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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Nostalgia de Manchester



Ha pasado un año desde aquel partido de Manchester, pero parece que ha transcurrido una vida. Han cambiado tantas cosas en estos últimos doce meses que todo se antoja un sueño que se ha ido convirtiendo en pesadilla. Del cielo al infierno, del rosa al amarillo, de pensar que somos capaces de alcanzar cualquier meta que nos propongamos, a temer que no nos alcance para evitar caer en la más absoluta miseria. Aquel gol de Iker Muniain en el minuto 89 apareciendo de la nada para llevar a la red un balón que era del rival, lo resume todo.  La convicción de la que hizo gala Iker para culminar una carrera de cuarenta metros en el último minuto de un partido exigente, la fe en sus posibilidades, el deseo de ganar de una estrella emergente… todo eso quedó congelado en la fotografía de aquel gol ante al asombrado rostro de De Gea. ¿Por qué aquella foto llena de brillo y color se ha ido degradando hasta convertirse en este arrugado papel en blanco y negro en el que vemos al mismo protagonista cabizbajo, enfurruñado, más pendiente de discutir que de jugar, sumido en un mar de dudas donde antes había certeza de futuro?. Tendríamos mucho ganado si alguien tuviera una respuesta a este prodigio.

No es el Athletic el primer equipo que experimenta un bajón espectacular después de una temporada excepcionalmente brillante. No es lo habitual, pero tampoco es raro. Algún equipo se despidió de la primera división el mismo año que hacía una meritoria campaña europea. Las cosas del fútbol a veces son así aunque en el caso del Athletic haya una tendencia a magnificarlas . Una sucesión de circunstancias desafortunadas, alguna decisión equivocada, un punto de mala suerte, todo ello aderezado por un cierto espíritu cainita puede conducir al desastre mientras todo el mundo se pregunta qué es lo que está pasando.

En el caso del Athletic no hace falta recordar el malhadado verano de 2012 , cuando las famosas leyes de Murphy se fueron cumpliendo una detrás de otra y la tostada siempre caía del lado de la mantequilla. Un equipo profesional de fútbol es un ecosistema delicado cuya supervivencia depende de mantener un equilibrio exquisito. La concentración de egos por metro cuadrado que se da en un vestuario, supera con creces la media de cualquier otro colectivo humano y aunque en el caso del Athletic la cosa se suaviza por la procedencia común de los protagonistas, sigue siendo un factor a tener en cuenta.

Al entrenador le toca gestionar un grupo humano inestable y dispone para ello de herramientas tan intangibles como la confianza, la credibilidad o eso que se ha dado en resumir como la química del vestuario a falta de una definición más precisa del asunto porque, en realidad, nadie sabe de qué se trata a ciencia cierta aunque todo el mundo sepa que existe. Ese es otro de los misterios del fútbol que, a lo mejor, solo conoce sir Alex Ferguson y resulta que es el secreto de su longevidad en el mismo banquillo.  No es el caso que nos ocupa, si tenemos que creer a los futbolistas que no se cansan de repetir que están con su entrenador como el primer día, pero lo cierto es que el encaje de Bielsa en el Athletic no es el mismo que cuando se anunció su nombre por primera vez en las elecciones.

Han sido varias las razones relacionadas con la plantilla, el cuerpo técnico y la dirección del club, que nos han traído hasta aquí desde aquella noche mágica de Manchester, no hace falta repetirlas, pero en la relación de causas tampoco hay que olvidar al sector de la afición que hace gala de su memoria selectiva. Porque si el vestuario es un microcosmos, la grada es un universo en el que discurren planetas, cometas… y unos cuantos satélites.

