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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Otro sufrido empate



Herrerín fue protagonista cometiendo dos penaltis y parando uno

Después de nueve partidos consecutivos sin perder seguimos sin saber a ciencia cierta si el Athletic va o viene. Es lo que tiene empatar tanto, seis partidos de esos nueve en concreto; las igualadas te dejan casi siempre en la indefinición, en ese limbo que no es ni cielo ni infierno. Se pudo ganar pero también se pudo perder; se pudo perder pero estuvimos a punto de ganar. La botella medio llena o medio vacía, el tópico siempre a mano cuando cuesta explicar lo que ha ocurrido en el campo.

El campo del Getafe es esta temporada uno de los más complicados de la Liga. Bordalás ha armado un equipo muy de su gusto, guerrero y sólido, que se desenvuelve a las mil maravillas al calor de su público. En el Coliseum solo han ganado el Sevilla, el Real Madrid y el Barcelona, y ha empatado el Eibar. Palabras mayores. Desde esa perspectiva, el punto arrancado por el Athletic tiene su mérito, que crece si se descubre que solo los dos grandes han marcado dos goles en ese campo, como el Athletic.

Si Ziganda y los suyos se aferran a la estadística para el análisis, podrán obtener conclusiones positivas. Pero si miran el fútbol, lo que pasó estrictamente en el rectángulo verde durante los noventa minutos, la impresión tiene que ser forzosamente otra.

El Athletic se adelantó por dos veces, pero vio peligrar hasta el empate en la penúltima jugada del partido cuando, tras una falta a favor de los rojiblancos, Angel se fue solo al contrataque perseguido a la desesperada por Saborit y Williams, en una de esas jugadas que deberían de terminar con media docena de jugadores del Athletic de rodillas de cara a la pared con unas orejas de burro.

Por seguir con el asunto éste de la indefinición, el partido arrancó con una acción que lo mismo te abre de par en par las puertas del lirismo, que te provoca una carcajada sardónica. Cruzó Laporte, casi pegado a la banda en campo propio, un balón larguísimo al lado opuesto del área del Getafe y allí Williams voleó al primer toque para que la pelota describiera una parábola que superó por arriba al sorprendido Martínez. Fue un golazo aunque pareció un churro. En cualquier caso, una forma inmejorable de celebrar su reciente renovación y, sobre todo, de poner el partido de cara o, cuando menos, romperle los esquemas a un Getafe que prefiere jugar a la contra.

Pero nuestro gozo en un pozo. Los locales tardaron solo siete minutos en restablecer la igualada. Penetró en el área Molina controlado por Laporte, pero cuando no había ninguna necesidad, Herrerín decidió salir al bulto atropellando todo lo que encontró a su paso, o sea, a Laporte y a Molina. El propio atropellado envió la pelota a la red desde los once metros.

Para entonces, y al margen de los goles, las líneas maestras del partido estaban más que definidas. El Athletic mandaba a base de mover la pelota buscando los movimientos arriba de Williams y Sabin Merino, la novedad de Ziganda, mientras que el Getafe optaba descaradamente por buscar el flanco derecho de la defensa del Athletic donde Lekue volvía a sufrir su particular infierno, esta vez frente a Antunes y Amath, un futbolista sucio, de esos que van dejando un recado en cada disputa. Estaba claro que Bordalás sabía cuál es el punto más débil de la defensa del Athletic, lo que tampoco tiene mucho mérito por otra parte.

Pese a los problemas en ese costado derecho, al Athletic le alcanzaba con el despliegue de Susaeta, el trabajo de Raúl García y Rico y la batuta de Iturraspe para mantener la apariencia de equipo solvente y competitivo. De hecho un cabezazo muy bien dirigido por Sabin Merino, al que Martínez respondió con una soberbia intervención, fue lo más destacado hasta el descanso. Había razones para confiar en un grupo que demostraba empaque y parecía saber lo que quería y cómo conseguirlo.

Mucho mejor  se le pusieron las cosas al Athletic prácticamente en la primera jugada de la segunda parte. En el saque de una falta lateral hasta tres rojiblancos cayeron derribados en el área. Gil Manzano tuvo dónde elegir para pitar el segundo penalti del partido, que Raúl García transformó con serenidad.

Y hasta aquí llegaron las aguas rojiblancas, salvo una olita en forma de carrera de Williams tras una patada a seguir desde la defensa, que el delantero remató primero al aire y empujó después de mala manera a las manos del portero. Sigamos con el sí pero no, la botella medio llena, etc. Nunca se sabe a ciencia cierta si un equipo domina por su propio impulso o porque el rival retrocede veinte metros. Digamos que en Getafe ocurrió un fifty-fifty. El Getafe se fue arriba a buscar el empate y el Athletic retrocedió hasta encerrarse en el área de Herrerín.

Otro penalti con los mismos protagonistas, Herrerín y Molina, se resolvió con un paradón del portero, que tuvo un efecto pernicioso para los intereses del Athletic. El Getafe se enrabietó en la misma medida que los rojiblancos se amilanaban. Si decides defender tienes que tener más fe en tu sistema y, sobre todo, ser más contundente. Entró en el partido el goleador local Angel, y el Athletic dio otro paso atrás, lo que no le sirvió para evitar que el ariete engordara su estadística personal marcando a bocajarro y completamente desmarcado en medio de nueve camisetas rojiblancas.

El empate hizo justicia a los méritos de un Getafe que en toda la segunda parte fue superior a un Athletic que nunca supo, ni pudo, defenderse de otra forma que por acumulación de gente atrás. La pelota no atravesó la divisoria hasta que el equipo madrileño decidió concederse un respiro tras la igualada. De nada sirvió que Ziganda recurriera a Beñat para tratar de conservar el balón, porque el recién incorporado se vio siempre superado por el ritmo que imponía el rival, como tampoco sirvió de nada la entrada de Aduriz, al que no le va para nada el papel de revulsivo.

Las dos salidas consecutivas se han saldado con sendos empates que multiplicarían su valor si el Athletic suma los tres puntos ante el Eibar el próximo viernes en San Mamés. El equipo está demostrando que ha recuperado parte de su personalidad, que quiere competir y que su compromiso está fuera de toda duda. Con eso le alcanza para empatar; para ganar hace falta algo más.

 

 

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