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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Prodigio en Getafe



Aymeric Laporte cabeceó de forma impecable el gol que le dio el triunfo al Athletic., Foto AC

Aymeric Laporte cabeceó de forma impecable el gol que le dio el triunfo al Athletic., Foto AC

Lo que vimos anoche en Getafe fue un partido entre el quinto y el sexto clasificado de la Liga española, o sea, dos equipos que ahora mismo ocupan plaza para Europa. Si ese es el nivel, está claro que los vendedores de la Liga de las Estrellas tendrán que dedicarse en breve al gremio del crecepelo. ¡Qué nivel, Maribel!. Ya, ya sabemos que el aficionado al fútbol es un poco veleta y de buen conformar en general y que si le das victorias es capaz de jurar que su equipo está en el escalón inmediatamente inferior a lo sublime. Los años y el rico uso del lenguaje de los antiguos cronistas han dotado al aficionado medio de una más que respetable batería de sinónimos y lugares comunes para construir un discurso a la medida. Y si los aficionados disponen de recursos lingüísticos, qué decir de los entrenadores, esos seres tocados por el dedo divino capaces de transformar en excelencia el truño más insufrible.

Después de partidos como el de anoche en Getafe es cuando hay que recurrir a la dialéctica más elaborada para explicar algunas cosas. Puede valer lo de Boskov, fútbol es fútbol, pero tampoco es cosa de abusar. Los adjetivos dan mucho juego. Por ejemplo sustituir mezquindad por pragmatismo podría ser un buen comienzo para explicar el partido del Athletic. Podría valer también cambiar atolondramiento por esfuerzo. El clásico diría a modo de resumen que el Athletic marcó un gol de corner y luego aparcó el autobús en su área. A esto se le añade algo de épica con un portero lesionado parando un penalti al filo del descanso, ¡pedazo de jugada psicológica!, y ya tenemos el paquete completo con el lacito de los tres puntos, que ya se sabe que en el fútbol muchas veces el papel de colores y el lacito son más importantes que el contenido.

Los astrólogos explicarían lo de anoche con una conjunción especial de planetas, satélites y cometas; los seguidores de las ciencias ocultas defenderán que la proximidad de Halloween tuvo necesariamente algo que ver. El Athletic nunca había ganado en Getafe, Iraizoz no le para un penalti ni a un infantil, Diego Castro los metía todos, la defensa del Athletic lleva años siendo un coladero patético y mira tú por donde, de pronto todo se pone del revés, los cojos andan y los ciegos ven.

Nadie lo hubiera dicho después de presenciar los cinco primeros minutos del partido, esos en los que los chicos de Valverde se empeñaron en lucir su vis cómica, cuando Laporte necesitaba un plano para situarse, e Iraizoz estuvo a punto de encajar uno de esos goles que dan las teles en los especiales de Nochevieja. Afortunadamente el Getafe no supo sacar partido de las facilidades y a los ocho minutos Laporte cabeceó a la red un corner botado por Susaeta al corazón del área pequeña.

La ventaja en el marcador debió servir para que el Athletic se hiciera con el partido, pero para eso hace falta manejar el balón con más tacto que el que tuvieron bastantes rojiblancos. Tampoco había demasiado orden alrededor del círculo central porque la obligada ausencia de Muniain trastocó algunas posiciones mucho más de lo previsible y de lo estrictamente necesario. El triángulo Iturraspe, Rico, De Marcos que tan bien funcionó en el anterior partido, se trastocó con la entrada de Herrera y el desplazamiento de De Marcos a una banda. Susaeta tampoco acabó de encontrarse, ni en la derecha ni en la izquierda, y Rico, que se tuvo que multiplicar volvió a robar, robar y robar, para perder, perder y perder. Este chico es Sísifo con camiseta del Athletic

No se puede aspirar a controlar el juego cuando el balón no te dura en los pies. Y al Athletic no le duraba nada. La solidez defensiva le permitía mantener a raya a un Getafe que apenas inquietó a Iraizoz y cuya presión se fue diluyendo con el paso de los minutos, pero los de Valverde no podían aspirar a más, a matar el partido con una contra, porque para eso hay que dar por lo menos dos pases seguidos en condiciones. Llegó la jugada del penalti de Gurpegi y con ella la primera señal que envió el cielo en forma de paradón de Iraizoz. El prodigio empezaba a asomar.

