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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

De jugar para ganar a sufrir para no perder



Los viejos cronistas resumían estos partidos con una frase: arrancada de caballo andaluz, parada de burro manchego. Dicho sea sin ánimo de señalar, añado, porque los chicos de hoy en día tienen la piel muy fina. El Athletic nos ilusionó en un primer cuarto de hora en el que pareció dispuesto a comerse el mundo y acabó con la paciencia de sus seguidores con un declive sostenido hasta el minuto noventa. Y todo ello ante un rival que deja la Bundesliga en muy mal lugar si con ese nivel consiguió ser sexto el año pasado.

A Ziganda tampoco le tembló el pulso esta vez a la hora de rotar. Ya había dejado en Bilbao a gente importante y en Berlín apostó por un ataque con Muniain por dentro, Aduriz en punta y Williams y el joven Córdoba en las alas. El doble pivote formado por Vesga y San José no anunciaba virguerías ni fútbol vertiginoso, pero ambos se entendieron muy bien con los de arriba y consiguieron hacer la vida más agradable a sus compañeros de la defensa durante casi todo el primer tiempo.

Aduriz puso a prueba al portero nada más empezar y después a Muniain se le fue demasiado cruzado un remate franco pero con su pierna mala. Las ocasiones eran solo la consecuencia lógica de un fútbol muy bien trenzado, desarrollado con soltura y desparpajo por los encargados de la creación, Muniain por encima de todos, pero también Córdoba y Vesga, sin olvidar las aportaciones de los laterales, mientras que Etxeita y Laporte vivían una noche de lo más tranquila en compañía de Herrerín, inédito hasta el descanso, aunque la última jugada del primer tiempo, sobre el silbato del árbitro, como en el baloncesto, fue un voleón desde el borde del área que se fue alto por encima de la portería del Athletic. Ese remate, el único del Hertha antes del descanso, fue también una consecuencia lógica de la deriva en la que para entonces había entrado el partido. Pero lo peor estaba por llegar.

Hace unos años se hizo famoso un señor que trajo al Athletic la receta de una papilla que tomaban los jugadores en el descanso. ¿Alguien se acuerda ahora de aquello? Se le atribuían a la papilla poderes sobrenaturales; aquella mezcla de frutas machacadas era poco menos que la pócima de Asterix, el bálsamo de Fierabrás,  objeto de reportajes de investigación que trataban de descubrir la receta secreta, y entrevistas a su autor que, lógicamente, alimentaba el misterio. Antiguamente a los futbolistas se les administraba en el descanso una dosis de carajillo, mezcla racial donde las haya, que preparaba el utillero con mano sabia y generosa. Aquello sí que tenía poderes sobrenaturales y hasta lisérgicos, aunque tuviera menos prensa y fama porque entonces lo importante era solo lo que pasaba en el rectángulo de juego y no en sus alrededores.

Viene esta disquisición a cuento de tratar de entender qué le pasó al Athletic tras el descanso en Berlín, porque no es la primera vez que futbolistas que se han batido el cobre en el primer tiempo y han demostrado que saben jugar al fútbol como los mejores, regresan del vestuario mirando a las musarañas con el dedo metido en la nariz. ¿Qué les darán a estos chicos en la caseta en el medio tiempo que les sienta tan mal?

Es verdad que el Hertha había conseguido equilibrar el partido antes del descanso a base de trabajo y atención en las marcas. Pero es que en la continuación los alemanes pasaron de controlar a mandar desde el primer minuto. Afortunadamente para el Athletic los de Dárdai no son precisamente una potencia futbolística. Forman un grupo de futbolistas honrados que no se esconden, que saben sufrir en las dificultades pero muy justitos a la hora de la verdad. Así y todo, acabaron convirtiendo a Herrerín en el héroe de la noche, con tres paradas a remates prácticamente a bocajarro, que llegaron en generosas concesiones de los centrales, aunque los problemas empezaran a fraguarse casi siempre en las bandas.

El Athletic pasó de tener motivos para pensar en los tres puntos, a apretar los dientes para salvar el empate. Cuando Aduriz levantó un terrón con su bota, en lugar de impactar con la pelota, una acción propia de la Regional de los campos de barro, quedó claro que lo mejor que le podía pasar al Athletic era que aquello acabara cuanto antes.

 

 

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