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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Objetivo cumplido a lo grande



San José abrió el marcador en un corner  y Herrera lo cerró con un golpe franco. Foto AC

San José abrió el marcador en un corner y Herrera lo cerró con un golpe franco. Foto AC

El Athletic disponía de tres oportunidades para alcanzar el objetivo del cuarto puesto después de ganar al Sevilla. Eran, en términos tenísticos, tres bolas de partido, tres ocasiones que permitían hasta dos errores. Valverde advirtió a lo largo de la semana que tenía prisa por finiquitar la cuestión y que Vallecas era un sitio excelente para disfrutar de la gloria. Dicho y hecho. Lanzó la bola hacia el cielo y el Athletic le arreó un sartezano ante el que nada pudo hacer un Rayo paralizado. Punto, set y partido a la primera oportunidad, como los grandes, como los equipos fiables que ganan cuando hay que ganar, que están tan seguros de su potencial que se imponen ante cualquier rival y en cualquier escenario. Si hace cinco días el Sevilla encajaba tres goles en el reluciente San Mamés, ayer le tocaba al Rayo recibir la misma ración en el campo más modesto de la categoría. El Athletic ha llegado al tramo decisivo de la competición en un momento exultante de juego y forma. El equipo ha ido creciendo, manteniendo una línea ascendente hasta alcanzar la cumbre. A falta de una sola salida ya, los leones están acabando la segunda vuelta con una sola derrota de visita, en el Camp Nou, y dos tropiezos en San Mamés, ante el Atlético de Madrid y Espanyol. La estadística define con precisión la categoría de este equipo.

El partido ante el Sevilla sirvió para despejar la última duda que podía albergar todavía el seguidor mas precavido. A lo largo del curso, a medida que el equipo se iba acercando al objetivo y la meta estaba más próxima, siempre ha habido más temor en la grada que sobre el césped. Cuando el rival no era poderoso, era el estado del campo; si no era lo complicado del calendario, era alguna ausencia propia, o la situación del equipo contrario, desesperada o eufórica, eso daba igual, lo que hacía dibujar un gesto de preocupación al aficionado rojiblanco. Una vez tras otra el equipo daba pruebas sobradas de que no había nada que temer, que este Athletic responde siempre. Podrá ser o menos brillante pero nunca pierde un ápice de competitividad.

Aquella victoria ante el Sevilla fue la confirmación definitiva. Por eso a Vallecas se desplazó una multitud de seguidores convencidos de que iban a celebrar una fiesta por todo lo alto; cuando se enteraron de que Valverde convocaba a toda la plantilla para celebrarlo fue la certificación de que el cuarto puesto iba a quedar sellado en el campo madrileño. Un Athletic en plena forma y una afición peregrinando como en las grandes ocasiones forman una combinación imparable, la bomba atómica vamos. ¿Alguien en su sano juicio podía suponer a media tarde del viernes que aquella multitud rojiblanca iba a regresar de vacío?.

Vallecas es un campo especial por sus características y el Rayo es un equipo como poco sorprendente que de la mano de Paco Jémez ha completado una temporada extraordinaria. Vallecas es un campo en el que el smoking está muy mal visto; allí se lleva el buzo de trabajo y el Athletic se lo puso sabedor de que ese era el uniforme adecuado para la ocasión. Planteó Valverde un partido de perfil bajo, sin espacio para el brillo ni la genialidad. El Athletic volvió a ser esa máquina bien engrasada que funciona sin apenas ruido pero con una eficacia demoledora. El Rayo nunca estuvo en el partido porque el Athletic se lo impidió a conciencia. La presión de los leones empezaba en Aduriz, seguía en la línea que formaban De Marcos, Herrera y Susaeta y el juego del Rayo acababa muriendo en las botas de Rico e Iturraspe. No fue un partido bonito para el espectador neutral, pero fue un monumento a la eficacia y al trabajo. Allí solo faltó un sindicalista con la pancarta.

Así, poco a poco, el Athletic fue minando al rival, abrumándole con una presión devastadora. Los de Paco Jémez no consiguieron dar tres pases seguidos en todo el partido y solo lograron rebasar la divisiora a base de pelotazos que en el mejor de los casos acababan en manos de Iraizoz o en las botas de los centrales rojiblancos. Su mejor y única ocasión llegó en el minuto 90, cuando el portero rojiblanco tuvo que repeler un disparo de Longo completamente desmarcado en el área.

Con semejante panorama a lo más que podían aspirar los locales era al empate sin goles. Pero el Athletic necesitaba ganar para conseguir el objetivo que había ido a buscar. No se había cumplido el minuto 20 cuando San José remató prácticamente de tacón en una acrobacia, aprovechando la salida en falso del portero en el saque de un corner. Diez minutos después en otro saque de esquina, el balón quedó suelto en el área tras pelearlo Aduriz y De Marcos llegó oportuno para enviarlo a la red. No había pasado media hora y el Athletic había hecho prácticamente todo el trabajo que le había llevado a Madrid.

El confetti que tan generosamente arrojaron los Bukaneros antes el partido fue como el anticipo de la fiesta rojiblanca. El cuarto puesto, la previa de la Champions, estaba en el zurrón. Solo era cuestión de esperar con calma a que el árbitro señalara el final del partido para dar comienzo a la celebración.

En su línea habitual, a Jémez no le tembló el pulso a la hora de cambiar. Antes del descanso Rochina ya tuvo que abandonar el campo y en el segundo tiempo Seba Fernández ocupó el puesto de Gálvez para buscar la heróica con tan solo tres defensas. El Athletic permaneció imperturbable, a lo suyo, moviéndose de una forma casi mecánica, ganando todos los choques, imponiéndose en cada disputa; robando balones y dominando el partido con una autoridad aplastante, con la línea de defensas a apenas veinte metros de la divisoría, achatando al rival, comiéndole la moral, haciéndole pasar un trago en su propio campo y con el dedo siempre en el gatillo dispuesto a machacar un marcador que ya estaba más que liquidado.

La tuvo De Marcos en un robo al borde del área pero se precipitó y disparó demasido alto; y la tuvo Aduriz, pero el balón se le fue un palmo cuando enfilaba solo a Rubén. Hubo que esperar hasta el último cuarto de hora para que Herrera transformara un golpe franco colocando el balón pegado al poste. Fue la rúbrica, la guinda a un pastel que el Athletic había estado cocinando con paciencia y mimo durante más de una hora.

Ya quedó dicho después del triunfo ante el Sevilla, el que abrió la penúltima puerta hacia la Europa de la primera velocidad, que este Athletic se define con una sola palabra: solvencia. Y lo que se vio en Vallecas define mejor que la propia RAE el significado de la palabra. Objetivo cumplido, al primer intento y a lo grande. Felicidad completa.

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3 Comentarios

  1. y el Espanyol no nos ganó en San Mamés en la segunda vuelta? Ah, las prisas …

  2. Hay un pequeño error: el Atlético de Madrid no ha sido el único equipo en ganar esta temporada en San Mamés. También lo hizo el Espanyol.

    • Corregido. Gracias