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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Orden y progreso



Borja Viguera se estrenó marcando un tanto propio de un goleador.Foto AC

Borja Viguera se estrenó marcando un tanto propio de un goleador.Foto AC

La leyenda que figura en la bandera de Brasil vienen que ni pintada para describir a este Athletic de los últimos partidos y, en especial, el Athletic que ayer dio buena cuenta de un Espanyol tan complicado como se preveía. Orden y progreso. El Athletic vuelve a ser el equipo serio y bien organizado que tanto nos gustó a todos el año pasado y que éste llevaba unas cuantas semanas desaparecido, sumido en un caos de errores personales y caraja general tendente al estropicio. Así, desde el orden que ha vuelto en cuanto Iturraspe, el encargado, ha recobrado el mando del asunto, el equipo ha progresado en el juego, en los resultados y en la clasificación.

Se esperaba al Espanyol con una buena dosis de desconfianza. Los periquitos se les habían atragantado a los leones en sus últimas visitas y ni el buen nivel ofrecido en la última cita en Valencia parecía suficiente argumento para confiar plenamente en los de Valverde. Había dudas más que razonables sobre lo que podrían dar ante un rival que también destaca por su buena organización general y que vendría a la espera, como así fue.

El arranque del partido confirmó todos los temores de los más pesimistas. El Athletic empezó muy bajo de revoluciones, jugando a una velocidad impropia en San Mamés. A esa marcha el Athletic no supera ni al Espanyol ni al Sanluqueño. El equipo se movía premioso, con la luz apagada, el balón pasaba y repasaba por las botas de Iturraspe, pero solo para ir a parar a las de Laporte o Rico. Horizontal o hacia atrás. Lo intentaba a veces Balenziaga por la banda, pero siempre chocaba con esa pared de cristal que frena sus carreras. Por el otro lado a De Marcos se le acababa el campo antes de conseguir un centro medio decente. Susaeta andaba perdido y la novedad de la noche, esa pareja que formó Valverde con Muniain y Viguera alternando las posiciones de media punta y volante, no es que no terminara de arrancar sino que parecía preguntarse qué estaba haciendo ahí.

No pintaba bien el partido para un Athletic enredado en la doble línea que formaba el Espanyol entre la frontal de su área y el centro del campo. Se trataba de pura física, de la impenetrabilidad de los cuerpos. El espacio estaba ocupado por los blanquiazules y a los rojiblancos no les quedaba otra que buscarlo en posiciones muy alejadas de la portería de un Kiko Casillas que no se manchaba los guantes.

Pero el fútbol, como el corazón del romántico, tiene razones que la razón no entiende. Veníamos lamentando amargamente la falta de capacidad goleadora del Athletic y no sin motivo, sino por la fuerza de los números, y resulta que el Athletic abrió el marcador en su primer remate a puerta digno de tal nombre. Ayer volvía Aduriz, detalle fundamental, y el ariete regresó de su lesión sin perder un ápice de su agresividad, de su saber estar en el campo y de su capacidad en el juego aéreo. Botó un corner Susaeta, Aduriz se elevó oportunamente desmarcado y su cabezazo acabó con el balón en la red tras tocar en Stuani despistando al portero. Se cumplía media hora y hasta entonces no había pasado nada en el partido, salvo algún susto provocado por el siempre temible Sergio García.

Fue un golpe de fortuna, uno de esos factores que deciden un partido por sí mismos. No es que el decorado cambiara demasiado, porque los dos equipos siguieron a lo suyo, pero la ventaja en el marcador tranquilizó a un Athletic que no las tenía todas consigo. Y cuando todo el mundo pensaba en el descanso llegó la jugada que decidió definitivamente el partido. Aduriz robó un balón en una disputa en el centro del campo, avanzó con oficio aguantando la presión de tres rivales, y en el momento oportuno dio el pase definitivo a Viguera que con un toque pleno de sutileza demostró por qué fue el máximo goleador de Segunda el año pasado. El estreno realizador del único fichaje de este año sentenció el partido y puede que abra una nueva vida para el protagonista y para el ataque del equipo.

Sergio Sánchez tardó apenas diez minutos en la reanudación en hacer dos cambios de golpe. Metió al poderoso Caicedo para acompañar en la línea de ataque a Sergio García, lo que provocó algunos problemas a Laporte y Etxeita, que tuvieron que trabajar sin red en igualdad numérica. El plan del Espanyol era sencillo: pelotazo largo y disputa al borde del área a ver que pasaba. No es que fuera un tratado de táctica en tres tomos, pero a veces los resúmenes suelen funcionar muy bien. De hecho, un balón de Stuani pasó a diez centímetros de la cepa del poste derecho de Iraizoz y Salva Sevilla estrelló un remate en el otro poste, ambos culminando jugadas en las que estuvieron en superioridad dentro del área rojiblanca.

Ya estaba tardando Valverde en recomponer el equipo y finalmente reaccionó dando entrada a Beñat en el lugar del apagado Susaeta. El despliegue de Rico e Iturraspe no daba abasto. Mano de santo. El Athletic recuperó el balón, el sitio y la tranquilidad y los pelotazos del Espanyol fueron cada vez más aislados. Y como la noche estaba dulce para los rojiblancos Iturraspe acertó con un sartenazo que se coló en la portería sacando astillas al palo. Un golazo que ponía el broche a una grandísima actuación. Un gol de larga distancia, toda una novedad en el Athletic este año. Otra buena noticia que dejó el partido.

El Athletic solo levantó el pie en el tramo final, en los minutos de la basura, y la relajación le costó recibir un gol que rompe una racha de imbatibilidad que ya empezaba a ser muy bonita. Lástima, aunque la cosa no pase de anécdota. Lo que no es anécdota sino categoría es que el Athletic no pierde en la Liga desde la goleada del Bernabéu el 5 de octubre, que ha sumado diez de los últimos doce puntos en juego y que el equipo sigue dando la impresión de que ha encontrado el camino de la recuperación por la vía de la seriedad, la concentración y la confianza que dan los resultados. Orden y progreso.

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