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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Premio al tesón



La aportación de Mikel Rico cambió la dinámica del partido. Foto AC

Era un partido que había que ganar, pero a estas horas el Athletic está celebrando un empate. Así están las cosas por la casa rojiblanca en los últimos tiempos. Y conste que hay motivos para celebrar ese punto, porque muy bien hubiera podido quedar el casillero a cero si el Villarreal aprieta un poco más en el segundo tiempo o si Cheryshev acierta en su mano a mano con Kepa en el último suspiro. Nadie en San Mamés daba un duro por el Athletic mientras los minutos corrían tras el descanso con el balón circulando con fluidez en terreno del Athletic, siempre en poder de los jugadores amarillos. Al Villarreal le faltó instinto asesino para hacer sangre a un rival que flotaba a duras penas en el campo. Los de Calleja creyeron que lo tenían hecho antes de tiempo, sin considerar que el Athletic podrá estar mejor o peor, pero nunca da un partido por perdido mientras lo tenga a tiro en el marcador. Tan fácil lo debieron de ver los Trigueros, Fornals, Rodrigo o Soriano que se dedicaron a recrearse en la suerte. Craso error. Seguro que a estas hora están maldiciendo el punto que celebra el Athletic.

Ese punto que lograron finalmente los leones fue un premio a su constancia, a ese espíritu indomable que les mantiene con un hilo de vida cuando todo el mundo los da por muertos. No hablamos de fútbol, claro, que eso queda ahora mismo muy lejos del alcance de los rojiblancos; hablamos de otros factores, de esos intangibles que se tienen o no se tienen y, afortunadamente, el Athletic los sigue teniendo; pasan las generaciones y los novatos siguen la estela de los veteranos; está en el ADN de este equipo.

Cualquier otro grupo con menos espíritu bajaría los brazos y entraría en depresión al décimo o undécimo corner que no llega o se pasa; al vigésimo pase errado o al enésimo balonazo al rival más cercano que últimamente es lo más parecido a un centro que se ve por San Mamés. Cualquier otro equipo probaría suerte en otra disciplina que no requiera una habilidad especial con un balón: bobsleigh, por ejemplo. El Athletic, no. El Athletic insiste e insiste sin miedo al fracaso, ni vergüenza por su incapacidad. Le puede costar 77 largos minutos como ante el Villarreal, pero al final Balenziaga consiguió un centro de ensueño que Aduriz cabeceó en el segundo palo, perfilando en el salto su figura de ariete como para salir pintado en un oleo de Arrue.

El gol del incombustible delantero abrió un capítulo final para la épica ma non troppo, que una cosa es la leyenda de un equipo que hace de su estadio un castillo inexpugnable y otra la realidad de este grupo de futbolistas desorientados, con pocas ideas y menos acierto en su ejecución. Bien está lo que bien acaba, porque el Villarreal dio un paso adelante para recuperar lo perdido y a punto estuvo de conseguirlo, aunque San Mamés rugiera con cada balón robado por los suyos, léase Mikel Rico, y aullara con la pérdida consiguiente, y ponga aquí el lector el nombre que más le guste porque tiene dónde elegir.

El Athletic acabó el partido como lo había empezado: poniendo garra y voluntad a raudales para encerrar al rival en su parcela. La puesta en escena de los de Ziganda había sido más que esperanzadora, con un Córdoba bullicioso en el costado izquierdo y un Williams probando su velocidad en la otra banda. Se incorporaba Lekue a posiciones de ataque, e Iturraspe dirigía la orquesta con tino, buscando siempre los movimientos de Aduriz y Raúl García.

El Villarreal tardó un rato en dar señales de vida pero prácticamente en la primera ocasión en la que pisó el área contraria con decisión llevó la pelota al punto de penalti. Se fue Costa hasta la línea de fondo con el balón controlado y esperó la entrada de Iturraspe, que le entró como solo entra en el área un futbolista que no es defensa. Kepa detuvo el lanzamiento de Trigueros, aportando una nueva cláusula a su larga negociación.  Lástima que no pudiera hacer nada en el siguiente remate del mismo jugador amarillo, duro, seco y colocado a la base del poste desde el borde del área, con media docena de rojiblancos metidos en el área pequeña y Williams llegando tarde a la marca que le correspondía en aquel momento.

Casi sin hacer nada, el Villarreal se adelantó en el marcador y dejó al Athletic como el boxeador que recibe un directo en el hígado. Los rojiblancos solo pudieron mirar cómo corría el reloj hasta el descanso.

La segunda parte fue incluso peor. Los visitantes se quedaron con la pelota y controlaron el partido sin sudar demasiado. Ziganda movió el banquillo buscando soluciones cuando ya sonaban algunos silbidos, y la verdad es que dio con la receta. Susaeta y Rico sustituyeron a Córdoba y San José y la cosa funcionó, en contra de la previsión de la grada, que recibió los cambios con silbidos porque quizá esperaba que rodara alguna otra cabeza o quería que al menos el joven Córdoba permaneciera en el campo. El caso es que Rico aportó la energía que hoy en día no tiene San José y Susaeta volvió a ser el futbolista cuya disciplina táctica le da al equipo un plus de solidez.

Simplemente con los balones que empezó a recuperar Rico en la zona ancha, el partido se inclinó hacia el área del Villarreal. Cuando Aketxe ocupó el lugar de Raúl García, los balones que robaba Rico empezaron a circular con sentido unos metros más adelante. Así de fácil y de sencillo es este juego. El coraje y el espíritu de combate de los rojiblancos hicieron el resto.

Sumar un punto ante un rival del empaque del Villarreal con tan poco fútbol, es como para celebrarlo como un éxito. Si Ziganda consigue hacer un once con los jugadores más en forma o que aporten más al colectivo, el Athletic empezará a pisar el buen camino. Repetir elecciones que ya se han demostrado erróneas, solo puede conducir a repetir fracasos. Veremos.

 

 

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