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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Pudo ser mucho peor



Un error de Aurtenetxe propició el gol que da ventaja al Espanyol. Foto AC

Un error de Aurtenetxe propició el gol que da ventaja al Espanyol. Foto AC

Triste consuelo el que le queda al Athletic después del primer asalto de la semifinal. Pudo ser mucho peor si el Espanyol está un poco más afortunado en el remate. Por dos veces la madera salvó al Athletic del desastre más absoluto en la segunda parte. Así que habrá que convenir en que lo mejor de los primeros noventa minutos de la eliminatoria fue el resultado, y aferrarse a ese tópico del fútbol que dice que el que perdona acaba pagando. Los pericos perdonaron en San Mamés; veremos qué consecuencias tiene dentro de tres semanas, porque ese es un plazo lo suficientemente largo como para que cambien algunas cosas en los dos equipos. Más le vale al Athletic porque, a día de hoy, el equipo catalán es un grupo enrachado y en claro crecimiento, nada que ver con aquel conjunto triste y anodino que perdió el partido de Liga en San Mamés, y el Athletic sigue siendo un cóctel de nada con sifón, como lo viene siendo casi toda la temporada.

Nadie estuvo a la altura de una semifinal de Copa anoche en San Mamés. Ni la grada, con muchas calvas en las localidades de socios y desierta en la zona de venta al público, ni el equipo, al que las ideas y la gasolina le duraron un ratito, ni el banquillo, que durante largos minutos de la segunda parte, pareció no saber qué hacer para resolver los problemas que se le acumulaban.

No empezó mal la cosa para el Athletic gracias, sobre todo, a que el Espanyol entró en el partido adoptando precauciones más acordes con la leyenda de su rival que con su triste realidad actual. Cuando Aduriz abrió el marcador culminando un excelente contraataque el cielo pareció abrirse para los rojiblancos. Lo más difícil, abrir la lata, estaba hecho a los diez minutos; se trataba de gestionar con inteligencia el partido y el marcador.

No pareció que el gol cambiara mucho la idea original del Espanyol. Poco a poco los blanquiazules se fueron estirando, más porque el Athletic cedía terreno a la espera de encontrar un hueco, que por su propia iniciativa. De hecho se había superado la media hora de juego y Herrerín permanecía inédito cuando llegó el error garrafal de un Aurtenetxe, que ya estaba sufriendo serios problemas con Lucas Vázquez desde el primer minuto y que, saltaba a la vista, estaba hecho un flan.

El fallo de Aurtenetxe fue impropio de un defensa con un mínimo de oficio, pero sería injusto cargar las culpas en un futbolista que este año ha jugado exactamente una hora en la Liga, un ratito contra el Córdoba allá por el mes de diciembre, y otro rato el pasado domingo contra el Barcelona. A la escuálida estadística hay que sumarle los noventa minutos que jugó en la Copa en Alcoi. Hablamos de un jugador al que el mes pasado le indicaron dónde está la puerta de salida y que, de pronto, se encontró en la tesitura de ser titular nada menos que en una semifinal de Copa. Se dirá que a Etxeita le ocurrió algo parecido el año pasado, y que el central respondió bien desde el primer minuto, pero ni un caso ni el otro pueden tomarse precisamente como modelo de buena gestión de la plantilla.

El gol en contra destrozó el ánimo del Athletic, incapaz, otra vez, de sobreponerse a la adversidad. De pronto por la cabeza de los rojiblancos debieron pasar todos los malos pensamientos que solo se acumulan en estados depresivos. El valor del gol en campo contrario es enorme en la Copa y los rojiblancos se vieron poco menos que eliminados cuando Víctor Sánchez correspondió al regalo de Aurtenetxe con un voleón de los que solo se ven en los entrenamientos.

El Athletic regresó del vestuario con las luces apagadas, todo lo contrario que su rival, que fue creciendo a medida que pasaban los minutos y testaba una por una las debilidades de los rojiblancos. El partido se convirtió en un atasco porque los de Valverde no tienen ni media idea que llevarse a las botas. Al Espanyol le bastaba esperar acumulando gente en dos líneas muy juntas y ordenadas para dejar seco al Athletic. Se hizo muy largo el segundo tiempo viendo como los pericos ganaban en todos los terrenos a los leones. Ganaban en anticipación, en velocidad, en todos los choques… porque ponían más intensidad y más atención, porque se veían ganadores a sí mismos, mientras que los de enfrente deambulaban con la cabeza gacha. Es cierto que el árbitro estuvo permisivo y que alguna tarjeta a tiempo hubiera dulcificado la intensidad con la que se emplearon algunos jugadores del Espanyol, pero eso no debe servir de excusa a los rojiblancos para salir perdedores en absolutamente todas las disputas.

Valverde se decidió por fin por un doble cambio cuando faltaban veintidós minutos de partido. Demasiado tarde y después de demasiadas dudas. Que Muniain tardara un rato en darse por enterado de que era uno de los sustituidos, a pesar de que el cartel con su número estaba bien visible, da una idea de lo que estaba pasando sobre el césped. En realidad Muniain no se enteró de casi nada toda la noche, lo mismo que Susaeta, y es que el Athletic volvió a condenarse a jugar sin bandas, intentando paredes imposibles siempre por dentro, allí donde apenas hay espacio para respirar. Beñat no fue el del día del Málaga, y su sociedad con San José no funcionó, ni de lejos, con tanta productividad como en aquel partido. Los dos acabaron cercados y ahogados en la trama tejida por el Espanyol, por su propia lentitud, y por la nula movilidad de los delanteros. Aduriz, siempre Aduriz, bajaba balones del cielo, conducía, chocaba, y trataba de activar a un equipo al que las pilas se le habían acabado muchos minutos antes.

El magnífico Sergio García y Víctor Sánchez se encontraron con la madera, Stuani remató desviado un balón franco al borde del área y Etxeita le robó a Caicedo un gol cantado con Herrerín superado. El Athletic acabó pidiendo la hora, consciente de que el empate era el mejor resultado al que podía aspirar en sus circunstancias. Más vale pensar que la eliminatoria sigue viva y que, posiblemente, el segundo partido será otra cosa, aunque ahora mismo no haya una sola razón objetiva para sustentar esa idea. Pero hablamos de fútbol y siempre nos quedará Boskov.

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2 Comentarios

  1. Difícilmente se puede ganar a nadie, y menos una semifinal de Copa, jugando con cinco menos.
    No hay juego, las imprecisiones en el pase nos condenaron a no tener la iniciativa, a no hacer casi nada destacable en ataque en todo el partido. Atrás nos comieron la tostada por todos los lados, faltó, contundencia, velocidad, anticipación, etc.
    Quedan tres semanas para recuperar a gente y/o para dar minutos a chavales que apenas han jugado. En resumen para preparar la vuelta.
    Estamos vivos, nos perdonaron, y eso hay que cobrarlo en la vuelta.
    No tengo ninguna duda de que podemos ganar en Barcelona. No hace falta hacer el partido del siglo. Cinco cosas bien. Hay que tirar para arriba y levantarse. Que saben y pueden.
    AUPA ATHLETIC!!!

  2. Otro asunto, muy bien Iñigo Cabacas Herri Harmaila rechazando rápida y contundentemente la agresión que sufrió el autobus del Español.

    Aupa zuek! Iñigo Cabacas Justizia!!!
    AUPA ATHLETIC!!!