre al Bilbao Basket es lo mismo que le ocurre a la inmensa mayoría de los clubes. En este caso el mal de muchos no es el consuelo de tontos, sino una epidemia, una pandemia porque no se circunscribe solo a los clubes de la Liga ACB. El Bilbao Basket tiene un problema muy gordo, como lo tiene todo el deporte profesional, y que consiste, básicamente, en la incapacidad de generar los ingresos que requiere una actividad que durante muchos años ha sido soportada, alentada e incentiva, a nivel local, regional, nacional y europeo, por el dinero público. Y una vez que el dinero público ha dejado de fluir porque debe atender otras necesidades, el chiringuito se está empezando a caer porque del privado hace tiempo que dejó de haber noticias.

El diagnóstico está claro, la situación global es insostenible, pero el remedio no es sencillo y en todo caso pasa por ajustar los gastos a los ingresos. Y eso obligará a ser prudente en los objetivos. Pero, claro, quién renuncia ahora a codearse con los grandes cuando ha visitado la planta noble de la Liga ACB y de las competiciones europeas y está a un paso de hacer historia. Es como la vida misma: el Bilbao Basket ha alcanzado un estatus que, ahora mismo, no se puede permitir. Pero como él hay muchos, en el baloncesto y en todos los deportes. Adecuarse a esta situación es el desafío del Bilbao Basket, por encima de ganar más o menos partidos. Sin embargo, es fácil recordar cuando a La Casilla acudían apenas 500 personas para dudar de si el aficionado bilbaino aceptará que su equipo vuelva a integrarse en la clase media y las posibilidades de ganar de forma habitual más o menos habitual se reduzcan.

El gran activo con el que cuenta el club ahora mismo es ese ‘efecto Miribilla’ que se ha consolidado en un corto periodo de tiempo. Según pasan los días, las previsiones de seguidores que acudirán a Charleroi se va elevando y ya hay quien las sitúa cerca de las 1.500 personas, lo que viene a suponer un 20% de la masa social del Bilbao Basket. Dicen algunos que en esa final de la Eurocup hay mucho en juego, pero cuesta creer que todo lo construido estos años haya sido en vano. Y tampoco sería justo cargar a los jugadores con la responsabilidad del futuro del club porque eso supondría añadir aún más presión y exponerse a más derrotas como la sufrida ante el Fuenlabrada. La plantilla sabe de sobra lo que hay y son las primeras víctimas de una situación que ellos no han creado. Sergio Castro, desde su palco a pie de pista, sigue transmitiendo sus ánimos en medio de un temporal. Pero ya se sabe que el movimiento se demuestra andando y que los abrazos y los apretones de mano no dan de comer ni arman plantillas.

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