Pongámonos épicos. El Athletic regresó del descanso sin su héroe de la primera parte y dispuesto a defender El Álamo a sangre y fuego. Bueno, no fue exactamente así. Digamos que Iraizoz se quedó en la caseta lesionado y sus compañeros se dispusieron a hacer un homenaje al fútbol de bronce, ese en el que sobre todas las cosas prima el sudor, el sacrificio y las botas de madera. Venía el Getafe de sumar cuatro victorias consecutivas; se supone que las conseguiría jugando bastante más que ante el Athletic. Su único argumento futbolístico fue el balón parado, en forma de corner o de falta cobrada a medias por el atolondramiento de los rojiblancos y la pintoresca interpretación del reglamento de un árbitro que castigó absolutamente todos los contactos como si en vez de fútbol estuviera pitando gimnasia rítmica.

Si sus compañeros hubieran tenido la mitad del criterio de Iturraspe para sacar el balón jugado, el Athletic hubiera destrozado a la contra a un rival que solo sabía jugar la pelota cuando estaba quieta. Iturraspe fue creciendo sobre la mediocridad general hasta convertirse en un faro para propios y ajenos. Defendía, robaba, conducía, ordenaba, pasaba, todo lo hacía con acierto y diligencia; se bastaba y sobraba para organizar a los amigos y confundir a los enemigos. A su espalda, Gurpegui disfrutaba de un partido a su medida, de espacios pequeños, de roce y pelea, acompañado por un Laporte crecido el día de su estreno goleador. Herrerín ni se manchó los guantes.

Mejor no pensar en cómo hubiera ido el partido si los rojiblancos hubieran sido capaces de dar tres pases seguidos y de entender el criterio del árbitro para evitar faltas innecesarias en el centro del campo y en los costados, la única vía que encontraba el Getafe para poner el balón en el área y que el Athletic se empeñó en abrirle hasta el último minuto de un partido angustioso, no por la amenaza del rival, que no la hubo, sino por la maldición que pesaba sobre el campo madrileño, y ya se sabe que el fútbol es muy de maldiciones y de gafes.

Mejor quedarnos, de momento, con el resultado, con esa portería a cero por segundo partido consecutivo, con la segunda victoria fuera de casa, con los diecinueve puntos cuando la hoja de octubre todavía luce en el calendario. Para hablar de fútbol, de crecimiento del equipo y de todas esas cosas, habrá que esperar tiempos mejores, pero tampoco es cosa de quejarnos de vicio.

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2 Comentarios

  1. Aupa Juancar, me ha gustado tu post. Quiero añadir dos pensamientos profundos. Herrerín, sí,con rentintín, e Iraola hacen casi todo mal. Los controles, las decisiones de pases, las anticipaciones… Creo.
    El trabajo colectivo me gustó. Ví a los jugadores puestos, excepto a Ander Herrera, con todas las letras, que me parece que juega sólo, a su bola. No lo veo.
    Aupa Athletic

  2. Estoy de acuerdo con el artículo.

    Hemos mejorado mucho en la destrucción del juego del rival, la desarticulación de sus sistemas, el corte, el robo de balón, incluso el despeje. Sobre todo esta mejoría se ha visto en los últimos encuentros.

    Pero todo esto está siendo a costa del juego ofensivo, de la presencia en el área rival, de la combinación, de la posesión del balón, del remate.

    Y lo malo es que me sigo resistiendo a asumir que es necesario renunciar a jugar bien, como a mí me gusta al menos, para poder dejar de ser un desmadre en defensa. Por eso no termino de disfrutar con los puntos que llevamos.

    Es muy significativo que esté destacando Rico, un portento defensivamente pero en ataque… Y que Iturraspe esté imperial en la contención, que Gurpegi esté fabuloso y que se salga hasta el portero, caramba. Pero, ¿y la delantera?

    Por favor, absténganse de utilizar en sus comentarios la metáfora de la manta, que hemos tenido bastante ración de tópicos por esta vez, jejejeje.

    Mi esperanza para el jueves es que ganemos jugando bien, mandando y sintiendo que podemos hacerlo.