A veces acaba dando la sensación de que el Athletic es la víctima indefensa de su propia singularidad que, de unos años acá, se traduce en un constante y mutuo cobro de facturas pendientes. Los ‘istas’ y los ‘ismos’ están en demasiadas ocasiones por encima del propio Athletic con el efecto catastrófico que provoca la falta de unidad.  A veces da la sensación de que las derrotas del equipo vienen estupendamente para reafirmar teorías o para cargarse de razón. Los entusiastas del ‘ya lo decía yo’ necesitan del fracaso para confirmar lo que solo ellos sabían que pasaría pero no les hicieron caso o porque todas las decisiones que se tomen son  equivocadas porque quienes las toman no son sus amigos. Y no es un problema de ahora; está ocurriendo los últimos treinta años. Es duro decirlo, y todo lo políticamente incorrecto que se quiera, pero la democracia no le ha hecho ningún favor al Athletic. Lo peor de todo es que quienes así funcionan son una minoría, ruidosa y muy activa eso sí, pero minoría frente a una masa social que en general solo quiere que a su equipo y a su club le vaya lo mejor posible. El problema de las mayorías silenciosas, como su propio nombre indica, es que suelen tener muy poquita audiencia. Y hablando de audiencia, esa es la piedra angular que sostiene el negocio de los medios de comunicación. Y la audiencia crece cuando hay cosas que contar, buenas o malas. Mejor si son buenas, claro, porque no hay nada mejor que un cliente satisfecho, pero si hablamos de fútbol, el cliente satisfecho es casi tan rentable como el cliente enfadado y es tan fácil alimentar el enfado del cliente cuando la pelotita no entra… Nada peor para la audiencia, en cualquier caso, que un equipo rutinario en el que nunca pasa nada e instalado en mitad de la tabla.

Hace un año tocamos el cielo, aunque no falten ahora quienes afirman que tampoco fue para tanto, que de todo hay. Creímos en un equipo que creía en sí mismo y se veía capaz de competir con cualquiera. De pronto lo que hasta entonces solo eran disculpas se convirtieron en fortalezas. Nos convencimos y se convencieron los futbolistas, de que el Athletic, con todas sus limitaciones, puede jugar un gran fútbol y estar a la altura de los mejores. No había a la vista ni ‘ismos’ ni ‘istas’, solo existía el Athletic y un sentimiento unánime. Fue hace solo doce meses y ya es solo el recuerdo de algo que nos parece irrepetible.

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Un comentario

  1. El viernes por la noche me vi el partido de Manchester, y aparte de disfrutar del espectáculo y de los recuerdos que me vinieron a la cabeza, extraje varias conclusiones, algunas de ellas sorprendentes para mí.

    El Saltavallas es un central acojonante. Pero quien hizo pareja con él, que no era otro que Sanjosé, no desmereció en nada. Tanto por la izquierda en la primera parte como por la derecha en la segunda estuvo soberbio defendiendo y sacando el balón.

    En defensa también entonces cometíamos errores de bulto, y también entonces Gorka semi-despejaba y dejaba balones muertos a los atacantes, que también entonces fusilaban sin que les estorbaran nuestros defensas. Mi conclusión es que defendemos un poco peor ahora, pero no tanto. La contundencia no ha sido nuestro fuerte desde Liceranzu y Goikoetxea.

    El cambio más llamativo lo veo en ataque. Aquel Muniain era muchísimo mejor que éste. Aquellos Susaeta y De Marcos bastante mejores que los actuales. Los laterales de entonces eran los mismos pero mejores que los de ahora, sobre todo el izquierdo. Y aquel Iturraspe, pese a que fallaba más pases de la cuenta, fallaba muchos menos que el de ahora.

    Herrera era y es un fenómeno, y le veo igual de bueno. Lo que sí es capítulo aparte es el 9. Aquel tío se llevaba detrás a los dos centrales todo el partido, y aportaba un montón en el juego de espaldas y en la salida del balón. Además metía goles. Aduriz lleva unas semanas de bajón, pero resurgirá y en este aspecto del juego no habremos empeorado en el cómputo de la temporada.

    Está claro que estamos hablando de un partido en concreto, pero con un resultado y en un escenario fabulosos. El nivel medio de la temporada no era el de ese día, pero hemos de reconocer que algunos jugadores han bajado mucho y otros simplemente no están o no quieren estar.

    Como decía aquél, que nos quiten lo bailao.