Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Otra vez la cara B



El Athletic sigue siendo incapaz de ofrecer una victoria a su público. Foto AC

En el día del libro el Athletic ofreció otra reedición de la novela de terror que nos ha venido vendiendo durante toda la temporada. Definitivamente, ‘El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde’ en versión rojiblanca se ha convertido en el best seller de la temporada. Después del notable partido del Bernabéu tocaba fiasco en San Mamés, como después de la victoria ante el Villarreal, tocó tragedia ante el Depor. La afición, que no es tonta, ya se ha dado cuenta y ayer comparecieron en San Mamés menos de la mitad de los socios del Athletic. La catedral registró la peor entrada de su todavía corta historia. El paisaje de las gradas fue similar al de una primera eliminatoria de Copa frente a un Segunda B, contra un Formentera, pongamos por caso, aunque suene a mentar la soga en casa del ahorcado.

Y es que para ver espectáculos como el que ofreció el Athletic ante el Levante, mejor quedarse en casa un lunes. Para deprimirnos más no nos hace falta acudir a la catedral; bastante tenemos con el Teleberri. Ziganda y sus muchachos llevan camino de batir todos los récords negativos este año. Ni los más viejos del lugar recuerdan una temporada con menos victorias y menos goles en casa.

El Athletic arrastra un grave problema que suele afectar a los equipos escasos de calidad. A los leones les cuesta un mundo hacerse con las riendas de un partido, dominarlo, someter al rival, crear ocasiones. Y es que para eso hace falta juego, darla al pie del compañero, ofrecer desmarques, centrar con cierta precisión y no aproximadamente. Nada de eso tiene este Athletic que ha vivido demasiado tiempo de los balones que descolgaba Aduriz en el área y de sus goles. Todo es más fácil cuando tienes un delantero que remata cualquier melón que le llegue a su área de acción. Pero cuando no tienes ese recurso y necesitas explotar otras soluciones, ¡ay amigo!, esa es otra historia.

Todos los rivales saben de sobra que en San Mamés es suficiente con cerrarse con cierto orden para desnudar al Athletic. Todos lo saben y todos lo hacen, y con más comodidad a medida que pasan las jornadas y los rojiblancos son cada vez más conscientes de sus limitaciones. Pasar al pie del compañero es una hazaña, los centros han dejado de ser malos para convertirse en horrorosos y el estupor ciega la mirada y embota las neuronas de los futbolistas de casa. Si le añades una banda sonora de pitos y broncas consigues la tormenta perfecta.

El Athletic no necesita ahora mismo un entrenador. Está pidiendo con urgencia el diván de un psiquiatra. En San Mamés afloran todos sus males. Fuera es otra cosa. Es más sencillo defender y esperar que tomar la iniciativa y construir, claro, pero es que además al equipo se le ve más seguro de sí mismo, a salvo de los terrores íntimos que le agarrotan ante su público y que multiplican su impericia.

Ni siquiera el golazo de Raúl García sirvió para tranquilizar al equipo y convencerse de que era posible acabar con la nefasta racha casera. Se suponía que adelantarse en el marcador facilitaría las cosas porque obligaría al Levante a cambiar de guión, en la misma medida que crecería la confianza de los rojiblancos. Pues ni por esas. El Levante fue fiel a su idea original: defensa ordenada y ataque basado en la movilidad y velocidad de Morales, Boateng y Bardhi. Tardaron muy poco en descubrir cómo le temblaban las canillas al Athletic cada vez que se hacían con el balón. Esta vez el desastre llegó por las bandas, donde De Marcos y Balenziaga ofrecieron menos resistencia que los conos de los entrenamientos, sin ninguna ayuda, por cierto, de Susaeta y Córdoba, que nunca vieron la forma de guardar las espaldas de sus desbordados compañeros. Pero es que la defensa también se resquebrajó por el centro, donde Iñigo Martínez se las veía y se las deseaba para acudir con el extintor a los múltiples incendios que provocaban Morales y Boateng, mientras que Núñez se sumaba a la fiesta tomando casi siempre decisiones equivocadas.

Nada más marcar Raúl su gol, Kepa tuvo que lucirse para evitar el empate de Boateng. Casi sin tiempo para recuperarse del susto, el portero se encontró con el balón en sus manos, después de que Coke se lo regalara cuando le pudo fusilar, completamente solo al borde del área pequeña. Mal asunto porque esa doble ocasión marcaba el rumbo que iba a tomar el partido. El Athletic, por delante en el marcador, no hacía más que recibir contras del Levante. ¿Puede alguien explicar semejante dislate táctico?

La noche tomó tintes de tragicomedia al filo del descanso cuando Bardhi superó dos veces consecutivas a la barrera y a Kepa desde la misma posición, en el ángulo del área grande, y en apenas dos minutos. La cosa sonó a cura de humildad después de los desmedidos elogios que le dedicó sobre todo la prensa del foro al portero tras su partido en el Bernabéu.

Si con el marcador a favor el Athletic fue incapaz, cuando se le puso en contra fue impotente. Al cuarto de hora de la continuación Ziganda optó por retirar a un Iturraspe espeso para dar entrada en su lugar a Muniain. La entrada de Iker estaba cantada, tal y como iba el partido, y los candidatos a dejarle el sitio eran numerosos. El entrenador eligió a Iturraspe pero no pareció la mejor idea que Muniain se quedara tan lejos del área. Es verdad que había problemas en la creación y que Iker aportó algo de chispa, pero a treinta metros de la frontal su impacto en el juego es mucho menor.

El Athletic empujó porque estos futbolistas no tendrán juego pero voluntad les sobra, pero el que siguió poniendo el fútbol fue el Levante que como ocurriera con el Depor en la cita anterior, pareció el Brasil del 70 en comparación con lo que tenía enfrente. El gol de Morales tras su enésima exhibición de velocidad y conducción en carrera, echó más sal a la herida ante un San Mamés desierto que no ve el día en el que acabe esta deprimente temporada.

Share This: